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La histórica cafetería de A Coruña que un chef Estrella Michelin recomienda para desayunar: "Somos el salvavidas de A Falperra"

La familia de Daniel Fernández lleva 30 años conquistando el barrio con sus tapas de tortilla y ensaladilla, con las que muchos deciden comenzar su jornada

Daniel Fernández, propietario de esta cafetería histórica de A Falperra.

Daniel Fernández, propietario de esta cafetería histórica de A Falperra. / Carlos Pardellas

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Jesús Fernández e Irita Estévez eran muy jóvenes cuando se casaron. Venían de una pequeña aldea de Santa Comba, apenas un suspiro geográfico ocupado por un puñado de casas, desde el que habían aterrizado en A Coruña con la firme determinación de trabajar para sacar a su hijo adelante.

El número 3 de Costa da Unión, con sus palmeras paradisiacas impresas en el rótulo, les pareció entonces un buen presagio escondido en pleno barrio de A Falperra. E Irita se puso a ello. Mientras su marido cargaba comandas entre las mesas del Siroco, la cocinera se atrincheró en los fogones del Café-Bar Manila, que se ha convertido en un referente incluso para los chefs con Estrella Michelin como Luis Veira, que lo recomendaba recientemente como un bar perfecto para desayunar en A Coruña.

"Luis viene alguna vez por aquí. Ya lo hacía su padre. Aquí tenemos mucha clientela de toda la vida", cuenta el hijo de la pareja, Daniel, que lleva en este emblemático bar "desde que tengo uso de razón".

En él se sentaba a comer con su hermano lo que su madre les preparaba entre pedidos de café y cerveza. De aquella, el local aún no era famoso por sus tapas, pero lo sería, y esos dos niños tendrían algo de culpa. "Los clientes empezaron a ver nuestra comida y comenzaron a pedirla ellos también. Ahora tenemos unas 40 variedades y elegimos unas 20 tapas cada día", explica el propietario.

Entre ellas, su tortilla especial con chorizo es "lo más famoso" que tienen en carta, compitiendo muy de cerca con su ensaladilla. Ambas salen "desde primera hora", a tiempo para que los coruñeses como el dueño de Árbore da Veira empiecen la mañana con las recetas de Irita. "También tenemos bollería y tostadas clásicas, pero seguro que Luis nos recomendó por la tortilla. Es un orgullo que gente que ha estado en hostelería toda la vida hable de nosotros".

Cafetería Manila, el bar con la tortilla que une al barrio

Son ya tres décadas las que esta familia lleva gestionando uno de los puntos de reunión del barrio. "Tenemos gente que me conoce desde que nací, porque vienen desde el primer día. Somos el salvavidas de A Falperra, saben que van a tenernos ahí y, si les falta algo, vienen. Casi es una especie de centro social", asegura con humor el dueño del establecimiento.

Tanto es así, apunta, que cuando el Manila empezó a cerrar por las tardes, a los vecinos "les costó hacerse a ello". Y lo mismo les ocurrió a los padres de Daniel, que veían la calle "sin vida" y estaban acostumbrados a jornadas interminables tras la barra.

Dice el cocinero que siempre los recuerda "con mucho trabajo" y que es ahora cuando están recogiendo los frutos de todo ese esfuerzo. "La verdad es que son unos currantes, yo lo soy un poco menos. De joven echaba una mano cuando quería comprarme algo, pero, si no, solo venía a comer", confiesa entre carcajadas.

Con todo, alguna de sus vivencias más importantes se gestaron entre esas paredes, como las tardes de partido "cuando el Deportivo estaba en la Champions" y todos se juntaban ante el televisor. El escenario era el siguiente: una barra "a reventar" y sus amigos apiñados en unas mesas en las que siempre solía aparecer, más tarde o más temprano, una buena tortilla.

Ya entonces la mezcla despertaba pasiones. "El secreto es patata cortada a mano y mucha maña. Tenemos práctica porque aquí sacamos muchas, entre 20 y 50 cada día", indica el responsable, que cocina ahora mano a mano con su progenitora.

Mientras aprendía el oficio en el Siroco, siempre había algún instante en el que tenía que coger el teléfono y llamarla "para ver cómo se hacían las cosas". Ella, dice, es "el alma" de este bar icónico de A Falperra, que abre el apetito desde la acera con su olor a albóndigas, lasaña y los callos de los domingos. "Mi madre fue la que levantó esta cafetería. La fue trabajando sola, poco a poco. Hoy ya somos siete aquí y, aun así, no nos llegan las manos".

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