Cenda, tres generaciones al frente del negocio que coloca marcos al arte de A Coruña: "Me gustaría que mi abuelo se sintiera orgulloso de que sigamos con lo que él empezó"
La familia Vila regenta esta tienda de marcos y molduras en A Coruña desde 1966, transmitiendo el legado del oficio de abuelos a nietas con un currículum de clientes como Javier Correa Corredoira, Jorge Peteiro y Christian García Bello

Gus de la Paz
El arte del enmarcado corre por las venas de la familia Vila. En 1966 veía la luz Cenda, la tienda de A Coruña de marcos y molduras que creció en el Agra do Orzán. Situado en la calle Villa de Negreira, hoy regenta el local la tercera generación. "Desde chaval ya venía aquí a barrer, de niño los sábados venía a la tienda", explica Santiago Vila, hijo del fundador, José Antonio Vila.
Expertos en fabricar marcos a medida para "obras de arte de todo tipo", Cenda tuvo, en su momento, la primera máquina de paspartú de toda Galicia. "La ventaja de tener esa máquina sobre las manuales es que queda todo perfectamente escuadrado. En una manual, si cortas mal, te va a variar la escala. Y te permite la facilidad, por ejemplo, de poner en el mismo paspartú muchas ventanas y que vayan todas perfectas", relata Santiago Vila.

Marcos expuestos en Cenda. / Gus de la Paz
Clientela de élite
La larga trayectoria del negocio es la semilla de la colaboración entre Cenda y artistas de renombre, tanto locales como de otros territorios españoles. "Javier Correa Corredoira; en su día Jorge Peteiro también fue cliente nuestro, hasta que falleció; Christian García Bello, que ahora marchó para Barcelona, pero sigue siendo cliente...", señala Tamara Vila, tercera generación al frente de Cenda. "Me gustaría que mi abuelo se sintiera orgulloso de que sigamos con lo que él empezó", declara.
Las galerías de arte locales confían sus encargos, asimismo, en los años de tradición de Cenda. "Hay muchos artistas que, cuando tienen una exposición, entregan la obra 'terminada' para la muestra, pero otros no, y ahí las galerías prefieren hacer ellos el montaje para ponerlo acorde con la exposición que tienen. Entonces nosotros hacemos el marco", ilustra Tamara.
¿El secreto para continuar el legado de los Vila desde 1966? "Intentar hacer siempre bien las cosas", dice Santiago. La clientela de Cenda acude al local buscando "el trato" que los Vila le dan a las obras. "Somos muy respetuosos con los acabados que hacemos, utilizamos siempre productos libres de ácidos, todo lo que no deteriore la obra, intentamos sujetarlas lo menos posible. Y el remate final lo cuidamos mucho, somos muy dedicados y miramos que todo quede perfecto", secunda Tamara.

Santiago Vila enseña una obra de arte en Cenda. / Gus de la Paz
De abuelos a nietas
Hace más de dos décadas que padre e hija comparten mostrador y, de la misma manera que el niño que un día fue Santiago aprendió el oficio empezando con la escoba, Tamara fue interiorizando la profesión durante tardes muertas, realizando pequeños trabajos que, más que encargos, eran juegos. "Cuando mi hermano y yo éramos pequeños íbamos a la empresa con mi padre y le echábamos una mano con chorradas que podía hacer un niño, también nos ponía a pasar la escoba [ríe]. Hacíamos que ayudábamos, aunque jugábamos más con la cola", recuerda Tamara.
Santiago tomó el relevo de José Antonio en 1989, y Tamara, quien siempre disfrutó mucho de "trabajar con las manos" y tenía experiencia en puestos de cara al público, se unió oficialmente a principios de los 2000. Cenda es un negocio "que requiere de muchas facetas", según Tamara, porque implica estar "tanto en la tienda como en el taller". "Tienes que valer para todo", resume.
La experiencia previa de Tamara y su pasión por las manualidades la inclinaron a continuar con el oficio familiar, pero las enseñanzas tienen todas el nombre de Santiago. "El negocio en sí lo he aprendido todo de mi padre. Porque es muy específico; hay un poco de carpintería, que podrías aprender en alguna formación, pero después el montaje y conservación de las obras hay que aprenderlo de alguien, no hay un curso que te enseñe nada de eso", afirma Tamara.
La sabiduría transmitida de Santiago a Tamara fue, en su momento, aprendida de José Antonio, en un perfecto relevo generacional. Y lo radiado por el patriarca de la familia es lo que ahora intenta inculcar Santiago. "Es una constante, de día a día. Yo transmito siempre lo mismo, que hay que hacer muy bien las cosas y tener unos precios muy razonables si quieres que vuelva la gente, porque la gente no es tonta", revela.

Piezas expuestas en Cenda. / Gus de la Paz
Tradición y modernidad
Es precisamente la calidad de sus trabajos lo que les permite mantenerse frente a las grandes plataformas, aunque declaran no rivalizar contra ellas. "Directamente no competimos, con industriales no se puede. Pero claro, la calidad de los materiales es otra", señala Santiago. "Las plataformas tienen unos precios regalados, en comparación. Pero la calidad no tiene nada que ver, y la gente se acaba dando cuenta", concuerda su hija.
En los 60 años de existencia del negocio, Santiago percibe que han cambiado "para mejor", gracias a los avances que permiten renovarse sin descuidar la tradición. "Las tecnologías son muy superiores, la maquinaria que tenemos ahora no la había en aquella época", manifiesta.
Aunque "antes todo era mucho más artesano", Santiago afirma que "no quiere decir que fuera mejor". Ahora se ayudan de máquinas, como ensambladoras —para unir marcos— o la de paspartú, pero el grueso del trabajo sigue siendo "muy manual", según Tamara.
El mundo de la enmarcación tampoco escapa a las modas, aunque estas "duran más" que las tendencias en ropa. "Las modas se basan en el tipo de decoración del momento. Ahí atrás hubo mucha decoración nórdica, todo blanco. Hubo épocas que se hicieron cosas de muchos colores, y ahora se buscan cosas más neutras", relata Tamara. Su padre percibe que las tendencias son "una constante" que, además, "regresan siempre atrás" en un perfecto uróboro, igual que la historia de Cenda.
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