Los hogares de A Coruña que sufren ruido caen a la mitad en quince años: "Es un problema que parece invisible, pero te come la vida"
El porcentaje de familias que sufre el problema baja desde el 37% a menos del 15%
Una vecina que convivió con el barullo del pub Grietax, ya cerrado, señala que su familia tuvo que cambiar las ventanas y recurrir a medicación y tapones para poder dormir

Calle Sol, en el Orzán. / Carlos Pardellas
Casi el 15% de las familias de A Coruña siguen sufriendo problemas de ruido en su vivienda, pero, de acuerdo con las estadísticas de la Xunta, el número tiende a caer. La Enquisa Estrutural a Fogares de 2010 señaló que cerca de 36.100 unidades familiares coruñesas padecían sonidos inconvenientes, ya producidos por los vecinos, ya causados por factores como los negocios de la calle o el tráfico. Eran el 37% del total de hogares, pero el porcentaje, según este estudio quinquenal, no han parado de disminuir.
Entre aquel año y 2025, la fecha del último estudio, el número ha bajado a 16.175, una caída del 56% pese a que el número de hogares, según la Xunta, ha aumentado ligeramente. Detrás de las cifras está una mejora sustancial de la calidad de vida de muchas familias, como cuenta una vecina que durante años convivió con el barullo del pub Grietax, ubicado en el cruce de las calle Sol y Socorro y actualmente cerrado, precisamente, por ruido. Tuvo que recurrir a medicación y tapones para dormir: "Es un tema que parece algo invisible pero te come la vida".
Siempre según las estadísticas autonómicas, los ruidos que más afectan a los hogares coruñeses son los procedentes del exterior. En 2010, padecían este problema más de una cuarta parte de los hogares coruñeses, unos 26.550, pero la cifra ha bajado a los 12.500, el 11,5%. Los sonidos molestos producidos por vecinos afectaban en 2010 a un total de 19.876 hogares, algo menos de una quinta parte, pero la cifra se ha reducido ahora a 8.121, el 7,45%.
"Vas a trabajar tres días seguidos sin haber dormido"
La vecina que compartió edificio con el pub Grietax prefiere dar su testimonio bajo el nombre supuesto de María, y explica que convivir con el ruido del local se convirtió en una tortura durante años. "La construcción es antigua, y el pub no estaba bien insonorizado: se oían retumbar las paredes, y un piso más abajo, hasta la canción", recuerda. El pub "estaba sin medida ni control", superando los niveles de ruido, por lo que fue multado. A los responsables del local, defiende María, "les daba exactamente igual" el problema que causaban, y les acusa de poner toallas en los sonómetros. Cuando los vecinos llamaban a la Policía, "venía una vez, y cinco no", y finalmente "acabamos en reclamaciones judiciales".
Y cuando cerraba, "a las cuatro de la mañana", los clientes salían a la calle y ahí se quedaban "horas y horas", prolongando las molestias. Tras la pandemia, con aforos limitados, se puso "más de mora estar fuera", y los móviles con altavoz prolongan el suplicio. "Ahora te ponen música en la ventana de tu casa un martes, un lunes, esto no está limitado a San Juan o a Halloween", protesta la vecina.
Convivir con el pub, recuerda, no fue fácil en su casa, con dos hijas pequeñas. "Cambiamos las ventanas, obligados", para aumentar el aislamiento acústico, y aún así el ruido afectó a su salud. "Vas a trabajar tres días seguidos sin haber dormido; en pandemia descubres lo que es dormir, y luego vuelve a la brutalidad", señala, y el barullo obligaba a tomar medicación o dormir con tapones. Tras el cierre, en calidad de vida, no hay "ni punto de comparación, ahora duermes, antes igual tenías invitados y al día siguiente se iban a un hotel: nos planteamos marcharnos". La vecina critica que haya una "política de hostelería como hace 30 años, totalmente contraria a las ciudades europeas".
"Hemos cerrado prácticamente todos los pubs, pero quedan las cafeterías"
La asociación de vecinos Ensenada del Orzán lleva años peleando con el ruido del ocio nocturno en el barrio, y su presidente, José Luis Méndez, señala que la presión sobre los pubs, los que tenían un horario más extendido, ha llevado a que "hemos cerrado prácticamente todos" los del barrio. En una zona en la que había 34 locales han bajado a dos, calcula, pero afirma que se han visto reemplazados por cafeterías, que abren hasta las dos y media de la madrugada. "Son sitios relativamente pequeños, bastante más de lo que era un pub, y su negocio está dirigido a que su cliente esté de pie en la calle", señala.
Así que, incluso aunque "ya no está de moda estar en la calle hasta las cinco de la madrugada", sigue habiendo problemas en las zonas de Torreiro, Cormelana, José Sellier y Perillana. "A las dos de la madrugada de un sábado igual puede haber 1.500 personas, entre gente de pie y sentada", afirma, lo que se suma a que el barrio está en la zona Pepri, que "no te permite cambiar las ventanas" e insonorizar. Los vecinos, denuncia, tienen que cambiar el dormitorio a una habitación interior, y se excede el límite de ruido, con hasta 90 decibelios por la noche frente a los 50 o 55 del día. "Es una inversión, un mundo patas arriba, el Ayuntamiento no hace nada", afirma Méndez, que pide recortar el tiempo que están abiertos los locales pues "no es un juego, es un problema de salud".
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