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El bar de Monelos que ya vende 46.000 tortillas en A Coruña: "Tardamos 7 años en llegar a la receta"

El Picnic, que prepara a diario casi una veintena de variedades de este plato, celebra este domingo su aniversario tras consolidarse como un fenómeno de masas en la urbe

Laura Lastra, dueña del bar, con su famosa tortilla.

Laura Lastra, dueña del bar, con su famosa tortilla. / Casteleiro

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Dirimir cuál es la mejor tortilla de A Coruña es un debate acalorado que nunca suele zanjarse del todo. Pero de lo que no hay duda es de que en la ciudad existen locales que se han convertido en un referente y que cualquier coruñés conoce incluso aunque nunca haya cruzado sus puertas.

El bar Picnic, ubicado desde hace doce años en la Avenida Monelos, es uno de esos establecimientos que han hecho del huevo y las patatas su buque insignia. Solo hay que calcular las comandas y dejarse asombrar por todos sus ceros: "El año pasado estábamos por 44.000 al año. Ahora estamos por 46.000. La verdad es que hay días que estamos desbordados", asegura la copropietaria, Laura Lastra, que se prepara para uno de los eventos más especiales del negocio.

Este domingo 19 de julio, el local celebrará su tiempo en el barrio con una fiesta con DJ, pinchos, un foodtruck y "merchandising del bar y del orgullo de ser de A Coruña". El evento comenzará a las 18.00 horas y desde el establecimiento adelantan que "habrá sorpresas" que aún no pueden desvelarse, pero que están relacionadas con el mundo "del modelaje y de la interpretación".

LAURA DEL BAR PICNIC

Así es el interior de la tortilla del Picnic, una de las más célebres de A Coruña. / Casteleiro

Lastra asegura que será "un fiestón más otro fiestón", porque el destino ha querido que coincida con la final de España en el Mundial de Fútbol, que se retransmitirá en el bar. "Todo esto lo hacemos por agradecimiento a los clientes y porque cada año vamos creciendo", dice la dueña, "ilusionada". ¿Se lo imaginaba cuando empezó? "Jamás".

Bar Picnic, el fruto de tres generaciones de amor a la cocina

Este templo coruñés de la tortilla casi forma parte del árbol genealógico de Lastra. Para encontrar el origen de su destreza en los fogones hay que remontarse hasta a dos generaciones atrás y llegar a su abuela, una entusiasta de los hornillos que metió la pasión por el delantal en el ADN.

La propia madre de Lastra era cocinera y de ella le viene esa forma de hacer una de las tortillas más famosas de A Coruña. El cuajar de los huevos, el corte de las patatas y el giro de muñeca en la sartén han llegado a adquirir hasta cierta aura mágica, o eso se intuye en las palabras de la tercera chef de la familia. "Es un don", apunta entre risas la hostelera, que montó el negocio en contra de los deseos de su progenitora.

"Mi madre siempre me decía que no me metiera en esto, ¡y ahí fui yo! Sí que es cierto que es muy esclavo y la exigencia es máxima, pero a mí me gustaba. Conocí a mi socio [Diego Viñán], que tenía el sueño de un local y nos juntamos", explica la hostelera.

Por aquel entonces, Lastra ya llevaba diez años trabajando en el sector mientras estudiaba Administración de Empresas. Tenía apenas 27 años, pero seguramente lo más importante era de lo que carecía: "Era muy joven, no le tenía miedo a nada", apunta con orgullo.

Ahora, la celebración del aniversario está cerca y tiene mucho más presente aquellos primeros días en su negocio. Comenzó unos metros más arriba de la avenida, en el antiguo Bar Monelos, y se trasladó al actual Picnic cuando las tortillas empezaron a hacerse un sitio en el mapa gastronómico de la ciudad.

Confiesa que se necesitó tiempo para alcanzar la versión definitiva de la que ahora presumen y en la que la "sin cebolla" gana por goleada. "Tardamos siete años en llegar a la receta. Cuando empiezas no tienes ni idea de patatas, huevos... Luego vas conociendo a los proveedores", recuerda Lastra, que despacha ahora casi una veintena de variedades distintas de su famoso plato.

Cuatro de ellas son veganas y una, la de bacon y relleno de cheddar, ha resultado ser "un bombazo" tanto en el local de Monelos como en su segunda sede en el barrio de Elviña. La hostelera siempre prueba personalmente cada nueva combinación antes de meterla en carta, un menú que, en estos diez años, se ha ido engrosando poco a poco.

Dice que siempre tuvo claro "que quería destacar por la tortilla" y probablemente esa determinación fue la que le ayudó en los momentos más difíciles, como la pandemia o la subida del precio de los huevos. "Recuerdo una vez que estaba en la cocina desde las 8.00 horas y había estado trabajando hasta la noche. Estaba agotada. Entonces mi socio me dijo que saliera y vi el local repleto. Fue un momento en el que tomé conciencia. Me dije: 'Qué pasada, a la gente le gusta lo que hago'".

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