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Turnos rotatorios, jornadas intensivas y nocturnidad plena: el impacto de los horarios en la salud de los trabajadores en A Coruña

Empleados de sectores como el sanitario o el industrial sufren graves consecuencias a la falta de descanso y la alteración de sus ritmos biológicos, según la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo

Fernando Miño, Andrea Revuelta y Kiko Leira

Fernando Miño, Andrea Revuelta y Kiko Leira / Gus de la Paz/Carlos Pardellas

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A Coruña

La Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (Aeemt) y la Alianza por el Sueño ha creado en conjunto la guía La turnicidad y el cuidado del sueño: un reto común entre salud pública y salud laboral, que trata la problemática del sueño y el descanso en trabajadores derivados de sus horarios laborales. Sectores industriales, sanitarios o de servicio de seguridad, como los que funcionan en A Coruña, son ámbitos especialmente afectados. El objetivo del texto es ofrecer ayuda para aquellos trabajadores que deben realizar su jornada en turnos rotatorios, intensivos o de fuerte nocturnidad; elementos que impactan sobre la salud de los empleados con consecuencias ligadas a falta de sueño, alteración del reloj biológico o trastornos del descanso. Según señala el presidente de la Aeemt, Juan Carlos Rueda, la fragmentación del trabajo en rotación "es una realidad creciente e inevitable, y exige respuestas urgentes".

"Sabemos que el trabajo a turnos y el no dormir bien y fraccionar el sueño tiene un precio para la salud. Está considerado como un trabajo de riesgo", declara el doctor Rueda. Atendiendo a los datos que ofrece la asociación, apenas el 3% de los trabajadores nocturnos alcanza a ajustar sus ritmos circadianos. El 20% de los empleados en turnos necesita de fármacos hipnóticos para dormir, mientras que el 25% recurre directamente al tabaco, pero como estimulante. Los sectores más afectados por estos modelos laborales son lo de ámbito sanitario, personal de seguridad, operarios industriales, trabajadores del transporte y en el sector alimentario.

Los estudios realizados en el ámbito de la Medicina Laboral, como traslada el doctor Rueda, "no se limitan al cansancio" y advierte de una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares o sobre el impacto en la salud mental. Por un lado, la mala calidad del sueño relacionada con los turnos laborales puede derivar en trastornos como ansiedad, depresión, fatiga, estrés, conductas autolesivas o burnout. La Aeemt indica que los trabajadores a turnos presentan un 40% más de riesgo de sufrir depresión. Por su lado, la Alianza por el Sueño señala de que el turno fijo de noche presenta los peores indicadores de salud sobre el total: riesgos cardiovasculares, metabólicos y de cáncer.

En la guía elaborada por ambas sociedades se estipulan parámetros para mitigar el impacto de los horarios. Las jornadas nocturnas consecutivas deberían ser tres como máximo y reducir la carga de trabajo en "horarios críticos, entre las 3.00 y las 6.00 horas de la mañana". También se debe cuidar la alimentación y disponer de recursos para el cuidado de la salud mental.

Andrea Revuelta, enfermera en el hospital de Oza, en A Coruña.

Andrea Revuelta, enfermera en el hospital de Oza, en A Coruña. / Gus de la Paz

Turno rotatorio en Sanidad

Andrea Revuelta es enfermera especialista en salud mental en el Hospital Marítimo de Oza y, según explica, trabaja en turno rotatorio fijo. "Paso unos días de mañana, otros de tarde y otros de noche. Da un poco igual la planta en que trabajes, eso pude suponer que trabajes una noche más o menos. Hay contratos peores en los que te notifican modificaciones de horarios incluso el día anterior", detalla. Revuelta trabajó durante tres años solo de mañana antes de desempeñar este puesto y ya percibe las consecuencias.

"Las noches me matan y pierdo el ritmo para recuperar la normalidad del sueño. Al mes puedo tener seis o siete noches de trabajo. He perdido capacidad de descanso y he sufrido crisis de ansiedad. Al regresar al trabajo por turnos necesité tratamiento farmacológico para dormir durante una temporada. O tomaba la pastilla o no dormía. Se altera el ciclo y es difícil regresar a él", expresa sobre su experiencia en turno rotatorio.

La enfermera comenta que son "horarios difíciles" que no son "saludables para la vida". Por el área médica de la que se ocupa, conoce el impacto psiquiátrico de sus turnos. "Tener una rutina es tener salud, lo sabemos bien en Psiquiatría, y con esta organización no puedo tener un horario fijo. El resto de personal te dice que es lo que hay, que te acostumbrarás. Yo no me acostumbro y pasan los meses. No se debería necesitar 24 horas durmiendo para recuperarte de una noche", expone.

"Las consecuencias de estos turnos influyen aunque no quieras. Por un lado, afecta a la concentración que requiere el día a día. Trabajo con medicación que está pautada y sigue unas instrucciones correctas. Tengo que mantener un alto nivel de atención porque en Psiquiatría la intervención rápida puede marcar la diferencia. Esto también supone estar atenta, percibir cambios en el ánimo de los pacientes. La velocidad de reacción se resiente con el cansancio. Todo esto yo me lo he notado", comenta Revuelta.

Sobre la preferencia en el sector, la enfermera de Oza se mantiene prudente. Afirma que conoce compañeros que prefieren este sistema, pero son "muchos menos que el resto". "Es mucha la gente que prefiere sacrificar 300 o 400 euros y tener una vida más asentada, más común. Sí, con este tipo de jornada libras más, pero la calidad de vida va primero. Una compañera acaba de salir del turno rotatorio y se nota mucho mejor de salud", resuelve.

Kiko Bombero en la plaza de Azcarraga

Kiko Leira, bombero municipal de A Coruña / Carlos Pardellas

Una posibilidad de conciliar

Kiko Leira es bombero municipal en el parque de A Coruña y, al ser preguntado sobre el impacto de los horarios, no duda: "En nuestro sector, los trabajadores entramos por vocación y saben a lo que se enfrentan cuando venimos a trabajar". Explica que sobre en su ámbito, las nocturnidades se compensan con "coeficientes reductores que provocan que las horas de noche cuenten más". "Nosotros trabajamos 24 horas seguidas en lo que podrían considerarse tres turnos laborales de corrido, tres segmentos de ocho horas una tras otra", detalla.

"Esto tiene sentido en nuestro contexto porque tenemos, por un lado, horas entregadas a tareas diarias, como la revisión de material o la preparación para un caso de salida. La más pequeña de las intervenciones lleva un tiempo considerable que ocupa parte de la jornada laboral común, de ocho horas. Pero, por lo general, nuestras salidas son largas y consumen varios turnos. Trabajamos en días fastidiados, como festivos o fines de semana, o en celebraciones que todas las familias están juntas. Es una lotería, te puede tocar un turno sencillo o uno muy complicado", continúa Leira.

En la vida de un bombero municipal de A Coruña, la jornada de trabajo comenzaría, por ejemplo, un lunes a las nueve de la mañana y terminaría en la mañana del día siguiente. No debería volver a su puesto de trabajo hasta el sábado. "De normal, realizamos unas seis o siete salidas diarias, de las cuales una suele ser un fuego. La gravedad varía. Aunque no tengas que extinguir un incendio, en todo momento estás en tensión y el momento del trabajo requiere de esfuerzo, reflejos y atención", señala.

Sin embargo, Leira considera que su experiencia es positiva y son "la cara buena del trabajo en este tipo de turnos". Afirma que realizan las mismas horas que cualquier otro trabajador municipal, "pero más concentradas". "Tenemos tiempo libre, calidad de vida y conciliación familiar. Si solicito entrar más tarde para llevar a mi hijo al colegio, puedo ceder unas horas reservadas a formación u otras actividades. El descanso está bien cuantificado en nuestro caso", remarca. Según señala el bombero, los trabajadores con nocturnidades deben ser compensados y ve ese desajuste en el sector sanitario. En su opinión de trabajador nocturno, "la coincidencia de guardias no debería ser posible" porque "es necesario más que nunca adaptar el trabajo a la vida".

"Este trabajo también tiene sus consecuencias, por supuesto. Cuando suena la alarma y son las cuatro de la madrugada, tu sistema nervioso reacciona mal. Esa alteración de los nervios acaba despertando una sensibilidad, te genera un estado de excitación muy grande. A la larga tendrá efecto. El cuerpo te va a mil y, al llegar a la alarma, hay que valorar y razonar, no dejarse llevar", asevera.

Fernando Miño, propietario del Forno San Luis, en Os Mallos, A Coruña.

Fernando Miño, propietario del Forno San Luis, en Os Mallos, A Coruña. / Gus de la Paz

La noche, la única posibilidad laboral

Fernando Miño lleva toda su vida en el mismo puesto de trabajo, aunque no en el mismo horario. Su caso es particular, pero exponente. Comenzó a trabajar con 18 años en el negocio familiar, una panadería, y hoy está al frente de Forno San Luis en Os Mallos, también de su familia, con 46 años. En el medio, su turno de trabajo experimentó un cambio notable: la hora de llegada al obrador. "Estuve entrando a trabajar a las dos de la mañana durante doce años y salía a las diez, aproximadamente. Ahora, entro a las siete de la mañana y salgo al mediodía, sobre las 14.30 horas", explica.

"Es duro, es diferente, pero tienes que acostumbrarte. Vas al revés del mundo y ahora, que tengo 46 años, no me importa tanto. Cuando tenía 18 o 19 años sí que me pesaba. Trabajas al contrario que tu círculo, que tus amigos. Te pierdes celebraciones y fiestas. Además, trabajas los festivos y los fines de semana. Pierdes de vivir y de salir, pero, repito, todo es acostumbrarse. Prefiero esto a un trabajo a turno partido que te embarga todo el día", explica Miño.

Según comenta, el horario de la panadería sigue siendo "un problema para el sector" y no encuentra esa misma barrera, o al menos la percepción de esa barrera, en el sector laboral del ocio nocturno. "Ese empleo no está tan mal visto", dice. Echando la vista atrás, recuerda cómo esos trabajadores "entraban poco antes que nosotros y salían casi a la par" con el anterior horario. "Antiguamente, los turnos podían ser de diez de la noche a seis de la mañana. La idea era que el pan estuviese ya disponible a las siete u ocho de la mañana para el cliente. Con el tiempo observamos que esto se terminaba, que la gente ya no madrugaba por el pan. Nosotros también decidimos relajarnos, ir atrasando las horas de entrada y salida", expone.

Miño es consciente de la nocturnidad plena de su trabajo y afirma rotundo que "la noche naturalmente es para dormir". "Ser panadero requiere de un periodo de adaptación y de un día para otro no se puede conseguir. Pasas una temporada que no descansas y cuesta recuperar ese mismo grado de descanso. En comparación al turno que realicé durante doce años, es cierto que he ganado en calidad de vida y salud. El cambio fue hace ya 20 años, pero lo recuerdo y sé que fue un cambio muy a mejor. Estás mucho más acorde con el tiempo y noto que estoy menos desgastado. En aquellos años, siendo joven, ya estaba cansado. Los tipos de vida tienen que ir con el trabajo", resuelve el panadero.

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