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Cerca de 150 mayores toman el paseo marítimo de A Coruña para reivindicar respeto: "No nos dejamos pisar por nadie"

La marcha, organizada por Cruz Roja en A Coruña, reivindica el buen trato y el respeto hacia las personas mayores frente al edadismo.

Los mayores de A Coruña toman el paseo marítimo para reivindicar respeto

Inés Vicente Garrido

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A Coruña

Vestidos con camisetas rojas y caminando junto al mar a un paso ligero, cerca de 150 personas mayores recorrieron este lunes el paseo marítimo de A Coruña para lanzar un mensaje claro: "Hacerse mayor no significa volverse invisible". La marcha, organizada por Cruz Roja con motivo del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez y con la colaboración de Fundación San Rafael, convirtió el trayecto entre la Fuente de los Surfistas y la Coraza de Riazor en una reivindicación del buen trato hacia las personas mayores.

Lejos de los estereotipos que asocian la vejez con la dependencia o la pasividad, los participantes se mostraron activos, seguros y con ganas de hacerse escuchar. Muchos reconocen que la edad trae limitaciones físicas, pero también tienen claro que no están dispuestos a dejar que nadie decida por ellos. "De momento no me dejo pisar por nadie, de momento", responde entre risas Tere Barreiro respeto si ha sufrido algún tipo de maltrato o discriminación por la edad. A su lado, Mar asiente con firmeza. "Yo tampoco me dejo", añade. Las dos reconocen que existen situaciones complicadas y que no todas las personas mayores reciben el trato que merecen, pero prefieren poner el foco en la importancia de mantenerse activas y reclamar su espacio cuando es necesario.

Ese espíritu aparece una y otra vez entre los asistentes. Lola y Luisa aseguran que no se sienten discriminadas y que llevan bien el paso de los años. "La edad afecta a todo el mundo. Hay que ir llevándola poco a poco como puedes", explica una de ellas. Ambas participan en actividades organizadas para mayores y destacan que mantenerse ocupados ayuda a afrontar esta etapa con optimismo.

Los gestos que molestan

Sin embargo, las pequeñas situaciones cotidianas sí dejan entrever algunas formas de edadismo que muchas veces pasan desapercibidas. El autobús es uno de los escenarios que más se repite en las conversaciones. No hablan de grandes conflictos, sino de gestos que reflejan una falta de atención hacia quienes tienen más edad. "A veces subes con bastón y nadie se da cuenta", comenta Lola. Pero lejos de resignarse, tiene una solución sencilla: "Si lo necesito, lo pido. Les digo: '¿Podrías dejarme el sitio?'". Otras recuerdan que algunos viajeros ocupan los asientos reservados sin prestar atención a la señalización. "Hay un letrero, pero parece que algunos no lo leen", bromean sobre un problema serio que les afecta diariamente.

Junto a ellas camina Esther, que considera fundamental dedicar un día a recordar el valor de las personas mayores. "Hay que tratarlas bien porque antes fueron quienes nos enseñaron a nosotros", resume. En su opinión, una de las situaciones más frecuentes ocurre cuando una persona mayor acude acompañada por un familiar a una consulta médica o a realizar una gestión. En ocasiones, las explicaciones se dirigen directamente al hijo o al acompañante, aunque quien debe tomar las decisiones sea la persona mayor.

Ese tipo de comportamientos son precisamente algunas de las manifestaciones más habituales del edadismo: asumir que una persona ya no puede decidir por sí misma, que entiende menos o que tiene menos capacidad para participar activamente en la sociedad solo por su edad.

Los participantes rechazan esa imagen. Esther, por ejemplo, asegura que sigue muy implicada en actividades y talleres. "No puedo estar parada y me gusta hacer cosas y no sentir que no puedo hacer nada", afirma. Una frase que resume el sentimiento compartido por muchos de los asistentes a la marcha.

Porque si algo quedó claro durante la caminata es que los mayores no quieren compasión, sino respeto. Quieren que se les escuche, que se cuente con ellos y que no se les aparte de la vida social por haber cumplido años. "Yo no me siento mayor. Puede que lo sea, pero no me siento vieja", dice una de las participantes antes de continuar el recorrido junto al resto del grupo.

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