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El folclore gallego y la población migrante se unen en A Coruña: "Puedo devolver a mi apellido algo que quisieron matar"

Los cambios demográficos y el auge del folk revitalizan las escuelas de folclore gallego en A Coruña y a las foliadas con asistentes de diferentes nacionalidades y orígenes

El alumno de folclore gallego en A Tobeira de Oza, Tomás Gesto Ocampo, posa con el instrumento el segundo por la derecha.

El alumno de folclore gallego en A Tobeira de Oza, Tomás Gesto Ocampo, posa con el instrumento el segundo por la derecha. / CASTELEIRO

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A Coruña

La lengua es una de las bases y patas del folclore en Galicia, junto con los instrumentos musicales, la idiosincrasia en las coplas y los pasos de baile a pareja. Así como el gallego cuenta con sus propios dialectos y variaciones, el idioma puede resonar con acentos foráneos cuando los nuevos hablantes se atreven a expresarse a viva voz. Esos acentos, tanto de otras comunidades autónomas como de otros países, dan forma a las nuevas olas que nutren el mundo 'tradi'. Galicia cuenta con 182.000 residentes foráneos, según datos del Instituto Galego de Estadística (IGE) en 2025, y 159.701 habitantes nacidos en otras comunidades autónomas, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). En las escuelas y centros de A Coruña orientados a la enseñanza de folk gallego advierten un cambio entre el alumnado: su origen.

"Llevo cinco años como profesor de pandereta y canto tradicional. Al principio, toda la gente era gallega de origen, pero desde hace dos años sí que recibimos más alumnos migrantes, tanto de España como de otros países. Algunos son descendientes de generaciones de gallegos y gallegas que habían emigrado. Ahora, con el auge del folk y el mundo tradicional tanto en músicas populares como en nuevos artistas, recibimos grupos más grandes y heterogéneos. Es el impacto más directo", explica Edu Bolaños, profesor en A Tobeira de Oza y miembro del grupo Pan sen Fron.

La historia de Bolaños es la misma que la algunos de sus alumnos. Él es valenciano de nacimiento, pero su vinculación y recorrido en el folclore gallego lo ha llevado hasta la posición de ser profesor. En su respuesta señala a los descendientes de gallegos y gallegas en el extranjero. En este sentido, los últimos datos del INE en 2026 detallan que el número de emigrantes gallegos descendió un año más en 2.006 personas, siguiendo la tendencia. En paralelo, la población gallega total residente en el exterior sí se incrementó hasta alcanzar los 563.303 personas gracias a las nuevas inscripciones de personas descendientes de gallegas y gallegos nacidas en el extranjero. Esta subida fue de 15.051 personas. En esta línea, los datos de 2024 sobre la Estrategia Galicia Retorna, impulsada por la Xunta para atraer a descendientes de emigrantes, arrojaron el dato de 8.435 gallegos retornados.

"El primer contacto que tuve con el folclore fue en un bar con una foliada. Vine por unas becas y me acuerdo que en el primer encuentro de esa ayuda hubo enseñanzas de baile. Después, unas amigas se unieron a un grupo y me pareció que estaba bien. Terminé por arrancarme con la pandereta y ahora hago baile", reconoce Cecilia Balzarena, una de las alumnas de A Tobeira de Oza y descendiente de gallegos por vía materna, uruguaya de nacimiento. "Lo principal es que me hace sentir más en casa estando en Galicia. El 'tradi' te brinda la oportunidad de sentirte parte, estás más en la cultura", reconoce.

Bolaños observa que en las foliadas, las celebraciones festivas vinculadas a la música y el baile folclórico gallego, este cambio también sucede "a nivel cuantitativo". Advierte que la tendencia no es una "cuestión adscrita a A Coruña como ciudad o por una particularidad", se trata, en cambio, de un fenómeno general. "Es lógico. Si procedes de fuera de Galicia y al llegar te encuentras con esto, es comprensible que busques conocerlo, consumirlo, participar o, al menor, curiosear. El mundo tradicional del folclore gallego suscita interés porque es intergeneracional, hay un comportamiento muy sano. Es un ambiente lúdico, que permite abrir las emociones con el cante y el baile", relata.

El profesor de baile y pandereta en Oza señala que el folclore gallego, en lo primigenio, "se vinculaba con la ayuda, la diversión y la reunión entre los habitantes de un mismo lugar". Sin embargo, estas bases carecen de sentido "por el modelo de vida que llevamos, por los trabajos que desempeñamos y porque no cumple la función de socialización del mismo modo". "En lo referido a idioma, una persona puede no entender una cantiga o una letra, incluso a nosotros mismos nos puede costar pillar un significado o un sentido concreto, pero si lo explicas ya basta. Además, el no saber anima a investigar", resuelve Bolaños sobre la cuestión idiomática en el aula.

"Siento que el folclore gallego me genera la emoción de sentirme parte. Llevo cuatro años aquí, mi vida previa fue toda en Uruguay. Me acerca al idioma, a la gente. Es más fácil contactar con otros uruguayos o argentinos, pero a través del folclore conoces a gente local y es una puerta accesible. A veces, con mi acento, sí ha habido sorpresas y me preguntan el motivo de que participe. Pero viene del lado de la curiosidad, no por quererme lejos. Se alegran de que me haya involucrado", comenta Balzarena.

El argentino afincado en A Coruña y alumno de A Tobeira de Oza, Tomás Gesto Ocampo, segundo por la derecha.

El argentino afincado en A Coruña y alumno de A Tobeira de Oza, Tomás Gesto Ocampo, segundo por la derecha. / CASTELEIRO

El folclore gallego, entre amistad y memoria

"En términos personales, el mundo 'tradi' me lleva a un espacio muy familiar. Siento que hay una reivindicación cultural que tiene que ver con una parte de mi familia, a la que hicieron ver que estaba mal lo que hacían. No solo por la música, también por el idioma. Siento que puedo devolver a mi apellido y a mi sangre algo que externamente quisieron matar. Esto le pasó a muchísimas familias. Se les hizo creer que su identidad era errónea, que eran tontos. Por un lado, esto me da una fuerza muy fuerte para motivarme y recuperar la identidad que les robaron", expone Tomás Gesto Ocampo, argentino de nacimiento afincado en A Coruña, descendiente de gallegos por vía paterna y estudiante de pandereta y baile en A Tobeira de Oza.

Su acercamiento al folclore gallego proviene de dos vías diferenciadas. Por un lado, recaló en Santiago antes de fijar su residencia en A Coruña. Allí, presenció foliadas y jornadas de música tradicional. "Me gustaba formar parte, pero no sabía cómo hacerlo", comenta. Por eso, tras tomar clases de pandereta con el Grupo de Dinamización de Lingua Galega de Escuela de Arte Superior de Diseño Pablo Picasso, entró en A Tobeira de Oza.

"Me ayudó completamente a echar raíces en Galicia. Gran parte de mi vida social viene por ahí. Nunca jamás he sentido una forma de discriminación. Al contrario, tenía una cierta vergüenza o miedo a meterme por ser argentino. Lo asociaba a algo muy de nicho y, al revés, es abierto. Me recibieron de un modo excelente. La gente se encargó de hacerme sentir cómodo, me incluyeron desde el primer segundo. Ningún desprecio. El mundo del 'tradi' me abrió un universo social que hoy en día son los lugares que habito y las personas con las que me vinculo. No solo las foliadas, también las clases", detalla Gesto sobre su experiencia.

El alumno de A Tobeira explica que en Buenos Aires "la industria folclórica no está tan presente" y "las ofertas son casi nulas o trampas turísticas". Sobre su participación en el mundo 'tradi', Gesto destaca que "percibe una crecida muy fuerte en asistencia, especialmente de xente nova", aunque sea "una parte muy pequeña de la sociedad general". Explica que la asociación de conservador al mundo folclórico gallego no funciona, ya que "el 'tradi' se puede ver que está renaciendo desde las identidades disidentes, están ahí todos los colectivos alejándolo de la tumba".

"Me llama la atención que no haya más gente involucrada. Muchas personas me hacen el comentario de que es bonito y querrían estar ahí, en estas conversaciones veo voluntad y ganas y, sin embargo, algo los frena. Es quizá un efecto de la discriminación que sufrieron sus abuelos y que les fue inculcado. Quizás un miedo o una negación interna que convive con las ganas de comenzar", resuelve.

La alemana asentada en A Coruña y alumna de folk, Leonie Blume.

La alemana asentada en A Coruña y alumna de folk, Leonie Blume. / LCO

De Schleswig-Holstein a Monte Alto

"El folclore de Alemania es casi inexistente. En el sur está más presente, pero en el norte, de donde vengo, no te sabría decir cómo se llama el baile tradicional, pero es una cosa muy de nicho que no ha logrado transferirse al presente, por desgracia. Lo especial del folclore gallego, para mí, es la mezcla de tradición y modernidad. Por suerte, la gente empezó a usar la música como algo suyo y propio, como medio de comunicación, de juntarse, y para vivirlo, no solo repetirlo, como sucedía bajo el régimen de Franco, que usaba el folclore como imagen", expone Leonie Blume, originaria de Schleswig-Holstein (Alemania), alumna en Escolas da Terra, en Monte Alto, y afincada en A Coruña con motivo de un máster en la Universidade da Coruña.

Para Blume, el anzuelo para sentirse atraída el mundo 'tradi' fueron las foliadas libres y conciertos en el parque de Santa Margarita. "Quería participar. Entré por curiosidad. Me invitó un amigo que tocaba la pandereta y como siempre me ha gustado la percusión, me pasé a probar y me enganché. Nunca he sentido discriminación. A veces sí hubo alguna exotización algo extraña, pero más desde una admiración", aclara. Como parte de su experiencia, también ha conocido a personas de Colombia o Estados Unidos que participan de los ensayos y las foliadas.

"El folclore me ha ayudado a echar raíces en Galicia. Entrar al mundo 'tradi' me hizo entrar en contacto con gente con intereses mutuos y abierta, me permitió entender Galicia desde otro lugar. Me ha hecho percibir el país como una entidad coherente, con sus leyendas, música e historía en común. Es fácil romantizarlo todo, pero cuando vas encontrando esta gente, dices "guau, hay personas que sí que tienen ganas de crear algo diferente, de crear una comunidad alternativa". Y eso con la mera alegría que transmite la música y el baile", relata.

Para esta alemana afincada en A Coruña, uno de los choques de realidad sobre la popularidad del mundo 'tradi' llegó cuando una persona de su edad no conocía al grupo De Ninghures. "Ahí fue cuando me empecé a darme cuenta de que, aunque siga creciendo el folclore gallego cada vez más, no es mayoritario entre la sociedad gallega. Sí que me extraña, ¡tanta diversión que se pierden! Y no lo puedo entender, porque es una de las cosas clave que me hace conectar con Galicia y querer seguir viviendo aquí", concreta.

La argentina residente en A Coruña y aprendiz de baile gallego, Ailin Simaes.

La argentina residente en A Coruña y aprendiz de baile gallego, Ailín Simaes. / CARLOS PARDELLAS

"La cultura gallega, siempre en casa"

"Empecé a acercarme al folclore gallego porque me suele interesar el baile que tiene relación con la cultura y las comunidades. Se me ocurrió empezar a aprender baile gallego, antes ya había aprendido folclore argentino y danza afro. Cuando empecé a vivir aquí, pensé en sumarme. Mi contacto cultural llegó por parte de mis cuatro abuelos, que eran gallegos y tuve la suerte de tenerlos conmigo la mayor parte de mi vida. Por ese lado la cultura gallega estuvo siempre en casa. Fui sin pensarlo demasiado con una amiga", relata Ailín Simaes Casal, nacida en Buenos Aires y asentada en A Coruña.

Para Simaes es difícil comparar el mundo 'tradi' de Galicia con el de Argentina. Aunque sí aprendió baile folclórico, como chacareras o zambas, en la capital del país, no logró formar un grupo. "No es lo mismo cuando eres del lugar donde esos bailes son tradicionales. La gente baila lo que es perteneciente a su comunidad", señala. Sin embargo, sí percibe similitudes en los espacios y "juntarse en Buenos Aires para bailar es parecido a las foliadas".

"La principal motivación fue el acercamiento cultural. La experiencia me devuelve un grupo de gente al que pertenecer. No me anoté buscando esto y sucedió. Me gustó todo el contenido histórico, cultural y técnico detrás del baile gallego. Me divierto mucho. Gracias a conocer a esta gente pude echar más raíces en A Coruña y conocer a otro grupo de gente, formar vínculos por toda Galicia. Estoy muy agradecida por eso, porque son relaciones recíprocas, donde uno se preocupa por el otro y trascienden el espacio de baile", agrega Simaes.

"Está bastante generalizado que la gente quiere sumarse al baile gallego o tocar algún instrumento de la música tradicional. Veo movimiento y veo interés por esta tendencia. Más allá del sesgo propio, el cambio aquí abarca cada vez a más gente. Quizás la fusión con géneros más populares permite llegar a esas otras muchas personas. En la Argentina creo que hay un fenómeno similar, conozco un grupo de artistas que están extendiendo el folclore", comenta al tiempo que afirma sentirse "muy bienvenida y bien recibida" en el mundo 'tradi' gallego.

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