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La floristería de A Coruña donde las plantas se curan y se van de vacaciones: "Somos hospital y guardería"

En este insólito negocio del Orzán, las macetas vuelven a florecer bajo los atentos cuidados de dos amantes de la botánica

Lucas Villar e Inés Villaverde, rodeados de plantas en su floristería de la calle Orzán.

Lucas Villar e Inés Villaverde, rodeados de plantas en su floristería de la calle Orzán. / Carlos Pardellas

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Si la crisis de la mediana edad es tratar de volver por todos los medios a la juventud, la del cuarto de siglo parece ser, desde hace un tiempo, llenar la casa de plantas. Pero la botánica, como todo, tiene sus trucos y no cualquiera -sea cual sea su edad- está preparado para mantener a sus nuevos inquilinos en buenas condiciones.

Desde hace tres años, el barrio del Orzán se ha convertido en un referente cuando se trata de salvar esa orquídea o esa monstera que ha empezado a marchitarse. Solo hay que dejar el espécimen en manos de Lucas Villar e Inés Villaverde, dos amantes de la jardinería que han echado raíces en el número 6 de la calle para construir su propia idea de lo que debería ser una floristería.

Allí, bajo el nombre de A Chorima, han creado un oasis en el que un ficus puede ser tanto un producto en venta como un paciente. "Somos un hospital y una guardería de plantas. Las cuidamos hasta que se recuperan de las plagas o las regamos mientras los dueños se van de vacaciones", explica Villar, que se dio cuenta de que "no todo el mundo tiene un vecino mañoso" y de que las flores, sufridoras silenciosas, desconcertaban muchas veces a sus propietarios.

Ahora, cuando les detectan alguna mancha extraña o un aspecto lánguido y sospechoso, muchos de ellos acuden al mostrador de esta tienda de flores de A Coruña. Lucas e Inés las diagnostican, les pautan una prescripción o las 'ingresan' si los dueños lo prefieren. "Lo primero que hacemos es hablar con el cliente. Le preguntamos cómo riega, hace cuánto se puso así y tenemos un microscopio para detectar plagas que no se ven a simple vista y dar con lo que realmente le ocurre", indica el paisajista, que lleva cerca de diez años entre tijeras de podar y sacos de tierra.

La mayoría de las veces, dice Villaverde, el problema es "el exceso de agua", impulsado por ese miedo común a cualquiera que intente mantener con vida en una maceta. "Han llegado a venir clientes para que les regase yo la planta, porque no sabían y estaban agobiados", cuenta la joven sobre la clientela, que se sigue sorprendiendo cuando ve que en A Chorima no solo se despachan ornamentos vegetales. "La gente sigue flipando cuando lee lo de la guardería. A nadie se le había pasado por la cabeza que existieran estos servicios hasta que se le ocurrió a Lucas".

A Chorima, la tienda que hace florecer el Orzán

Cuando A Chorima abrió sus puertas en 2023, era una floristería tradicional. Vendía, como aún sigue haciendo, plantas, flores, tutores y todo lo relacionado con la botánica, pero Lucas e Inés tampoco dudaban en compartir sus conocimientos de jardinería con los coruñeses que cruzaban su puerta.

Con el tiempo, y viendo "que muchos de los tips funcionaban", las macetas empezaron a acumularse sobre el mostrador del negocio. "La gente empezó a pedirnos que nos las quedáramos hasta acabar con la plaga. Eso puede llevar varios días, porque las plantas metabolizan lento, pero siempre intentamos que el precio sea menor de los que te costaría una nueva", indica Villar, cuya 'guardería' -el otro servicio que ofrecen-, también "está llena" esta temporada.

Dice Inés que "cada día viene alguien" nuevo para dejar a su compañero verde mientras esté fuera, una demanda que ha crecido con la llegada del verano y que hace que, a veces, no quede "ni espacio" en la floristería. Si la planta es muy grande o el propietario lo prefiere, hay quien incluso les deja las llaves de su casa para que la pareja vaya personalmente a mantener las plantas hidratadas y con buen aspecto.

Quien suele estar más en la tienda es Inés -Villar va y viene haciendo trasplantes o mantenimiento de espacios verdes-, que aprendió "todo lo que sé de plantas de Lucas". Era cocinera, pero, ahora, tiene un ojo experto para detectar cualquier tipo de plaga, especialmente las más habituales en Galicia, como el pulgón, la araña roja y la cochinilla algodonosa, que deja "una especie de lana pegajosa en la planta".

"Las plantas son las nuevas mascotas"

Ambos coinciden en que ahora "las plantas son las nuevas mascotas", igual que estas últimas se han convertido "en los nuevos hijos". Sobre todo, desde la pandemia, tras la que hubo "un boom" porque "la gente necesitaba más contacto con la naturaleza".

Esperan que ese amor por la botánica persista y que los coruñeses sigan queriendo crear su "pequeño oasis" verde en la urbe. Para impulsarlos, la mente de esta pareja de emprendedores no se detiene y sigue estudiando nuevas aportaciones: "Los clientes nos están pidiendo que impartamos talleres para que puedan aprender y lo estamos barajando. También estamos pensando en abrir otra tienda en Santiago. Tenemos muchas ganas de innovar, estamos muy contentos".

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