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El rincón más inglés de A Coruña es una floristería al aire libre y lo cultiva una vecina de A Zapateira: "A veces empiezo a las diez y salgo a las once de la noche"

La parcela, inspirada en los jardines de Inglaterra, cuenta con más de un centenar de flores, que los visitantes pueden cortar ellos mismos para diseñar sus ramos

Vicky Fragio, la creadora de este peculiar jardín inglés en A Zapateira.

Vicky Fragio, la creadora de este peculiar jardín inglés en A Zapateira. / Casteleiro

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Las primeras flores que plantó Vicky Fragio fueron unos rosales David Austen y las dalias más extrañas que pudo encontrar en Internet. No tenía ningún objetivo concreto. Solo sabía que le gustaba el campo y que, donde otros veían una finca inútil llena de maleza, ella intuía una oportunidad de oro para practicar sus dotes de horticultora.

Hoy, ese rincón se ha convertido en un auténtico jardín inglés escondido a un paso de Alfonso Molina, que los visitantes recorren con pausa para cortar las flores que desean para sus ramos. Es, como dice su dueña, "una floristería al aire libre", que acerca el lado más silvestre de la campiña británica al barrio de A Zapateira y que ya cuenta con más de un centenar de plantas.

VICKY EN VLOMMA SU ESTUDIO VIVERO DE FLORES

Vicky Fragio, en el jardín de Vlomma Estudio Floral. / Casteleiro

"Si alguien tiene un evento o simplemente quiere tres o cuatro flores para su casa, puede venir aquí a elegirlas personalmente o decirme qué prefiere. También hay gente que viene a hacer talleres de arreglos florales. Mi idea es que el jardín sea como una experiencia, como si fuera el de una casa", explica Fragio, que acabó transformando aquella parcela olvidada en la semilla de un negocio -Vlomma Estudio Floral- desde el que hoy hace centros y prepara envíos tanto para A Coruña como para sus alrededores.

Aunque se lo han pedido -la última vez, desde Cataluña-, dice que no se atreve a mandar sus flores más lejos, porque teme que no resistan. Y, si algo le duele a esta jardinera, es que sus amarantos y dalias se malogren. "Las corto el mismo día, idealmente al caer la tarde, para que no sufran por el calor. Aunque siempre hay bajas, porque a los ratones les gusta comerse los bulbos", lamenta la horticultora, ahora afanada en la siembra para la primavera que viene.

Reconoce que siente debilidad por los especímenes extraños, de esos que difícilmente se le pueden comprar a un proveedor, y por eso siempre está buscando nuevas incorporaciones que hagan que el jardín Vlomma sea aún más especial. El conjunto tiene cierto aire salvaje, como el que uno encontraría en la naturaleza, y Fragio confiesa que es a propósito, para que "al pasear no veas siempre las mismas flores".

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La floristería al aire libre de Fragio tiene más de un centenar de flores y hasta 30 variedades de dalias. / Casteleiro

Entre ellas, destacan los cosmos, una de esas joyas silvestres que es difícil que lleguen en buen estado a tierras gallegas desde Holanda. Pero cualquiera que entre en este refugio natural de A Coruña tarda apenas unos segundos en determinar cuál es en realidad la gran obsesión de la jardinera: las dalias, de las que tiene hasta 30 variedades distintas.

Cada una de ellas es tan diferente del resto que a veces no parecen que sea la misma flor. "La verdad es que gustan mucho. Incluso hay gente a la que no le gustaban las dalias hasta que vio las mías", apunta con orgullo la dueña de esta peculiar floristería de A Coruña, "un concepto de negocio extraño que no todos entienden".

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Algunas de las flores de este jardín de A Zapateira. / Casteleiro

Su vecino, al que le pidió prestada la finca allá por 2021, es uno de los que sigue observando incrédulo sus avances. "Él flipa y me pregunta si seguiré viniendo aquí cuando me jubile y yo le digo que sí. Si me dicen que no puedo venir, me daría un bajón. A mí el jardín me da la vida".

El jardín "terapéutico" de A Zapateira para pasar la tarde

Mantener un jardín con el volumen de flores del que presume Fragio implica un trabajo continuo. Todos los días toca hacer algo, ya sea sembrar, quitar las malas hierbas o retirar las flores marchitas para que "la planta siga produciendo".

En ocasiones, la coruñesa coge la tijera de podar también los sábados y los domingos o pierde la noción del tiempo mientras se reclina sobre la tierra. "A veces empiezo a las diez y salgo a las once de la noche. El otro día me lié y pasé de las doce", recuerda entre risas la jardinera, convencida de seguir "mientras el cuerpo acompañe" porque "lo siento como algo terapéutico".

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La jardinera coruñesa de A Zapateira, con una de sus plantas. / Casteleiro

La sensación la ha acompañado siempre, desde aquellos veranos que pasaba con su madre en la aldea ayudando en la granja de vacas de su familia y coleccionando cactus en el alféizar de la ventana. Cuando tuvo su propia huerta, empezó a llenarla de tomates y de guisantes de vaina morada, experimentando con "todo lo que era raro" y enganchándose irremediablemente a la jardinería.

Sorprendentemente, sin embargo, lo mantuvo como un hobby hasta que la pandemia le dio la vuelta -como le ocurrió a tantos otros- a su carrera. Tras 20 años en el despacho de una procuradora, una wedding planner le propuso decorar una boda y ya no hubo marcha atrás. "Al principio dudaba de qué era lo que prefería, pero ahora ya no. Aquí me siento fenomenal".

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