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Incertidumbre en los comercios afectados por el edificio en ruinas de la calle San Nicolás de A Coruña. "La gente se asusta y no pasa por aquí"

Los propietarios de negocios en esa vía del centro de la ciudad denuncian el desplome de las ventas en sus negocios y el Concello prevé que los cerrados puedan reabrir entre este martes o miércoles

Paula San Emeterio, de la óptica Miroparamin, ante la valla de las obras en el edificio en ruinas de San Nicolás.

Paula San Emeterio, de la óptica Miroparamin, ante la valla de las obras en el edificio en ruinas de San Nicolás. / CARLOS PARDELLAS / LCO

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A Coruña

"Estoy cerrado desde el 29 de mayo a las seis de la tarde y, mientras estén las obras ahí, es imposible trabajar para mí", dice Javier Fernández, propietario de la colchonería Suitte Descanso, de la calle San Nicolás de A Coruña, el más perjudicado de los comerciantes de esta vía del centro de la ciudad por el desplome de parte del edificio número 34 que ha obligado a demolerlo de forma urgente.

Fuentes municipales informan a este periódico que tan solo dos establecimientos han recibido la orden de cierre mientras duren las obras de derribo y que esta podría levantarse entre este martes y miércoles, en función del avance de los trabajos. Pero el propietario del despacho de loterías San Nicolás, Iván González, asegura que "este viernes pasado los obreros se fueron y no volvieron, y ya estamos a martes".

Javier Fernández recibió el 1 de junio la notificación del Concello que le ordena el cierre por motivos de seguridad, ya que su tienda es colindante con el inmueble que debe derribarse. "Pero luego me dieron una orden de apertura porque querían que la gente que habían desalojado ocupara sus viviendas después de que quitaran el amianto", explica Fernández, quien posteriormente recibió una nueva orden de cierre.

San Nicolas demolición edificio en estado ruinoso

Iván González, del despacho de loterías San Nicolás, ante la valla de las obras del edificio en ruinas. / CARLOS PARDELLAS / LCO

Personal de la empresa encargada de la demolición le informó de que podrían terminarla "en dos semanitas o así". En su caso considera imposible tener abierto el negocio mientras se desarrollen los trabajos "porque tienen que meter y sacar camiones y contenedores", a lo que añade la existencia de vallas en la calzada que solo dejan "un pequeño paso para los peatones, pero cada vez que metan un camión, la calle se tiene que cortar".

"Desde el primer día me vi arropado por el Ayuntamiento", señala este comerciante sobre la gestión del problema por parte de los responsables municipales, en especial de los del departamento de Ruinas, que le informaron sobre todas las notificaciones que se enviaron al propietario del edificio que debe demolerse y cuyo trato califica de "fantástico".

Compensación

"Por el momento no sabemos nada", indica sobre una posible compensación por el cierre del establecimiento, aunque considera que "no va a haber ningún problema porque los administradores del edificio estuvieron en el Ayuntamiento desde el primer momento y se han mostrado super colaboradores".

Sobre la cuantía de la indemnización piensa que "no se va a poder mirar absolutamente nada hasta la apertura oficial y podamos trabajar, ya que es cuando tienes que hacer números de lo que has dejado de facturar". Las consecuencias de esta situación son preocupantes para este empresario, que destaca: "Estoy sin trabajo en este momento, no tengo ingresos. Absolutamente cero. Lo que tengo son gastos, un alquiler, seguros sociales, la luz, el agua... todo menos la posibilidad de vender".

"Después de 42 años trabajando continuamente, es increíble que haya tenido que parar por esto porque no lo he hecho ni un solo día en mi vida", se lamenta.

"Para nosotros es la época más importante, porque de mayo a septiembre son las ventas de verano", comenta Paula San Emeterio, propietaria de la óptica Miroparamin, situada casi frente al edificio en ruinas, quien destaca al que estar la calle llena de vallas "la gente se asusta y ya no pasa por aquí". Este local solo estuvo cerrado tres días cerrados y se beneficia de estar en la esquina de San Nicolás con Panaderas y Cordonería, pero hace poco estuvo en reformas que ya le obligaron a cerrar y la comerciante asegura que este nuevo problema le "hunde" el negocio.

Pequeño pasillo

"Han habilitado un pequeño pasillo para que se pase, pero la mayoría de las personas van al mercado de San Agustín es gente mayor que ahora tiene que dar la vuelta y decide comprar en Mercadona", se queja San Emeterio, quien está convencida de que en la plaza de abastos ha tenido que notarse esta situación.

"Nos han dicho nada", apunta sobre si el Concello les ha informado si tiene derecho a una indemnización Tan solo sabe que las obras tienen un plazo máximo de tres meses para su ejecución.

El despacho de lotería San Nicolás, frente a la óptica, no se vio obligado a cerrar ningún día. Iván González explica que "la calle está horrible para pasar, hay un tramo muy pequeñito para pasar y las palomas siguen ensuciándolo todo".

Sobre el impacto en las ventas calcula que es "mucho porque cerrar una calle se nota muchísimo", al tiempo que se compadece de los comerciantes que se han visto obligados a cerrar. "No me puedo imaginar lo que puede ser eso", afirma.

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