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Pablo Alborán, en A Coruña: "Si tuviera que volver a empezar y cantar por los antros en los que he cantado, lo volvería a hacer. Tengo la misma ilusión"

El artista malagueño actuará este sábado 4 de julio en el Coliseum

El artista Pablo Alborán

El artista Pablo Alborán / LOC

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A Coruña

El Coliseum de A Coruña es la próxima parada del Global Tour Km0 de Pablo Alborán. El concierto, producido por Cávea Producciones y con GTS como promotora, servirá para escuchar en directo las nuevas canciones del artista malagueño pero también para disfrutar, emocionarse y bailar con sus clásicos. Tras 16 años de carrera, Alborán mantiene su ilusión intacta: "La necesidad de sacrificarlo todo por la música sigue estando".

Chile, Perú, Madrid, Granada, ahora A Coruña… ¿Tiene la sensación de que esta es una de sus giras más ambiciosas?

Es una gira muy extensa y, a nivel visual y de producción, es también una apuesta mayor de lo que venía haciendo y de lo que estoy acostumbrado. Tengo más músicos, más producción… Ha habido un trabajo previo mucho más amplio: ver las canciones, preparar todos los visuales, todo el homenaje que se le hace a las canciones más importantes de todos estos años. Cada canción tiene un universo, todo es un viaje, todo es dinámico. Ha sido muy ambicioso. No ha sido simplemente: “Venga, ponte a cantar las canciones que tienes hechas”. Y la verdad es que es bonito ver que la gente responde.

Entiendo que hacer ese setlist, sentarse a elegir qué canciones entran y cuáles quedan fuera, es una tarea complicada.

Más que la selección del setlist, es el universo que quiero mostrar y el viaje por el que quiero que pasen los que vienen al concierto. Que no sea solo “esta me la sé, esta no me la sé”. Aunque luego cada uno lo vive como quiere. En mi cabeza tiene que haber un sentido, una dinámica, mostrar que este disco es un antes y un después. Hay una búsqueda de la pureza mucho más honesta y también una búsqueda de libertad creativa a la hora de experimentar con nuevos sonidos y nuevos ritmos, sin dejar de ser uno mismo dentro de todo ese viaje. En eso me ayuda mi hermano. Él es director artístico y me conoce muy bien. Me empuja cuando yo no me atrevo y me ata cuando se me van los estribos. Es muy guay hacer ese equilibrio.

Quien ha visto el espectáculo destaca esa puesta en escena, esa atmósfera que rodea cada canción. Aseguran que volverían a pagar la entrada. ¿Eso puede definir el éxito de una gira?

Para mí el éxito es que cuando vengan sientan algo: rabia, dolor, que se enamoren, que se desenamoren, que se curen de alguna herida del pasado, que se den cuenta de que su presente no les gusta o, si les gusta, que lo sientan. Lógicamente, poder seguir haciendo giras también significa que la gente apuesta por ti y por la música en vivo. Todo lo que tocamos es en vivo. Llevamos una banda que, para mí, está formada por algunos de los mejores músicos que he conocido. Tengo la suerte de que están conmigo y aprendo de ellos. Para mí ese es el éxito: que tú puedas aprender de tus músicos, que tus músicos aprendan de ti, que haya una buena actitud en el trabajo y que todos parezca que tengan el mismo objetivo que tú. Que el público salga con un suspirito en el pecho. Es muy bonito.

Con tantas ciudades, hacer que un concierto no sea la repetición del anterior debe de ser difícil. ¿Cómo lo consigue?

Intento que cada concierto sea diferente por los invitados, por el repertorio… Hay un repertorio base, pero, por ejemplo, en Mérida hice una versión de flamenco más íntima, me bajé al público y pude estar entre la gente. Le canté a mis padres por primera vez. Nunca les había cantado. Como no llevaba pantallas, pensé: “Aquí no les va a dar vergüenza, porque son muy tímidos y no les van a retransmitir”. Así que bajé a sus asientos y les canté. Fue muy guay. Y en A Coruña, por ejemplo, tengo dos invitados. Tengo una banda gallega que se llama Lemot, que me encanta y con la que me apetece mucho cantar. Y luego estará Xoán Fórneas. Vamos a cantarnos una canción mitad gallego, mitad portugués, que es de mis canciones favoritas. Y eso solo va a pasar en A Coruña.

Después de todo su recorrido, en este KM0, ¿se ha sentido más honesto, más libre?

Sí, pero también tienen que pasar cosas que están fuera de tu control. Son 16 años y no todo ha sido de color de rosa, aunque el público pueda pensar que sí. Ha habido claros y oscuros, y eso ha hecho que esté más decidido en algunas cosas, que tenga menos dudas que antes y que tome decisiones que hay que tomar. También lo que pasó en mi casa. Un familiar mío pasó por quimioterapia, trasplante de médula, por un infierno, y se curó gracias al trasplante de médula. Eso cambia tus prioridades y tu manera de entender la vida, la muerte, el dinero, el trabajo, las relaciones… Eso también hizo que dijera: “Quiero que este paso sea mío; si me equivoco, que sea mi error, y no el error de otro. Ni el acierto de otro”. Quiero tomar esas riendas. A veces es un riesgo, pero de momento está yendo bien. Así que estoy contento.

En esa supergira, con macroproducción y demás, ¿qué queda de aquel Pablo que tocaba en salas y garitos con su guitarra?

Creo que la necesidad de sacrificarlo todo por la música sigue estando. He reflexionado muchas veces con mi gente y decía: “Si no está la música, no pasa nada. Puedo vivir sin música. Puedo vivir sin dedicarme a esto”. Pero es mentira. A día de hoy me doy cuenta de que he sacrificado muchísimo por esto y de que lo volvería a hacer. Lo hago feliz. Hay muchas concesiones que hay que hacer, pero lo he dado todo por el público porque el público lo ha dado todo por mi carrera. Lo han dado siempre después de 16 años. Yo paso mi día entero pensando en hacer música, en mi relación con el arte, con el baile, con la interpretación, con el arte dramático, con la literatura, la pintura, la música… Me vuelvo a sentar en el estudio y ya estoy pensando qué puedo hacer en el próximo disco. Es una necesidad y no es malo. Es bonito. Encima esa necesidad me da de comer y puedo vivir dignamente de esto. Si tuviera que volver a empezar y cantar por los antros en los que he cantado, lo volvería a hacer. Antes de sacar Solamente tú estuve tres o cuatro años tocando por los antros más chungos de España. Lo volvería a hacer. Tengo la misma ilusión.

Al publicar el disco confesó que el público había sido su refugio en muchas ocasiones sin ellos saberlo.

Sí. Cuando pasó todo lo de la médula, yo tuve que irme de gira porque estábamos esperando el trasplante. Los médicos me dijeron: “Vete, porque no sirve de nada quedarte aquí. De hecho, es mejor que te vayas porque así los tuyos ven que la vida sigue”. Esperar un trasplante es una mierda, pero también es esperanzador. Si te ven trabajar, va a ser bueno. Yo todo lo que gané en esa gira lo destiné a la lucha contra el cáncer y a la investigación, a la Universidad de La Fe de Valencia. También era un objetivo: podía subirme al escenario porque sabía que lo que estaba haciendo iba a eso. Pero el público no tenía ni idea. Yo no lo conté a nadie hasta que esa persona se curó definitivamente. El público proyecta en ti un deseo bueno: “Quiero que me emociones”, “quiero que me ayudes”, “quiero que me acompañes”, “quiero llorar”, “quiero reírme”, “quiero bailar”. Están proyectando una cosa buena. Cuando te das cuenta de que el público me ha estado dando fuerza cuando yo no tenía ninguna motivación para subirme al escenario más que ayudar, te subes ahí y dices: “Ostras, me están sosteniendo”. No tienen ni idea de por lo que estoy pasando. Pero también pasa al revés: yo no sé las historias que ellos están viviendo. Y que tu música les ayude es una pasada. Es una bendición.

Después de volver a ese kilómetro cero, ¿hacia dónde le apetece caminar?

Todo lo que estoy escribiendo ahora sigue teniendo un camino de experimentación y de pureza. Esos dos contrastes siempre están presentes. Ahora busco más que nunca la autenticidad en la ejecución. La inteligencia artificial está pisando fuerte. Leí el otro día un artículo sobre que Instagram iba a premiar las fotos imperfectas, los vídeos imperfectos, todo lo que no fuera perfecto, porque ya no sabes qué creerte y qué no. Cuando ves algo hecho por IA, te resta interés, porque lo ves tan artificial que no te toca. Estoy buscando eso en las producciones que hago y en las cosas que escribo. Hago una canción y, cuando la termino, pienso: “¿Esto lo habría podido hacer la IA? ¿Este arreglo sí? ¿Este no?”. Y camino por donde creo que no habría podido ir la IA.

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