Tradición e identidad a golpe de pello: la popular chave revive en A Coruña
A Coruña cuenta con varios clubes de chave, que compiten en la Federación Galega de Deporte Autóctono en equipos donde se empieza a ver el relevo generacional
Un movimiento circular con el brazo, segundos de expectación y, con suerte, un potente ruido férreo. La chave es un deporte jugado en Galicia durante generaciones, con unas reglas claras: el jugador se coloca a 14 metros de distancia de una pieza metálica, la chave, que debe tirar lanzando unos discos del mismo material, los pellos. Cada vez que la chave se derribe con un tiro directo, el lanzador sumará un punto. "Es un juego tradicional gallego que, junto con la billarda, es el único deporte autóctono dentro de la Federación", explica el secretario de la Federación Galega de Deporte Autóctono y presidente del club de chave San Cristóbal, David Castelo.
A pesar de que existen varias creencias sobre los inicios de la actividad, "en teoría se jugaba con raíles de tren", según Castelo, para irse desarrollando hasta las bases actuales, que varían según la zona en que se juegue. "Temos a modalidade de Ferrolterra, que é unha ferradura á que hai que darlle a volta; a da Coruña, que abarca tamén a área metropolitana; a de Santiago e Noia, que é parecida á da Coruña; a do Grove, a do Morrazo e a de Ourense", especifica Antón Lezcano, jugador del equipo de Os Mariñeiros.
En la zona de A Coruña, "son seis xogadores máis, máximo, tres suplentes, e o xogador que se cambia non pode volver entrar, co cal pódense facer tres cambios durante o partido", aclara Lezcano. "Son 12 tiradas, e en cada unha tiras catro pellos; é dicir, catro pezas de ferro dende 14 metros, en total tes 48 tiradas", añade. Dentro de la Federación conviven tres divisiones. "A nivel de A Coruña, en la primera división habría cuatro equipos, en la segunda otros cuatro, y en la tercera uno", confirma Castelo.
Identidad coruñesa
Las canchas de chave ya forman parte de la idiosincrasia coruñesa. En gran parte de las barriadas de la ciudad, ese ruido metálico se camufla —y enriquece— en los sonidos rutinarios de la vida diaria. "Estamos moi afeitos e afeitas todos a pasar preto dun campo de chave, e escoitar un clong, clong. Digamos que é un son moi propio que temos na Coruña", declara Lezcano.
Más allá del aspecto meramente competitivo —en la liga coruñesa compiten todos los sábados a las 17.00 horas—, la chave es, para muchos, una oportunidad de juntarse, de compartir y de desconectar. "Representa tradición, valores, juntanza con amigos, buen rollo", simplifica un compañero de equipo de Lezcano, Óscar Cao. "Lo más importante para jugar está aquí", dice Cao señalando a la cabeza. La coreografía que mantiene antes de tirar es, precisamente, lo que le ayuda a mantener la mente fría. "Yo creo que todo el mundo tiene algún ritual. Yo elijo los pellos, tengo que ir en orden con cada uno, les tengo que dar unas vueltas en la mano, tengo que mirar la marca que tengo en el suelo para tirar", confiesa.
Castelo vive el deporte como una vía para "desvincularse de la vida diaria". "Antes se socializaba mucho más en el barrio y los bares, y ahora cambia la perspectiva a asociaciones vecinales. A nosotros nos vino mucha gente que ya no estaba para practicar deportes más físicos, y vienen aquí para seguir socializando con los amigos", indica.
'De vellos', de jóvenes y de mujeres
Este deporte autóctono arrastra, sin embargo, un estereotipo: ser un deporte "de vellos". "Hace 20 o 30 años estaba vinculado a las partes de atrás de los bares, que era donde estaba la cancha de juego, pero desde que se formalizó como deporte, sobre los años 2000, las instituciones crearon muchas canchas municipales y empezó a venir gente joven. Este año tenemos una media de edad de 57 años en toda la Federación, hay gente de 80 y hay gente de 20", refiere Castelo.
Independientemente del género o edad, lo que se necesita para jugar a la chave es "compromiso" y "mucha gana". "Porque juegas todos los sábados a las 17.00 horas, e igual te tienes que ir un día a Carballo, otro a Carral... Lo segundo, mucha gana, porque la chave es un vicio, es una especie de droga", refiere Lezcano.
El jugador afirma que "está habiendo relevo generacional". "Evidentemente, hay mucha gente mayor, pero hay tipos ahora mismo que no llegan ni a 40 años. Pero sí que es cierto que nos gustaría que ese relevo fuera más fuerte", confiesa Lezcano. "Ahora se está empezando a valorar la chave, y hay mucha gente joven tirando. No es como antes, que era un deporte de gente mayor, entre comillas. Y empiezan a tirar mujeres, también", secunda Cao, quien aporta su granito de arena para que este relevo se produzca.
A su lado juega Leo, su hijo. "Llevo tirando un año, y vengo a entrenar de vez en cuando", dice el joven, de 13 años, que disfruta de compartir esta actividad con su padre. "Nos interesa que venga gente joven como este chavalín", señala el presidente del club de Os Mariñeiros, José Manuel Fungueiriño, quien colabora con el colegio Raquel Camacho y con el Centro Ágora, para que "un par de veces al año vengan equipos de los colegios a hacer una prueba pequeña". "Que vengan a aprender, que para eso estamos, para enseñarles. Y lo pasan pipa", invita Fungueiriño.
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