La tienda que endulza A Coruña desde hace 80 años: "Mi padre trajo los primeros Conguitos a la ciudad en un saco"
El histórico comercio de María Jesús Rodríguez es un emblema de la Plaza de Vigo que hoy mantiene viva su magia de la mano de dos hermanos del barrio

Casteleiro
Cuando María Jesús Rodríguez se jubiló hace un par de años, tenía dos cosas muy claras. La primera era que iba a dedicar su tiempo a una de sus grandes pasiones, la pintura. La segunda, que quería que el negocio en el que había pasado la mayor parte de su vida siguiera siendo durante mucho tiempo el rincón más dulce de la Plaza de Vigo.
Hoy, a punto de cumplir los 72 años, aún se lo repite a sus hijos en las comidas familiares. "Siempre les digo que, cuando les toque a ellos alquilar el local, debe seguir siendo una tienda de chucherías. Si no, ¡bajaré de donde esté!", advierte entre risas la que fue durante décadas la cara visible tras el mostrador de Gominolandia Mely.
La tienda, "uno de los negocios más antiguos" de la zona, cumple por ahora sus deseos y sigue colmando de chocolate, regalices y juguetes a los niños -y no tan niños- del barrio. Al frente está la primera generación fuera de la saga familiar que se ha hecho cargo del establecimiento, los hermanos Roger y Hilda Imán, que tomaron el relevo para mantener viva una de las grandes tradiciones del Ensanche: bajar a por un capricho azucarado al número 26 de la Rúa Emilia Pardo Bazán y tomarlo, si acompañaba el tiempo, en alguno de los bancos de los alrededores.
Los propios encargados actuales del comercio fueron en su día unos de esos pequeños que merodeaban entre las estanterías para gastarse la paga en un subidón de insulina. "Estudiábamos en el Eusebio da Guarda y bajábamos siempre. Lo recuerdo con mucho cariño, por eso lo cogimos", dice Roger, que ya se ha hecho un hueco en el corazón de los más jóvenes. "Por mi cumpleaños, un grupo de niños me regaló un balón de fútbol. No esperaba que se acordaran. Es el recuerdo más feliz que tengo en la tienda".
Gominolandia Mely, la tienda histórica del Ensanche que ha visto cambiar A Coruña
Al coger las riendas de este comercio histórico coruñés, los hermanos Imán tuvieron que introducir los cambios justos para adaptarlo sin perder su esencia. "Cuando empezamos, la tienda no tenía ni TPV, la balanza funcionaba en pesetas... Hasta las gominolas eran clásicas", explica el responsable, que conserva, sin embargo, el alma y las costumbres de una tienda que ha visto pasar generaciones.
Tal y como sucedía antes, los niños se siguen surtiendo entre sus paredes de regalices y llaves ácidas, pero también de tizas para pintar el suelo en invierno y de globos de agua para jugar en los meses de verano. La 'tradición del toldo' también sigue y es un alivio en las horas de juego: en el instante en el que un balón se queda atorado en las ramas de un árbol, Hilda Imán ya empieza a buscar el palo con el que extiende a diario la lona y que ha funcionado desde tiempos inmemoriales como herramienta de rescate para los más futboleros.
Dice Roger que hay cosas, como esa, "que duran siempre", aunque lo cierto es que, en esta tienda emblemática de A Coruña, el cambio de siglo también ha dejado muchas otras atrás. El local nació a mediados del XX de la mano del tío abuelo de Rodríguez, que hizo el Cine Equitativa y montó en el bajo una bombonería con el nombre de su esposa.
Más tarde, la madre de María Jesús compró el negocio, que por aquel entonces tenía una despensa un poco diferente. "La confitería Las Delicias nos mandaba sus bollos de leche y los vendíamos con chocolatinas, porque de aquella no las había en los supermercados. Al principio no se vendían pipas, porque a mi padre no le gustaban, y nunca quiso vender tabaco aunque se hiciera en otras tiendas", cuenta la propietaria.
Recuerda con especial cariño el día en el que su progenitor, profesor de instituto de oficio, llegó cargado de unos nuevos dulces que aún no estaban en ningún escaparate de la urbe. "Mi padre trajo los primeros Conguitos a la ciudad en un saco. Los vio en una fábrica de Zaragoza y se los trajo en el tren. También fuimos los primeros en meter el regaliz en bolsitas", apunta con orgullo Rodríguez, que se volvía un apoyo imprescindible antes de cada sesión de cine del Equitativa. "Venía todo el mundo y teníamos que estar varios. Cuando empezaron a prohibir llevar al cine cosas compradas fuera, salimos en el periódico".
La huelga de los niños
Habla Rodríguez del que fue, probablemente, uno de los capítulos más revolucionarios de la historia de la tienda de chucherías Mely. Un momento en el que llegó a hablar por teléfono con el que más tarde sería el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, para preguntarle "qué pasaba".
Los niños también contribuyeron en la medida de sus posibilidades. "Entraban en las salas enseñando las gominolas que llevaban en las mochilas. Rajoy me dijo que intentaría arreglarlo, pero bueno. Luego dejaron de darnos la lata", cuenta María Jesús, cuya tienda ya estaba de aquella más que consolidada como uno de los puntos de reunión del barrio.
En los "80 años" que "puede tener tranquilamente" este comercio de dulces, la dueña vio pasar a decenas de "abuelos que venían todos los días a por un juguete para sus nietos", a estudiantes que cogían fuerzas con unos regalices para sentarse frente a los libros y a auténticos románticos que la visitaban cada semana. "Recuerdo a un chico que todos los fines de semana le compraba un peluche a su novia. Cuando se pasó unas semanas sin venir, me dijo que se habían dejado y le pregunté si ella le había devuelto los peluches. Me dijo que lo había intentado", relata entre risas.
Hoy, la mítica tendera ya no está tras el mostrador para seguir recogiendo las anécdotas de la plaza, pero el hueco no ha quedado, por suerte, vacío. Roger y Hilda siguen creando barrio en este rincón azucarado de la urbe y siendo testigos de nuevas historias. "Cuando uno es pequeño, tener una tienda de gominolas es una fantasía. Yo nunca había pensado en trabajar aquí, pero me gusta mucho, sobre todo en las 'tardebuenas' [la tarde del 24 de diciembre]. Lo mejor es el ambiente de familia", concluye la joven.
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