Gastón, el tiburón que marcó a generaciones en A Coruña, y la historia detrás de su llegada: "Va a costar ver a otro tiburón en el Aquarium"
El primer director del Aquarium Finisterrae, Ramón Núñez Centella, rememora la llegada de Gastón, el escualo que se convirtió en estrella del centro durante casi dos décadas y al que le costará ver su remplazo

El tiburón Gastón en el acuario / Carlos Pardellas
Durante casi dos décadas, miles de niños de A coruña entraron en el Aquarium Finisterrae con un mismo objetivo, ver a Gastón. El tiburón de la ciudad se convirtió en la gran estrella del centro, el animal que despertaba admiración nada más aparecer entre las rocas de la sala Nautilus y el protagonista de infinidad de visitas familiares. Sin embargo, detrás de aquella historia hubo una persona que hizo posible su llegada. Ramón Núñez Centella, impulsor y primer director del Aquarium Finisterrae, recuerda ahora cómo nació la idea de incorporar al tiburón y cómo aquel animal acabó ocupando un lugar especial en la memoria de varias generaciones de coruñeses.
Núñez explica que la sala Nautilus ya era, desde la inauguración del Aquarium, uno de sus espacios más llamativos. El objetivo era que el visitante se sintiera completamente rodeado por el mar, "como si fuera el capitán Nemo", con una visión de 360 grados que permitía contemplar el fondo marino sin prisas. "A diferencia de otros grandes acuarios, que optaban por túneles submarinos con cintas transportadoras para agilizar el paso del público", el Aquarium Finisterrae quiso "ofrecer una experiencia inmersiva en la que cada persona pudiera detenerse el tiempo que quisiera", según explica el exdirector.
Aun así, considera que aquella sala necesitaba un elemento diferencial. "Todos los acuarios grandes tenían un punto espectacular", recuerda. En su caso, ese atractivo terminó siendo un tiburón, un animal que siempre genera "expectación por su tamaño y por la imagen de peligro" que lo acompaña.
Los trámites
Su llegada desde el Acuario de Brest, en Francia, sin embargo, no resultó sencilla. Núñez asegura que la parte más complicada fueron todas las gestiones necesarias para traer un ejemplar de estas características. "De lo que más me acuerdo es de lo difícil que fue traerlo hasta A Coruña", explica. Coordinación del transporte, pagos, seguros y responsabilidades en caso de que el animal sufriera algún problema durante el viaje formaban parte de un proceso que, según afirma, "es mucho más complejo de lo que la gente piensa".

Sara Fernández
Finalmente, todas esas dificultades dieron paso a la satisfacción. "Se consiguió, se hizo todo lo que había que hacer y fue un éxito desde el principio", resume.
Aunque reconoce que no recuerda con precisión cómo fueron los primeros días tras la llegada de Gastón, sí tiene claro qué provocó que conectara tan rápidamente con el público. "Los niños ven un pez que es más grande que ellos. Y eso mola mucho", afirma. A ese impacto visual se unía la fama de los tiburones como animales peligrosos, un ingrediente que aumentaba todavía más la curiosidad de quienes acudían al Aquarium.
También contribuyó el nombre. Gastón no llegó bautizado desde Francia. El equipo del Aquarium decidió llamarlo así cuando aterrizó en A Coruña como un guiño a su procedencia del acuario de Brest. "Como era francés, pues decidimos que se llamara Gastón", recuerda entre risas. A partir de ese momento, cree que la relación del público con el animal cambió: "Cuando un animal lo conoces por su nombre, parece que estableces con él un tipo de relación diferente, como si os conocierais".
Para Núñez no existe una única explicación que justifique el cariño que despertó el tiburón. Cree que influyeron "su majestuosidad, su tamaño" y también la incertidumbre que genera un animal del que muchos visitantes se preguntaban si realmente podía resultar peligroso. El antiguo director también destaca la longevidad del animal. "Fue bonito que Gastón durara tanto porque no nos lo podíamos imaginar", afirma.
Un nuevo tiburón
Aunque entiende el vacío que deja su desaparición, Núñez considera que "el Aquarium puede seguir funcionando sin un tiburón". De hecho, recuerda que el centro abrió sus puertas muchos años antes de la llegada de Gastón y recibió miles de visitantes sin contar con un animal de estas características. "El Aquarium puede sobrevivir y, de hecho, estuvo desde su inauguración hasta el año 2006 sin Gastón y teniendo muchísimos visitantes", señala. Además, recuerda que la esencia del museo siempre ha sido mostrar los ecosistemas de la costa gallega, donde este tipo de tiburones no forma parte de la fauna habitual. "Seguro que lo remplazan pero yo, personalmente, no lo veo necesario. Va a costar ver a otro tiburón", indica.
Eso no impide que reconozca el enorme atractivo que los tiburones tienen para el público infantil. "Hay que complacer a los niños siempre que se pueda", afirma. Por eso cree que, tarde o temprano, el Aquarium encontrará la forma de volver a contar con "otro tiburón estrella" para la sala Nautilus.
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