Los dos nuevos 'honoris causa' de la Universidade da Coruña elogian al nuevo talento en su ceremonia: "Sin dinero no se avanza"
Los investigadores Marisol Soengas y Emery Brown recibieron el reconocimiento en una ceremonia oficial esta mañana en la rectoría de la Universidade, en la cual dedicaron un tiempo para hablar sobre los retos pendientes y la necesidad de colaboración entre instituciones y disciplinas

Marisol Soengas y Emery Neal Brown durante la investidura 'honoris causa'. / Casteleiro
Los investigadores Marisol Soengas y Emery Brown reciben el 'honoris causa' de la Universidade da Coruña por sus contribuciones a la ciencia con trayectorias "excepcionales" y trabajo "de excelencia" en los estudios del melanoma y la comprensión de la anestesia. Ambos comparecieron esta mañana en la rectoría de la UDC, antes de la investidura, para agradecer el reconocimiento y expresar tanto la importancia de la investigación como los retos superados y los todavía pendientes. “En el año 2000, la vida media de un paciente con melanoma metastásico era de un año. A través de las nuevas terapias, ahora hablamos de un tiempo de cinco a diez años. El melanoma era una caja negra cuando empecé, ahora es gris y abierta”, comentó en su intervención Soengas, muy vinculada a la UDC.
“Los cambios de gobierno en Estados Unidos han dificultado el avance de la ciencia. Tengo amigos que han tenido que cerrar sus laboratorios y, en general, todos hemos tenido que reducir el tamaño de nuestros espacios de trabajo. Hemos perdido miles de expertos en el Instituto Nacional de Salud. Es una lástima, porque esa gente creía en el sistema y les gustaba su trabajo. Esas personas trabajaban pensando qué deberíamos estudiar para llegar al pueblo, cuánto debíamos dedicar al cada proyecto. Ya no los tenemos más. Vamos a tardar diez años o más en regresar al punto en el que estábamos”, expresó Brown durante su turno.
Marisol Soengas, nacida en Agolada, es una destacada investigadora en el ámbito del melanoma y sus trabajos han permitido avanzar en el estudio de nuevos mecanismos de detección y nuevas terapias para el tratamiento. Sus resultados han sido avalados por revistas científicas de prestigio mundial y en su trayectoria aparecen nombres como Margarita Salas, su directora de doctoramiento, o el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, donde lideró el grupo de estudio de melanoma al regresar de Estados Unidos.
“Ver hablar a personas con poder de influencia de pseudociencia es una frustración tremenda. Hay personas que sin saber son influencers en el mal sentido. En lo referente a este futbolista (en referencia a Marcos Llorente) que habla del callo solar y de exponerte y resistir, la piel tiene memoria y se acumulan las lesiones. El callo solar no existe. Hay mucha pseudociencia, más incluso alrededor del cáncer por desesperación o falta de información. Hay que contar bien la ciencia. El paciente tiene que estar informado. Debemos dedicar más tiempo a la humanización del paciente”, detalló Soengas.
Emery Neal Brown es uno de los científicos estadounidenses de mayor prestigio en el presente, reconocido con la Medalla Nacional de Ciencia y como el primer afroamericano miembro de las Academias Nacionales de Ciencias, Medicina e Ingeniería. Su enfoque innovador en el estudio de la anestesia desde la ingeniería y la estadística ha permitido avanzar en investigaciones sobre los ritmos biológicos o el funcionamiento de los anestésicos en el cerebro. Es profesor en Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
“La anestesia es como un coma reversible y se produce para resistir una cirugía. Te dejamos entrar en el coma y te ayudamos a salir. Los anestesistas no saben lo que sabemos y al no saberlo, no se pueden aplicar mejoras. Pero sí que sabemos bastante sobre la anestesia y si no entiendes cómo funciona, no puedes cambiar los efectos y el servicio a nuestros pacientes. Hay minas de oro que no hemos tocado porque hemos aceptado nuestra ignorancia sobre el cerebro. Si lo estudiamos, mejoraremos la calidad de la anestesia”, detalle Brown.
Esperanza en la tecnología y el nuevo talento
"Mi mejor logro son los estudiantes que he formado", afirma Emery Brown, que reconoce a los jóvenes "la energía con la que animan a seguir". Añade el estadounidense que, de todo su trabajo, sus méritos "más importantes" son los avances en el modo de entender los anestésicos y los ritmos humanos. Soengas revalida esta apuesta por el nuevo talento y los equipos científicos, "un gran valor" para la investigación. "Nós vimos ao mundo cunha alforxa de preguntas", citó la gallega en referencia al personaje de Balbino, protagonista de Memorias dun neno labrego, y a sus orígenes rurales que le insuflaron "afouteza".
"Tenemos tecnologías que permiten una secuenciación completa del tumor. Eso es un cambio radical, porque está permitiendo una terapia más dirigida. La inteligencia artificial es importantísima. A la biología molecular se han incorporado técnicas de matemáticas, física, nuevos materiales, nuevas estructuras. Hace 10 años no nos podíamos estar imaginando estas terapias. Ahora, los estudiantes tienen que formarse en muchas disciplinas y en biocomputación es esencial. El reto es poder analizar esto para que llegue al paciente y el problema es la falta de estructuras en hospitales de España. La ciencia no acaba en nuestro laboratorio", explica Soengas.
La investigadora gallega lanza un mensaje claro a instituciones públicas y privadas. "Necesitamos dinero y sin dinero no se avanza", sentencia. Se muestra favorable a la colaboración con empresas farmacéuticas "para beneficiar la investigación" y reconoce que existen "oportunidades que te da el sector", así como una urgencia por el mecenazgo y la filantropía para la ciencia. "Los científicos no podemos llevar un compuesto al paciente, es necesaria la colaboración", indica. Afirma que "lo que debe pelearse es el precio" y lanza el dato de que, en España, "hay un retraso de 600 días entre la aprobación de fármacos por la Agencia Europea del Medicamento y la incorporación al Sistema Nacional de salud".
"Llevamos más de 30 años sin tener nueva anestesia. Las compañías dicen que lo que estamos ofreciendo funciona y no tenemos por qué hacer nada nuevo. Sin el empujón de los pacientes o de los anestesistas, nada cambia. El primer uso de anestesia fue en 1846 en los Estados Unidos y fue éter. Cambió la cirugía completamente. Las investigaciones en cirugía en este momento estudiaban mejores formas de atarte para operarte. En cuatro o seis semanas el éter llegó a Inglaterra, a Francia y todos entendían exactamente el impacto del descubrimiento. Este es el problema para nosotros. Se puede resolver fácilmente, pero el interés no existe", lamentó Brown.
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