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Del mito a la realidad: la masonería en A Coruña

Ara Solis es una de las dos logias que existen en A Coruña, donde los integrantes debaten temas de actualidad, en contra de las falsas creencias que existen alrededor de la masonería

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A Coruña

Un cielo salpicado de constelaciones al alcance de la mano cercado por paredes rojas y, en el centro, tres pilares: sabiduría, fuerza y belleza. Eso alberga el local de Ara Solis, en A Coruña, una de las dos logias masónicas que existen en la ciudad a día de hoy. Con estancias repletas de tesoros históricos —cajas de cerillas de la Segunda República, cartas de denuncia enviadas por generales a Franco, copias de los mandiles de José Bonaparte y Mozart—, paredes decoradas con paneles explicativos y vitrinas con libros, los de la calle Noia se establecen como un grupo donde debatir sobre cuestiones de actualidad. "Los masones somos gente de este mundo", expone Álvaro Marcos, maestro masón de Ara Solis.

Marcos, ahora jubilado, tiene el grado 33 del rito escocés —distinción máxima de una de las ramas más conocidas de la masonería— y el nueve del francés —otra de las principales disciplinas—. Explica que en A Coruña surgió a principios de los 2000 la idea de hacer un Grande Oriente Ibérico que aglutinara España y Portugal. "La masonería se divide en obediencias, que son las grandes logias o los grandes orientes. Estos grandes orientes tienen una serie de logias que trabajan en su órbita, vamos a decirlo así", aclara Marcos.

¿Qué ocurre en el interior de una logia?

El maestro masón despeja los mitos y falsas creencias sobre la entidad simplificándolo en una sola frase: "Los masones somos gente de este mundo". Se puede definir la masonería como una institución filosófica, iniciática y fraternal dedicada al perfeccionamiento del ser humano y al progreso de la sociedad, constituyendo más un aprendizaje que una organización, sin imponer dogmas ni fes específicas.

"Los masones venimos de nuestra sociedad y tenemos las mismas preocupaciones. Tenemos familia, tenemos trabajos, disfrutamos de vacaciones, como cualquier ciudadano de España", añade Marcos. En consecuencia, refiere que sus reuniones consisten, más allá de aquello que guardan con discreción —que no secretismo—, en deliberar sobre "los problemas de la sociedad": desde la situación de la vivienda, hasta guerras y discriminación. "No somos diferentes del resto", añade. "Un hermano lee una plancha, que es un escrito sobre un tema, y lo debatimos", esclarece.

Se reúnen una vez al mes —aunque los martes hacen encuentros no obligatorios—, y un aspecto fundamental para poder participar en estos debates —y disfrutarlos— es la educación, una forma de rebelión velada en el panorama global actual. "Creemos que sin cultura no hay formación, entonces intentamos que el masón sea una persona instruida para que pueda elegir. Porque si no hay instrucción, no hay libertad. Y si no hay libertad, difícilmente va a poder haber una igualdad. Y si no hay igualdad, tampoco libertad. Es la pescadilla que se muerde la cola", opina Marcos.

Tienen, no obstante, dos líneas rojas que no cruzan en sus reuniones: "No hablamos de política ni de religión. Y, efectivamente, cuando alguien se acerca a nuestras filas, una pregunta que nunca hacemos es a qué partido político perteneces ni en qué religión crees o no crees", comenta Marcos, quien añade que su libertad tiene solo un límite: la ofensa a los demás. Un segundo paso sería llevar la solución debatida a la calle, a través de pequeños gestos: "En nuestro trato con amigos, en nuestro trato con otros hermanos. Nuestro trato es nuestro trabajo, tenemos que irradiar lo que nosotros pensamos, llevar esa fraternidad que predicamos".

Sabiduría, fuerza y belleza

Tres bloques de piedra reciben a los hermanos a la puerta de Ara Solis. Un primero sin trabajar, con formas brutas y aristas sin pulir; el segundo, un perfecto cubo; y el tercero como una elegante escultura. "Representan el alma", instruye Marcos, "cómo se va moldeando". Una persona recién iniciada cargaría a sus espaldas bordes indómitos, que van tomando forma cuanto mayor es el crecimiento personal.

La sala de reuniones del primer piso esconde el cielo en el techo. Pintado de azul oscuro y adornado con las estrellas de la noche, custodiadas por la luna y el sol, recibe a los integrantes de la logia con una iluminación tenue que deja entrever un suelo de ajedrez. Las paredes son de un rojo sangre y, en el centro, tres pilares: sabiduría, fuerza y belleza. "Son los tres pilares de la masonería", explica Marcos.

Para entrar en la logia, es necesario seguir un proceso. Primero, hay un contacto inicial con el grupo, para ser posteriormente entrevistado por diferentes hermanos. "Sobre tu forma de pensar, un poco sobre quién eres", explica Marcos. Después, la ceremonia de iniciación.

Participan en la agenda cultural de la ciudad mediante charlas sobre derechos humanos en centros escolares y edición de libros. "También tenemos un acuerdo con la Universidade da Coruña para hacer debates", puntualiza Marcos. En la actualidad son unos 30 hermanos, cifra que se acerca a la que tenían antes de la pandemia. "Llegamos a ser 40", dice.

Un breve repaso por la historia

Para comprender el relato de la masonería en la ciudad, es imprescindible la figura del historiador Alberto Valín. "A Coruña es una ciudad importantísima en la historia de España, porque en el siglo XVIII ya hay constancia documental de que hay masonería en la ciudad", relata Valín. El momento decisivo llega en 1814, tras el regreso de Fernando VII y la abolición de la Constitución de Cádiz. "Lo primero que prohíbe es la masonería", relata Valín. En este contexto nace la Logia Constitucional de la Reunión Española, que "es la única de la historia que desde el mismo título distintivo se define seguidora de un pensamiento político determinado, el liberalismo", remarca el historiador. Los masones de esta logia se reunían en un café de la calle Real, el Café de la Esperanza.

Poco a poco, se irían convirtiendo en una organización militar, compuesta por miembros del Cuerpo Real de Artillería, estructura clave para la conspiración que culminaría en el levantamiento coruñés de 1820 contra el absolutismo de Fernando VII. "Eso es importante en la historia política europea, no solo española, porque este golpe coruñés facilita que el resto de las burguesías subversivas de toda Europa usen la masonería como partido de vanguardia", expone Valín.

Son cuatro las etapas de la masonería en A Coruña. La primera empieza con la creación de la Logia Constitucional de la Reunión Española, y termina en 1823, con el fin del Trienio Liberal y la restauración absolutista. Tras un largo período de persecución y "larguísimo silencio", la segunda empieza con la Revolución Gloriosa de 1868, prolongándose hasta el desastre colonial de 1898. "Esa es la etapa dorada de la masonería coruñesa", dice Valín, que afirma que "A Coruña siempre fue la creadora de las distintas etapas que tuvo la historia de la masonería gallega".

La tercera etapa arranca en torno a 1907 y termina con la Guerra Civil de 1936. La cuarta se inicia en 1987 y continúa hasta nuestros días. "Es una masonería que ya no se esconde", puntualiza. Los curiosos pueden ampliar sus conocimientos con la reedición de las obras del historiador, titulada Masonería y conspiración liberal en España. A Coruña, un ejemplo primordial y paradigmático.

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