Alexandre Escrivà vuelve a A Coruña con un nuevo caso del inspector William Parker: "Los asesinos viven entre nosotros"
El escritor valenciano presenta este sábado en la librería Lume de A Coruña su tercer libro, 'El secreto de Victor Black', una novela negra que se adentra en la mente de un asesino en serie

El músico y escritor Alexandre Escrivà. / LOC
La joven promesa de la novela negra Alexandre Escrivà vuelve con una nueva investigación. Tras el éxito de El último caso de William Parker, el valenciano regresa con una nueva entrega —su tercera novela—, El secreto de Victor Black, que presenta en la librería Lume de A Coruña este sábado, 4 de julio, a las 13.00 horas.
Escrivà, originario de Tavernes de la Valldigna (Valencia), cursó estudios superiores de música, ha sido miembro de diversas jóvenes orquestas, y ha recibido importantes galardones. Actualmente compagina su faceta musical con la de escritor.
Ha pasado del mundo de la música al de la escritura. ¿Ambos universos se complementan?
Sí, y tanto. De hecho, soy músico profesional y toco en la banda municipal de Barcelona. Cada semana tengo un concierto y compagino las dos cosas como puedo, porque hay épocas de mucho trabajo. La música me ha aportado mucho, ha estado presente de alguna forma en la escritura, tanto en buscar ciertos ritmos o algunas cadencias al final de capítulos y frases, y también por la resiliencia que me ha hecho tener, el saber recibir un no por respuesta y seguir sin bajar los brazos.
En El secreto de Victor Black, se mete de lleno en la mente de un asesino, apelando al lado oscuro que todos tenemos. ¿Deja de haber un velo entre 'ellos' y 'nosotros'?
Yo creo que la barrera o frontera nunca ha estado ahí en realidad. Porque, al final, se ha visto tanto en la ficción como en la realidad, los asesinos viven entre nosotros, es gente aparentemente normal que de repente nos enteramos de que han hecho barbaridades que nunca nos habríamos imaginado. Para escribir El secreto de Victor Black me basé en la historia de cinco asesinos en serie reales. Y aunque la historia no es una historia basada en hechos reales como tal, bebe de algunos detalles de cinco asesinos seriales reales.
Hay asesinos que tienen como un símbolo de identidad, una firma. En este caso, esa firma son las mantis religiosas. ¿Qué simbolizan?
Es complicado contarlo sin desvelar [ríe]. Lo de las mantis surgió un poco por casualidad. Yo estaba pensando en la idea de la novela, recuerdo que era verano y que apareció una mantis religiosa en la terraza de mi casa, y se quedó ahí como tres días sin moverse absolutamente nada. Ahí relacioné conceptos, leí sobre las mantis y me di cuenta de que tenían una particularidad que me podía interesar bastante para la novela y para el asesino, Victor Black, que cubre sus víctimas con mantis religiosas. Esto tiene parte de simbolismo, significa algo, pero no puedo desvelarlo.
La propia trama de la novela posiciona al lector como el alter ego del inspector, William Parker. ¿Juega el lector, en las novelas de thriller, a ser juez?
Sí, y tanto. De hecho, yo mismo, mientras escribía la novela, cambié de opinión sobre algunos personajes. A menudo, apelamos ciertas cosas a una persona sin conocerla. La historia empieza con un asesinato y con la desaparición de una adolescente, y tiene dos protagonistas principales: William Parker, que es el inspector de policía que va a investigar, y Jacob Fischer, que es un asesor financiero. La mujer a quien han asesinado es su esposa y la adolescente que ha desaparecido es su hija. Desde un primer momento podemos pensar que es una víctima más. Luego vemos que tanto la policía como la prensa lo señala como principal culpable. Y al mismo tiempo lo vamos siguiendo y vemos cómo son sus actos, sus pensamientos. Tenemos una dicotomía de pensamientos y no vamos a saber qué ha pasado en realidad hasta el final de la novela.
Volviendo a esa confluencia entre la escritura y la música, Victor Black escucha en su celda el Nocturno nº 2 de Chopin. ¿Este es un reflejo de su trayectoria musical?
Sí, en todas mis novelas siempre incluyo algún guiño a la música clásica. En El último caso de William Parker, a un hospital psiquiátrico, que no existe en realidad, le di el nombre de Oblivion, en donde sonaba un tango de Piazzola por los altavoces del techo, y hay un tango de Piazzola que se llama Oblivion. En la segunda novela le pongo nombre a personajes de compositores clásicos. En El secreto de Victor Black, hay un motel que es el motel Copland, que tampoco existe en realidad y que tiene el apellido del compositor Aaron Copland. Y por supuesto, Victor Black, que es un melómano del arte en general, pero de la música clásica en particular.
¿Por qué ambientar la novela, y la de El último caso de William Parker en San Francisco? ¿Conocía la ciudad?
Ahora sí. Cuando escribí El último caso de William Parker no la conocía, no había estado allí nunca. Tampoco sabía que me iban a publicar la novela, entonces estaba en mi casa sin expectativas, sin presión alguna y decidí ambientarla allí. Usé el Google Street View para callejear por las calles de San Francisco. Yo tenía una imagen de la escena en mi cabeza, pero tenía que encontrar la localización que encajara perfectamente. Cuando yo publico El último caso de William Parker, tenía ese viaje pendiente. Lo hice el año pasado, fue un viaje muy emocionante, porque visitar esa ciudad que aparecía en mi primera novela era muy especial. Y yo en ese momento no lo dije, pero aproveché el viaje para documentarme para esta tercera novela.
Cuando finalmente pudo conocer en persona el escenario de su novela, ¿la sensación que le transmitió fue la misma que la que se había establecido a través de Google Street View?
Sí, fue bastante parecido, la verdad. De hecho, antes de visitar la ciudad hablé con gente de allí que había leído la novela y que me habían escrito para decirme que la ambientación estaba perfecta. Para mí eso era ya todo un logro.
Plantea una cuestión interesante en la historia, que es ¿qué podemos esperar de una ciudad que expulsa a sus muertos?
Esto me pareció curiosísimo. Hay un capítulo del libro que empieza con la frase 'en San Francisco no hay cabida para los muertos'. Y esto es así, porque hubo un momento en que los cementerios de San Francisco estaban llenos, ya no cabían más cadáveres y, por tanto, los trasladaron a una población cercana que está al sur de la ciudad y que es un pueblo cementerio. Hay como 1200 habitantes y más de 2 millones de muertos bajo tierra. Ahora, cuando muere alguien en San Francisco, directamente lo entierran ahí.
Presenta el libro en Lume este sábado. ¿Conocía A Coruña?
Es la primera vez que voy a Galicia, y tengo muchísimas ganas. Me da muchísima pena porque voy a tener el tiempo muy justo. Casi no voy a tener tiempo, pero a ver si puedo visitar algo. Y quiero hacer el viaje con calma, hacer turismo, porque he hecho muy pocos viajes por placer. Es decir, sí he viajado mucho, pero siempre ha sido porque he tenido o un concierto, un concurso, promoción de la novela... Siempre he tenido un porqué del viaje, y he hecho muy pocos por puro placer. Tengo muchas ganas de de conocer Galicia bien.
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