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Amparo Alonso, catedrática en la Universidade da Coruña y Premio Nacional de Informática: "La regulación de la IA es imprescindible"

La investigadora gallega, que desarrolla su actividad en el Citic de A Coruña, recibe el reconocimiento a su trayectoria en inteligencia artificial, iniciada en 1984, y el carácter pionero de sus trabajos

La investigadora María Amparo Alonso Betanzos, catedrática de la Universidade da Coruña.

La investigadora María Amparo Alonso Betanzos, catedrática de la Universidade da Coruña. / Xurxo Lobato

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A Coruña

La Sociedad Científica Informática de España y la Fundación BBVA concedieron el Premio Nacional de Informática José García Santesmases a la investigadora María Amparo Alonso Betanzos, que lleva a cabo sus estudios sobre inteligencia artificial en el Centro de Investigación en Tecnoloxías da Información e as Comunicacións (Citic), de la Universidade da Coruña. Este reconocimiento se entrega por su trayectoria innovadora en un área puntera y la apuesta por la docencia para divulgar la inteligencia artificial.

Este reconocimiento es por su trayectoria, ¿lo celebra pensando en todo lo vivido?

Estoy muy contenta y no solo desde un punto de vista personal, también por los equipos. Cuando se da un premio a una trayectoria, considero que no solo te premian a ti, sino a toda la gente que ha trabajado contigo durante muchos años. Es un galardón también para los grupos en los que has conseguido desarrollar todo ese trabajo. Es una trayectoria larga ya, que empezó en la Universidade de Santiago, siguió en Estados Unidos y desde hace mucho tiempo trabajo en el Citic de la UDC. Mi trabajo aquí en la UDC es el que me ha permitido estar en esta posición ahora mismo.

Destacan en el galardón su abordaje en la inteligencia artificial. Este tema copa titulares ahora, ¿pero cómo empezó usted en el área?

Empecé a trabajar en inteligencia artificial en lo que entonces fue la tesina de licenciatura, hoy sería el equivalente a un trabajo fin de máster, en la Universidade de Santiago. Allí comencé en el desarrollo de sistemas inteligentes para una aplicación clínica. Concretamente, para un sistema de ayuda a la decisión de los obstetras en el diagnóstico y el pronóstico del bienestar fetal. Esto fue en 1984. Después de esto seguí trabajando en ese tema, amplié el trabajo y defendí una tesis cuatro años después sobre varios campos de la obstetricia, desde la antenatal hasta el trabajo durante el parte. Me ofrecieron un posdoctorado en Estados Unidos, en donde trabajé en aplicaciones clínicas de la IA, y coincidiendo con la escisión del sistema universitario en Galicia, recalé en A Coruña.

Y después de cuatro décadas trabajando en inteligencia artificial, ¿cómo percibe el momento que vive esta tecnología?

En los años 80, empecé a trabajar en lo que se llama la época industrial de la inteligencia artificial. Empezábamos con los sistemas expertos y muchas de las cosas que hoy en día son corrientes, en aquel entonces eran prácticamente un sueño. Los ordenadores de aquel momento no nos permitían ir mucho más allá, tampoco teníamos esta gran cantidad de datos. Toda esta explosión de la inteligencia artificial me emociona, en el sentido de que vas cumpliendo etapas de lo que soñaste como investigadora en los años 80, y, por otra parte, no deja de sorprenderte también la capacidad de evolución tan rápida que tiene la disciplina.

Si el Premio Nacional de Informática conllevase un deseo, ¿qué le gustaría que sucediese en su ámbito?

Me gustaría que Galicia, en particular la UDC, sea un entorno cada vez más puntero en inteligencia artificial. Tenemos los mimbres en nuestra comunidad para conseguir poner una pica en Flandes en ese sentido. Me gustaría avanzar hacia una inteligencia artificial responsable y empleable para todos, es muy difícil porque muchas veces no coinciden los intereses de las grandes multinacionales tecnológicas con los intereses de las personas. La inteligencia artificial es una tecnología que nos puede ayudar muchísimo en áreas tan importantes como la medicina personalizada. Me gustaría tener una inteligencia artificial de la que hablemos en el futuro como punto positivo para la humanidad.

¿Y la paridad ha avanzado en el sector desde sus inicios?

No mucho. Si vemos la evolución de la Ingeniería Informática, por ejemplo, cuando yo llegué a A Coruña teníamos el porcentaje de mujeres alrededor de un 30%. Eso ha ido bajando y, de media en toda Europa, la carrera está en un 12% y no conseguimos subirlo. Sin embargo, sí que hay otros datos para la esperanza. En la UDC tenemos otras dos titulaciones, Ingeniería de Datos e Inteligencia Artificial, y ahí el número de mujeres ha subido mucho en matrícula. Estamos otra vez en el 30%. A mí me gustaría que esa cifra aumentase si es posible porque es muy importante la diversidad en los equipos de investigación. Cuando desarrollas una herramienta, la desarrollas conforme a cómo tú ves el mundo y es esencial que el mundo tenga todas estas perspectivas de los diferentes géneros y otras cualidades.

Otro de los motivos que justifica su reconocimiento es la docencia en IA, ¿en qué punto está dentro del sistema educativo?

Todo ha cambiado. De empezar a dar un poco de materia sobre inteligencia artificial en el doctorado de la USC, porque la inteligencia artificial entonces no estaba en ningún plan de estudios, a que tengamos un grado hoy en día en la UDC, en las tres universidades gallegas de inteligencia artificial. Es un abanico entero de vida y evolución también de la inteligencia artificial.

En su trabajo habla de inteligencia artificial escalable. ¿Cómo explicaría a alguien corriente lo que esto significa?

Siempre me interesó la inteligencia artificial desde el punto de vista de para qué sirve aplicada a las personas, porque es muy gratificante. Empezamos a trabajar con algoritmos basados en datos y nos empezó a importar qué pasaba con la privacidad de esos datos, cómo podíamos hacer esos modelos más escalables en el sentido de que a veces los modelos se hacen tan grandes que son es muy difícil explicar qué es lo que hacen. Es como el término de caja negra aplicado a los modelos de redes neuronales: sabes qué entra, sabes qué sale, sabes que hay unos algoritmos en medio que puedes explicar, pero no puedes bajar al nivel de los datos. Nos interesa esta posibilidad de una inteligencia artificial más transparente.

Otros dos adjetivos que suma a la IA es explicable y sostenible. ¿Es el futuro?

Ahora mismo trabajamos en el grupo en inteligencia artificial frugal, pero, en realidad, eso es lo que hemos hecho siempre. Intentamos que nuestros modelos tengan niveles de rendimiento comparables o incluso mejores a los modelos mucho más complejos. El objetivo es obtener el mismo resultado empleando menos datos, menos tiempos de entrenamiento, menos recursos computacionales, es decir, máquinas menos complejas, y menos uso energético. Muchos de sus algoritmos consumen enormes cantidades de energía de agua. Entrenar a ChatGPT equivale a arrojar más de 500 toneladas de CO2 a la atmósfera. Nuestro enfoque frugal es reducir el impacto ambiental y ser más eficientes más fiables y más accesibles. Eso nos permite mayor autonomía tecnológica y una inteligencia artificial también más democrática.

¿La inteligencia artificial es una tecnología desigual?

Conseguir una inteligencia artificial más democrática permitiría desarrollar algoritmos potentes con menos necesidades computacionales. Esto permitiría que las pymes, otras organizaciones, las administraciones y los centros de investigación pudiesen desarrollar soluciones propias. Es soberanía tecnológica. Si careciésemos de ella estaríamos supeditados a estas grandes empresas tecnológicas que todos conocemos, prácticamente monopolios porque solo ellas tienen los recursos computacionales económicos y de personas que son necesarios. La inteligencia artificial frugal nos permite tres cosas: tener sentido para las personas, trabajar con sostenibilidad medioambiental y social y reforzar la soberanía tecnológica.

¿Guarda preocupaciones sobre el uso social de esta tecnología y las legislaciones que se están elaborando?

La regulación es imprescindible. Es una tecnología muy potente que nos ha demostrado que tiene repercusiones sociales, como la posible revelación de datos personales, temas de privacidad o los deepfakes, el uso de la inteligencia artificial con fines no deseables. Estamos usando sistemas de inteligencia artificial que pueden ayudar a tomar decisiones en campos muy críticos. Es necesario regular estas situaciones. Comparto esto, salvando las distancias, con los automóviles. En los años 60, se metían quince personas en un Seat 600 y no teníamos cinturones de seguridad ni muchas de las cuestiones que son básicas actualmente. La tecnología en los automóviles ha aumentado mucho pero también hubo muchas regulaciones que han ido cambiando. Con la inteligencia artificial hay que regular cómo se usa, quién lo puede conducir, cómo se conduce, cuáles son las normas.

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