Entrevista | Manuel Esteban Escritor
El escritor Manuel Esteban presenta su saga de misterio en A Coruña: "La novela policial funciona derribar principios que uno cree universales"
El autor hablará sobre los dos primeros tomos en castellano de sus historias protagonizadas por Carlos Manso, 'La ira de los mansos' y 'Me llaman Nadie', en la librería Lume a las 20.00 horas

El escritor Manuel Esteban. / Silvia Parada
El escritor Manuel Esteban presenta en la librería Lume, de A Coruña, a las 20.00 horas la traducción al castellano y recopilación de la editorial Planeta de dos de sus novelas en gallego, La ira de los mansos y Me llaman Nadie. El autor consiguió el premio Xerais en 2016 con la primera de estas historias protagonizada por el inspector Carlos Manso, un personaje al margen que se enfrenta a casos con importante carga moral, como los derechos de las personas con discapacidad intelectual o los prejuicios contra este colectivo.
Sirviéndose del título de la novela, ¿cómo es esa ira de los mansos?
La ira de los mansos, aparte de una cita bíblica, es una frase que yo tomé de un discurso de Saramago. Hace referencia a esa gota que rebosa el vaso de una persona comedida o tranquila que un buen día, como en la película Un día de furia, desata una violencia que sobrepasa a la violencia normal del resto de personas. Este es el sentido original. Saramago le daba un sentido un poquito diferente, en el sentido de que cuando los mansos despierten, los poderosos del planeta tendrán que arrodillarse pidiéndole a Dios que los proteja de su ira. Cuando empecé a escribir el libro, para mí el título estaba claro. Lo tenía diáfano. Hay títulos a los que les sobra el libro, igual al mío le pasa algo así.
¿Esa historia se le apareció hasta con título?
Tenía muy claro que quería hablar de esa dignidad robada a las personas con discapacidad intelectual a través de una novela policial, una novela negra. Luego, se dio la casualidad de que un día, saliendo de casa, en la puerta había una furgoneta aparcada que ponía "Textiles Manso". Entonces supe que tenía un nombre para el protagonista, Carlos Manso. Al final, en el título del libro ya no está tan claro si la ira de los mansos es la ira de los de las personas con discapacidad intelectual, de esos mansos, o si es la ira de Carlos Manso, que también puede ser, que es un tipo así muy impulsivo.
¿Qué tipo de vehículo es el thriller para historias con preguntas morales? ¿Qué permite?
La novela negra, dentro del género policial, lo que hace es explorar justamente los márgenes morales del ser humano. Se va a sus rincones, a sus lugares donde nuestros principios morales ya no funcionan. De hecho, hay una conversación en la novela, en La ira de los mansos entre Carlos Manso y Lorena, directora de una asociación para síndrome de Down, en la que debaten sobre Kant y los principios morales kantianos, sobre el imperativo categórico y sobre cómo cuando te mueves a las fronteras de la moral, resulta que esos imperativos ya no funcionan. La novela policial funciona muy bien para derribar principios que uno cree universales, inmutables. Ese territorio donde se tambalean convicciones es a donde yo quería llevar la historia. Una de las intenciones era justamente derribar la regla que usamos para medir cuánto vale una persona.
¿Cómo se mide una vida valiosa y cómo lo traslada?
No sé cómo lo conseguí, si te digo la verdad. Cuando escribí la primera de las dos novelas que están en el volumen en castellano, yo no era un escritor. Estaba escribiendo unos borradores en la mesa de la cocina. Lo que quise fue construir un policía que iba a tener la mirada puesta sobre la discapacidad intelectual. Una mirada que yo quería que se pareciera a la mirada de la sociedad, una mirada condescendiente, paternalista, en el mejor de los casos indiferente, cargada de prejuicios. Mi propia mirada antes de tener un hijo con síndrome de Down. Entonces ese es el punto de partida. El siguiente hito fundacional de la novela es la aparición del cadáver de Violeta, una chica con síndrome de Down, presuntamente asesinada y violada. Es la bofetada en la cara al lector, que pensará en qué rabia, qué tristeza, qué cosas tan desagradables a quien menos lo merece. Confronto al protagonista con esos prejuicios que arrastra y después dibujo una imagen de Violeta, lejos de prejuicios,a con necesidades sexuales, afectivas, emocionales, con una familia compleja.
¿Su experiencia como padre de un niño con síndrome de Down ha dado inspiración?
Decía Mircea Cărtărescu que el escritor nace siempre de una herida. Creo que las heridas, los traumas o las crisis vitales acaban conformando una especie de magma interno que acaba saliendo de cada persona de una manera diferente. En la mía se canalizó a través de ponerme a escribir. Ese fue el motivo inicial de escribir La ira de los mansos, efectivamente, el nacimiento de mi hijo mayor. Después, una vez que ese volcán entra en erupción y yo me doy cuenta de que por ahí es un sitio muy interesante, me gusta, sigo escribiendo con otras preocupaciones en la cabeza, con otras manifestaciones. Sí, el motor original que arranca esta llama es esa necesidad de hablar sobre mi hijo. No pretendo convencer a nadie de nada, ni pretendo explicar. Mis novelas, desde luego, no dan respuestas.
Esa discriminación o prejuicios los muestra a través de las víctimas, ¿no?
Claro, en la segunda novela, que se titula Me llaman Nadie, exploro esa invisibilización. En esta, el tema central de la investigación policial es la el abuso por parte de miembros de la Iglesia Católica, los abusos sexuales a chavales, además con discapacidad intelectual. En ese hilo conductor de la trama, lo que subyace es la idea de la invisibilización y la gente que vive en los márgenes, en la anonimización o de la falta de identidad. Despersonalizamos al migrante que cruza el Mediterráneo, despersonalizamos a la persona con discapacidad intelectual, despersonalizamos a la anciana que vive en un cuarto sin ascenso.
Hábleme del trabajo de traducción de gallego a castellano. ¿Trabajó duro por conservar todos los significados?
Sí, fue una decisión que tardé en tomar porque hay un viejo debate al respecto. Pregunté a compañeros escritores que me dijeron cosas muy diferentes. Por un lado, está el hecho de que la novela tenía 10 años. Me imponía porque soy otra persona, otro escritor, tengo otras cosas en la cabeza. Igual no estoy en condiciones de calibrarlo, de valorarlo, de evaluarlo, de trabajarlo con el mimo que merece o resulta que descubro demasiadas cosas que no me gustan y tengo la tentación de cambiarlas. Dejaría de ser una traducción y pasaría a ser un nuevo libro. Por otro lado, siendo tanto gallegohablante como castellanohablante desde niño, me parecía que yo tenía la capacidad de hacerlo. Es verdad que Carlos Manso es un tipo con mucha retranca, con el colmillo así muy retorcido. Si lo traduce alguien castellano, igual no va a entender el espíritu del personaje. No hay ningún tipo de traición al libro original.
Es un libro de 10 años que vuelve a la vida y al que han seguido a otros. Cuando inició esta andanza, ¿esperaba crear una saga y un universo?
No, fue llegando, absolutamente. Esto lo he dicho 100 veces. Soy completamente honesto. Cuando escribí La ira de los mansos no sabía ni siquiera que estaba escribiendo una novela. No sé cómo llamarlo, ¿terapia? No, porque no es exactamente terapia. Fue una especie de abrir ventanas para dejar entrar la luz en mis personajes. No era nada consciente de que estaba escribiendo un libro. Después de terminarlo y publicarlo es cuando me empiezan a decir los lectores y la propia editorial esta posibilidad. El tal Carlos Manso es un tipo que cae bien, que a pesar de ser un insoportable, resulta buen tipo, aunque es muy inmaduro e impulsivo, es muy lúcido. A la gente le gusta leer sus aventuras. Me veo atrapado entre la sorpresa y la presión de tener que escribir más historias de Carlos Manso.
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