Los trabajadores extranjeros que viven en A Coruña se duplican en cinco años y pasan por primera vez de las 10.000 personas
La subida se produjo en paralelo a un aumento del número de vecinos de la ciudad con nacionalidad española y en alta laboral
El economista y profesor de la UDC Juan Manuel Sánchez Quinzá-Torroja señala que son un "motor clave" pero introducen el reto de promover una "integración real"

Trabajadores de la construcción, uno de los sectores que recibe personal inmigrante. / Casteleiro
La cifra de coruñeses con trabajo sigue creciendo. Este mes de mayo el número de vecinos afiliados a la Seguridad Social en alta laboral se acercó a los 98.600, el número más elevado desde que el Instituto Galego de Estatística (IGE) inició la serie de datos, en 2011. Y buena parte del crecimiento de los últimos años se debe a la aportación de los trabajadores extranjeros, que en mayo rebasaron, por primera vez, la cifra de 10.000 personas. Su número se triplicó en una década, y la mayor parte del crecimiento se corresponde con los últimos años, pues en 2021 la cifra rondaba los 5.000, la mitad que ahora.
La aportación de los extranjeros al mercado laboral se inserta dentro de otra tendencia más amplia: la inmigración rejuvenece A Coruña, y contribuye al crecimiento de población que la ha llevado a superar los 250.000 habitantes en un contexto en el que la ciudad y su comarca tienen más muertes que nacimientos. El economista y profesor de la Universidade da Coruña (UDC) Juan Manuel Sánchez Quinzá-Torroja tiene claro que el aumento de trabajadores inmigrantes va de la mano con los cambios demográficos.
"Las causas principales son el envejecimiento y la falta de relevo generacional de la población local, la falta de cobertura en sectores con escasa mano de obra, la regularización que permite aflorar a los trabajadores irregulares, y la propia dinámica de la población nativa" con falta de jóvenes que se incorporen al mercado laboral, explica Sánchez Quinzá-Torroja, profesor titular del Departamento de Economía de la UDC. Entre estos sectores con falta de mano de obra, cita la hostelería, el cuidado de personas mayores, la agricultura o la construcción, y señala que la ausencia de trabajadores y el envejecimiento "es un problema de la ciudad", pero también del resto de Galicia y de España.
Un aporte necesario pero que plantea desafíos
Para el economista, los trabajadores extranjeros son "un motor estructural clave en el mercado laboral coruñés". Según argumenta, además de cubrir sectores esenciales, permiten sostener el sistema de pensiones y el estado del bienestar, además de contribuir a aumentar la productividad y al "rejuvenecimiento de la población laboral local".
Pero su presencia "impone retos estructurales profundos". Así, la llegada obliga a modernizar los servicios públicos y promover una "integración real" en la vida local de los inmigrantes. También existe el reto de mejorar la calidad laboral. "A nivel económico los emigrantes son clave para sostener el sistema, pero exigen gestionar la presión administrativa y el riesgo de precarización", explica el profesor de la UDC. Es decir, evitar que acaben relegados a puestos de baja remuneración y mala calidad laboral.
El abogado laboralista Alejandro Aradas, que trabaja en A Coruña, señala que no ha visto "un patrón" de que los trabajadores extranjeros tengan un problema particular por el hecho de serlo. Pero sí están presentes en sectores con empresas que trabajan personal no cualificado y tienen alta rotación, y hay extranjeras como empleadas del hogar, un tipo de empresas en el que hay patrones que no dan de alta a sus trabajadoras. Aunque, puntualiza Aradas, los problemas de inestabilidad laboral los sufren también españoles, y hay extranjeros en puestos que requieren formación; hace poco, pone por ejemplo, atendió a un médico.
Subida casi tan elevada como la de los locales
Los coruñeses afiliados en alta laboral llegaron a los 98.583 en mayo, un récord en la estadística que elabora el IGE desde 2011. En abril de ese año el número de coruñeses con trabajo no llegaba a los 86.900, y fue descendiendo: a principios de 2014 la cifra quedó en poco más de 80.300. La economía fue mejorando en la segunda mitad de la década, y en 2019 ya se superaron los 88.000 trabajadores. Tras una caída por el covid, en verano de 2022 se sobrepasaron las 90.000 personas trabajando, y a finales de 2024 las 95.000. Si se hace la cuenta por el número de afiliaciones, otro método de cálculo del IGE, la cifra de 100.000 ya se sobrepasó el año pasado, y siguió subiendo: la de este mes de mayo se acerca a las 103.200.
El número de trabajadores extranjeros vivió un crecimiento particularmente acusado tras el covid. En 2011 la cifra estaba en unas 4.000 personas, pero fue cayendo: en marzo de 2015 no se llegaba a los 3.200. En la segunda mitad de la década se produjo un incremento importante en porcentaje y se recuperó la barrera de los 4.000, aunque no se pasaría de 5.000 empleados hasta junio de 2021, la mitad de los 10.138 actuales. Desde entonces hasta mayo de este año, la ciudad ha ganado 6.146 trabajadores nacionales y 5.055 extranjeros.
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