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Sanidad

Venancio Chantada, jefe de Urología del Chuac de A Coruña, ante su inminente jubilación: "Si hubiese un segundo robot, nuestra especialidad podría sacarle el máximo rendimiento"

"Me voy con la satisfacción de que ningún paciente urológico tiene que buscar en otro centro algo que no podamos darle en el Chuac: cubrimos toda la cartera de servicios", resalta el especialista, que esta semana se ha despedido de los quirófanos de As Xubias, aunque su adiós "oficial" será el 25 de julio y continuará ejerciendo en la sanidad privada

El doctor Venancio Chantada Abal, en el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac).

El doctor Venancio Chantada Abal, en el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac). / Carlos Pardellas

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A Coruña

El doctor Venancio Chantada Abal (Cambados, 1956), jefe del Servicio de Urología del área sanitaria de A Coruña y Cee, se ha despedido, esta semana, de los quirófanos del Hospital Universitario (Chuac), tras más de 44 años de actividad profesional en ese centro. "Empecé en marzo del 1982. Llevo toda la vida en este hospital, y pasé por todos los puestos: en 1995 me nombraron responsable de sección y, desde 2009, soy jefe de servicio", detalla, ante su inminente jubilación de la sanidad pública --continuará ejerciendo en la privada--, que "será oficial" el próximo 25 de julio, día de su 70 cumpleaños. Una marcha que enfrenta "con pena", pero también con "la satisfacción" de haber visto "crecer" el Servicio de Urología del Chuac, referente estatal para varios procedimientos quirúrgicos. "Ningún paciente urológico de nuestra área sanitaria se tiene que ir a otro hospital a buscar algo que no podamos darle aquí porque cubrimos toda la cartera de servicios", reivindica.

-¿Cómo afronta su marcha del Chuac?

-Por un lado siento pena, porque dejo una labor que me gusta mucho y que siempre me ilusionó. Además, tuve la suerte de que me rodeé de gente muy buena, que me hizo el trabajo fácil y que, además, con un mínimo de apoyo, desarrollaron cada uno su área personal. Así el Servicio de Urología del Chuac, como muchos en España, tiene unidades muy específicas (de Trasplante, Andrología, Urología funcional, Litiasis, Cáncer urológico avanzado, etc.) que están lideradas por compañeros, y eso hace el trabajo mucho más fácil.

-Han cambiado mucho las cosas desde que usted llegó al hospital.

-Sin duda. Cuando yo llegué, en 1982, en Urología había cuatro adjuntos, un jefe de sección y el jefe de servicio. Éramos seis urólogos en plantilla, a los que se unía un residente por año (cinco en total). En la actualidad, hay 21 adjuntos, un jefe de sección, el jefe de servicio y diez residentes, con lo cual esto se multiplicó por tres o por cuatro. El servicio creció, toda la medicina lo hizo y la Urología, además, es una de las especialidades que más se desarrolló a nivel tecnológico. Antes de los años 90, por ejemplo, a la mayoría de los pacientes que venían con cálculos les teníamos que hacer cirugía abierta. Había alguno con la predisposición a formar más de una piedra en distintos momentos de su vida, y tenían varias incisiones en el cuerpo: una en la espalda para el riñón, una en el abdomen para la vejiga… Ahora, esos pacientes no se tratan por cirugía abierta, sino que se hace con una máquina, la llamada litotricia, que emite ondas desde fuera que rompen el cálculo y el paciente lo elimina en forma de arenillas, o como mucho, con un abordaje a través de la uretra o por un orificio de un centímetro en la espalda: pulverizamos dentro del cuerpo el cálculo y el paciente lo elimina en ese momento, o posteriormente, de la misma manera.

El doctor Venancio Chantada maneja los mandos de la consola del robot Da Vinci.

El doctor Venancio Chantada Abal maneja los mandos de la consola del robot Da Vinci, en el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac).. / LOC

-¿Qué le llevó, en su momento, a decantarse por la Urología?

-Todo fue una casualidad porque, en principio, quería ser cirujano. Al terminar la carrera de Medicina en la Universidade de Santiago, hice el rotatorio y, tras finalizarlo y aprobar el examen MIR, la condición para entrar en este hospital era tener el servicio militar. Entonces, tenía un buen amigo que era residente de Urología en el Hospital de Montecelo, en Pontevedra, y él habló con su jefe de servicio, el doctor Manuel García Sánchez, un gran urólogo de aquella época, quien me ofreció rotar con ellos durante los cuatro meses que tenía que esperar antes de incorporarme al servicio militar. Allí vi cirugías muy exitosas e impactantes, y descubrí que la Urología es una especialidad apasionante. Y todo fue por casualidad. Quería ser cirujano y acabé siendo urólogo por aquella experiencia en Montecelo.

-Si tuviese que destacar dos o tres hitos de su especialidad en estas más de cuatro décadas de desempeño profesional, ¿con cuáles se quedaría?

-El primer hito fue la endourología, que es dejar de hacer cirugía abierta de la litiasis [comúnmente conocida como piedras o cálculos] y de algún otro problema determinado de la vía urinaria (tumores pequeños, etc.) y abordarlo por la vía natural, la uretra. Esto evitó muchísimas cirugías abiertas. De hecho, fue el motivo de mi tesis doctoral, que leí en 1991, y donde hablaba sobre la endourología en la estenosis y fístulas del uréter, algo que, en aquel momento se empezaba a desarrollar. Otro avance fundamental ha sido el abordar todas las patologías urológicas (y no solamente los cálculos, tumores, etc.), mediante laparoscopia, es decir, sin realizar grandes incisiones. Yo me convencí de que era el futuro cuando hice el primer caso, ayudado por un miembro de mi servicio que tenía más experiencia en esa técnica: le extraje un riñón a una señora mayor por tres pequeñas incisiones de un centímetro y otra un poquito mayor y, al día siguiente, estaba de pie, esperándome en la habitación. Ahí me di cuenta de que la cirugía había cambiado radicalmente. Y ya después, más adelante, la laparoscopia favorecida con el robot ha sido un paso todavía mayor.

"Con la robótica todo cambió muchísimo, y para bien: el cirujano opera con mucha seguridad, con un campo de visión mucho más amplio, tridimensional y, aun por encima, los pacientes se van para casa sin dolor y con una recuperación social y laboral inmediata, ya que a los 15 días están completamente operativos y pudiendo trabajar"

-¿Alguno más?

-Otro hito reseñable es la mejora en el abordaje de la hiperplasia benigna de próstata [crecimiento no canceroso de la glándula prostática], tan frecuente en la mitad de los hombres. Yo viví la época en que la cirugía era abierta: al paciente se le realizaba una incisión media, del ombligo para abajo, se abría la vejiga y se quitaba la próstata. Eran operaciones muy resolutivas, porque muchos pacientes no podían orinar, estaban con sonda, tenían piedras en la vejiga… Pero muy agresivas a la vez, de modo que muchos de ellos sangraban durante la cirugía o en el posoperatorio, requerían transfusiones… No se morían, lógicamente, pero el posoperatorio, en muchas ocasiones, era complejo. Con el abordaje mediante laparoscopia, y después con los láseres, el panorama cambió también de manera radical. Cuando yo empecé en el Chuac, los pacientes intervenidos de la próstata estaban una semana ingresados, con sondas, sangrando... Y ahora se van al día siguiente para sus casas sin sonda. Y lo mismo sucede con los que operamos con el robot mediante laparoscopia. Todo cambió muchísimo, y para bien: el cirujano opera con mucha seguridad, con un campo de visión mucho más amplio, tridimensional y, aun por encima, los pacientes se van para casa sin dolor y con una recuperación social y laboral inmediata, ya que a los 15 días están completamente operativos y pudiendo trabajar.

-¿Se va con alguna espinita clavada?

-Una espina que me queda es que me hubiese gustado ver casi terminado, muy avanzado, el nuevo Chuac. Por otro lado, yo creo que la cirugía robótica es imparable. De hecho, en el 35º Congreso de la Sociedad Gallega de Urología, que celebramos el último fin de semana de mayo en nuestro hospital, más del 80% de las comunicaciones y vídeos fueron sobre cirugía robótica. La sanidad gallega ha incorporado el robot como un instrumento necesario, y muchas veces imprescindible, para que la cirugía urológica sea exitosa, por eso otra espina que tengo es no haber conseguido un segundo robot casi con plena dedicación para Urología.

"Tenemos dos unidades CSUR, de trasplante renal cruzado y de cirugía del cáncer renal con trombo en cava. Esto significa que podemos recibir a pacientes de cualquier punto del territorio nacional, lo cual va a favor de que somos un servicio con mucha experiencia y con calidad asistencial"

-¿Cuántos servicios hospitalarios operan con el robot Da Vinci, en la actualidad, en el Chuac?

-Ahora lo compartimos seis especialidades, pero el Servicio de Urología tiene suficientes pacientes oncológicos, por desgracia, como para hacer uso del robot todos los días, en horario de mañana y tarde. Por tanto, si hubiese un segundo dispositivo, podríamos utilizarlo al cien por cien en nuestra especialidad. Todos tienen derecho a operar con Da Vinci, obviamente, pero eso hace que los pacientes urológicos tengan menos acceso al robot. Con lo cual mis dos espinas son esas: el no haber conseguido un segundo robot (que espero que sea algo inmediato), y el no haber podido ver más avanzadas las obras del nuevo Chuac. Algo que ya no haré como empleado, pero que sí espero ver como usuario de este hospital. En cambio, me voy muy satisfecho porque el Servicio de Urología creció, y ningún paciente del área sanitaria de A Coruña y Cee se tiene que ir a otro hospital a buscar algo que no podamos darle en el Chuac porque cubrimos toda la cartera de servicios, e incluso tenemos dos unidades CSUR, es decir, de referencia para toda España, de trasplante renal cruzado y de cirugía del cáncer renal con trombo en cava, aparte de otras que compartimos con Nefrología, etc. Esto significa que podemos recibir a pacientes de cualquier punto del territorio nacional que precisen alguna de esas intervenciones, lo cual va a favor de que somos un servicio con mucha experiencia y con calidad asistencial.

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