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La pastelería de A Coruña oculta por un andamio desde hace cinco años: "La gente nos encuentra por el olor"

El obrador lidia desde 2021 con una estructura de metal pegada a su fachada. La fecha de retirada sigue en el aire: "Aún no ha empezado la obra"

Rosa Cerchar, junto al andamio que tapa la entrada de su pastelería frente a la plaza de Pontevedra.

Rosa Cerchar, junto al andamio que tapa la entrada de su pastelería frente a la plaza de Pontevedra. / Gus de la Paz

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La confitería de Rosa Cerchar y Miguel López llevaba solo tres meses abierta cuando apareció el andamio. Una estructura de metal que les ocultó a la vista de los transeúntes e hizo menguar la caja de un negocio que, hasta entonces, había gozado de una gran afluencia entre los coruñeses.

Aquello ocurrió en 2021 y hoy, más de cinco años después, el andamio permanece frente al local sin fecha próxima de retirada. "Aún no ha empezado la obra y ahora también nos han tapado por delante con una valla. Ya no nos ven ni desde la parada de bus de la plaza de Pontevedra", lamenta Cerchar desde O Pettit, un pequeño obrador de dulces que ya ha perdido la esperanza de que la gente se cruce por casualidad con su escaparate.

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El andamio frente a la fachada de O Pettit. / Gus de la Paz

Los andamios se instalaron en mayo de aquel año para la rehabilitación de la parte frontal del edificio, pero la repostera denuncia que no fue hasta "hace dos semanas" cuando la estructura se colocó en toda la fachada y no solo en la primera planta. También fue hace poco cuando se escogió a la empresa que realizará la obra. "La comunidad de vecinos no se ponía de acuerdo. Ahora quedará medio año más seguro, aunque hasta que veamos a los obreros no nos lo vamos a creer", apunta Cerchar, que ha tenido que confiar en "el boca a boca" para la supervivencia de su pastelería.

Porque, desde que el metal les tapó, "la gente bordea" la zona y no les ven. "Al final son los clientes los que te traen a otros clientes. La gente nos encuentra por el olor también. Al menos la empresa nos ha dicho que nos va a poner un cartel y hemos tenido la suerte de que nuestro producto ha gustado", se consuela la artesana, aunque el andamiaje, y no los dulces, sean los que hayan acabado caracterizando al negocio. "Yo ya se lo digo a todo el mundo: 'Somos los que estamos debajo del andamio'".

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La propietaria de O Pettit, con su famosa tarta de queso. / Gus de la Paz

O Pettit, la confitería que sobrevive con cruasanes y tarta de queso

Incluso estando encajonado entre barras y tuercas, O Pettit ha logrado mantenerse con la fama de sus postres artesanales. El más laureado es la tarta de queso, que preparan al estilo de La Viña y desmarcándose de "la moda de los toppings de sabores".

La suya es una "versión clásica con queso asturiano", a la que se le puede añadir "arándanos o base de galleta" y, los fines de semana "marcarpone, queso de cabra o azul para los más queseros". Los minicruasanes, preparados cada día en el horno del diminuto establecimiento -de ahí el nombre de O Pettit-, son otros de los postres que atraen a la clientela a pesar de la plataforma colocada para unas obras que ya parecen eternas.

Estando ahora en plena campaña de verano, también alguno de los numerosos turistas que llegan a la urbe se tropieza con el local para conseguir su tarta de almendra o su bica gallega. En total, por O Pettit pasan cada día "entre 100 y 150 personas", que salen cargadas de alfajores, bollería y tartaletas de frutas de colores.

La cifra es sólida, pero Cerchar asegura que la falta de visibilidad que sufren les ha lastrado. "Las primeras semanas que estuvo el andamio ya notamos el bajón. Después de un año o dos tuvimos que hablar con el propietario para acordar un nuevo precio de alquiler, porque la caja ya no es la misma", cuenta la artesana, que no lamenta, a pesar de todo, haber iniciado su pastelería en este rincón del centro de A Coruña.

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Algunos de los alfajores que se preparan en O Petti. / Gus de la Paz

Cuando se topó con él nada se sabía de las obras y ella tenía ganas de cambiar de aires. "Estaba trabajando de repartidora y vi el local. Como siempre me había gustado la repostería, me metí a ello", recuerda la comerciante.

Al final, la hostelería le enganchó y abrió otro establecimiento en el número 90 de San Andrés con otro concepto, pero la misma mala suerte que en la plaza de Pontevedra. "Nos comimos la obra de San Andrés a los tres meses y decidimos cerrar. Ahora lo reabriremos con tartas de queso y pizza gallega", explica Cerchar con esperanza. En este nuevo proyecto no pide mucho: con romper el ciclo de las reformas y mantenerse alejada de los andamios, ya será una victoria.

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