El Patronato de Protección a la Mujer se transforma en teatro en A Coruña: "Las víctimas y las supervivientes no tienen que perdonar a nadie"
La obra teatral 'Non precisamos perdoar' revive la historia de las supervivientes de la institución franquista en una única función en A Coruña este jueves, en el teatro Colón a las 21.00 horas

Montaje de 'Non precisamos perdoar' en el teatro Colón. / Gus de la Paz
El Patronato de Protección a la Mujer revive sobre las tablas del teatro Colón de A Coruña solo durante una función de Non precisamos perdoar para recuperar la historia de las supervivientes de la institución. A las 21.00 horas, una ficción de aquellas violencias expondrá una de las "cuentas pendientes" de la Memoria Democrática, como lo define su dramaturga y productora, Eugenia Sanmartín. "Uno de los motores de la obra es la todavía agresión a las personas supervivientes. En esta obra buscamos la memoria, el testimonio, la vivencia; un homenaje a esas llamadas que debían realizarse de madrugada para hablar del tema, cuando todos dormían, por vergüenza y miedo", detalla.
Sanmartín no quiere desvelar demasiado del argumento, que sigue desde las técnicas más contemporáneas el mantra de "Ni olvido ni perdón: verdad, justicia y reparación". "El Patronato fue una institución de sadismo pseudopsiquiátrico. Nos centramos en dos cosas en concreto durante la producción: en la barbarie represiva contra la mujer que llega hasta hoy y en una entrevista a supervivientes del Patronato, en la que les preguntaron qué necesitaban para perdonar. Las víctimas y las supervivientes no tienen que perdonar a nadie", detalla la dramaturga.
En lo técnico, Sanmartín explica que Non precisamos perdoar es "puro teatro" actual y el peso recae en la acción y la imagen. "El texto se aleja de lo documental y entra en el mundo más poético, porque no pretendemos dar dimensión documental. Nos acercamos a una evocación", indica. La obra se representa en gallego, pero contiene fragmentos en castellano, "que representan a las instituciones opresoras, porque el idioma también fue parte de la represión". El apartado técnico lo cierran Cristina Moreira, Sonia Ruiz Parra y Ángel Simón en interpretación, Helga Méndez en lo escénico, en el apartado musical lidera Barahúnda y la iluminación corre a cargo de As Dúas e Punto.
"La inspiración me llegó a través de una alumna de un aula amateur en Ares, que me comentó la historia, y el trabajo de Belén López en Ninguén falou delas. Conocimos a mujeres durante la producción y pudimos saber de primera mano. Me gustaría que esta obra de teatro resultase terapéutica en el sentido de liberarse, de que estas mujeres sientan una catarsis. Para nada es un robo de sus voces", expone Sanmartín, que adentra por primera vez en la producción teatral. Non precisamos perdoar recibió el premio Luisa Villalta a proyectos por la igualdad de la Diputación de A Coruña y contamos con la financiación de otras instituciones, como el Ministerio de Igualdad.
El trasfondo real del Patronato
La investigadora del Patronato de Protección a la Mujer y comisaria de la muestra Ninguén falou delas, Belén López, es una de las estudiosas del pasado de la institución franquista y viene de desmontar la exposición en A Coruña, en la Casa Museo Casares Quiroga, sobre esta materia. López afirma que en la ciudad, la oficina se encontraba en el edificio del Banco Hispanoamericano y allí, las "celadoras de la moralidad", actuaban con impunidad para detener a mujeres de todas las edades, incluso niñas.
"Era posible ser detenida por una denuncia pública sobre tu comportamiento o carácter y otra medida muy común era la entrada a la institución por parte de padres o hermanos. La pobreza estaba en ocasiones detrás de esto. Por otro lado, los pocos ingresos voluntarios fueron para evitar abusos sexuales por parte de familiares", explica sobre la institución, que entró en funcionamiento en 1902 pero se transformó "para comenzar el horror" en 1941 por Francisco Franco, "bajo la misión de dignificar la moral de la mujer acorde a las instituciones religiosas".
"El Patronato de Protección a la Mujer realizaba siempre en el ingreso una prueba de virginidad y un test psiquiátrico. Si la prueba de virginidad salía negativa, te derivaban a otros correccionales más severos. En todos los centros había celda de castigo y compartían entre ellos muchos métodos. Por ejemplo, si una mujer se orinaba en la cama, le restregaban ortigas por la vulva. Se sucedían los maltratos físicos y psicológicos de todo tipo, muy perversos, más allá de las palizas", detalla.
"Otras torturas eran de tipo público para humillar y exponer. Cuando una mujer recibía su primera menstruación, tendían su sábana y la obligaban a arrodillarse frente a ella, que la tocase con la cara. Había hambruna general entre las reclusas, tanto que algunas supervivientes aseguran haber robado basura y comida de animales para alimentarse. Ejercían violencia estética, les rapaban el pelo. La historia del Patronato de Protección a la Mujer es una de las grandes deudas democráticas", sentencia.
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