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La playa del Orzán, un remanso de diversidad y ambiente en el corazón de A Coruña: "Hay vida, pero sin llegar a ser estresante"

Los usuarios del Orzán valoran positivamente su integración urbana y servicios, pero echan en falta baños públicos y advierten sobre la peligrosidad de sus corrientes

Los usuarios de la playa del orzán opinan del arenal

Gus de la Paz / Inés Vicente Garrido

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A Coruña

La playa del Orzán cambia de aspecto casi a cada hora del día. Por la mañana predominan quienes buscan nadar con calma o pasear junto al mar; a medida que avanza la tarde llegan los grupos de amigos que se reúnen en el muro que preside el arenal y, cuando cae el sol, el ambiente se vuelve todavía más animado. Situada en pleno centro de A Coruña y unida a Riazor por el rompeolas, es una de las playas urbanas más concurridas de la ciudad y uno de esos lugares donde cada usuario encuentra un motivo distinto para volver. Precisamente esa diversidad hace que quienes la frecuentan coincidan en muchas de sus virtudes, aunque también señalan algunos aspectos que, a su juicio, podrían mejorar.

La cercanía al centro es, con diferencia, el aspecto más valorado. No hace falta coger el coche ni planificar una jornada completa para disfrutar del mar. En apenas unos minutos se puede pasar de una calle comercial a la arena, una comodidad que los habituales consideran uno de los grandes atractivos del Orzán.

Mencía Rey resume esa ventaja con claridad: "Lo que más me gusta de Orzán es la accesibilidad que tiene. Si necesitas cualquier cosa, vas un momento al súper y vuelves. Está muy cerca del centro y eso hace que sea una playa muy cómoda para venir cualquier día".

Una opinión que comparte Andrea Canal, para quien esa integración con la ciudad marca la diferencia respecto a otros arenales. "Me gusta muchísimo lo cerca que está de la ciudad. Estás caminando y puedes ir a una cafetería o comer algo sin necesidad de coger el autobús. Además tienes el paseo marítimo, las duchas y todos los servicios muy cerca. Es una playa que forma parte de la ciudad", argumenta la joven.

Mencía Rey, usuaria de la playa de Orzán

Mencía Rey, usuaria de la playa de Orzán / Gus de la Paz

Ángel Fraga también destaca esa ubicación privilegiada. "Es una playa que está bastante bien porque está al lado de la ciudad y es muy accesible para todo el mundo. En invierno puedes venir a pasear y en verano bañarte. Esa facilidad para llegar hace que siempre haya ambiente", asegura.

Aunque el Orzán arrastra desde hace años la imagen de ser la playa de los jóvenes, quienes la utilizan habitualmente consideran que esa etiqueta solo refleja una parte de la realidad. La presencia de grupos de amigos es evidente, especialmente durante las tardes de verano, pero convive con familias, turistas y personas mayores que encuentran en el arenal un espacio para descansar o caminar junto al mar. "Siempre ha habido esa idea de que Orzán llama más a la gente joven y Riazor a las familias, y algo de eso todavía se nota", explica Ángel. "Sobre todo en fechas como San Juan se aprecia mucho más, aunque realmente hay gente de todas las edades", explica el coruñés.

Mencía coincide en esa mezcla de perfiles. "Hay bastante variedad de gente. En verano vienen muchos turistas y al final ves personas muy diferentes, pero diría que predominan los jóvenes y las familias", indica. Para Andrea , el ambiente resulta precisamente uno de los puntos fuertes del arenal. "Ves familias, gente joven, personas de veinte, treinta años… No es una playa donde sientas agobio ni donde haya un ruido constante. Hay vida, pero sin llegar a ser estresante", sostiene.

Marcelo Guipdó también percibe ese equilibrio. "Por la tarde se nota que vienen más jóvenes, ves a chicos jugando al fútbol o pasando el rato, pero también hay familias. Es una playa relajada y tranquila, sobre todo por las mañanas", asegura.

Marcelo Guipdó, usuario de la playa de Orzán

Marcelo Guipdó, usuario de la playa de Orzán / Gus de la Paz

Ese ambiente juvenil ha estado tradicionalmente acompañado por grupos que pasaban horas en el muro del paseo marítimo con música a gran volumen. Una imagen habitual durante muchos veranos que este año ha cambiado después de la prohibición municipal de utilizar altavoces en las playas. Aun así, algunos usuarios reconocen que el ruido sigue apareciendo en determinados momentos. "Depende mucho de la zona donde te pongas", comenta Ángel. "Hay gente con altavoces y quienes buscamos un poco más de tranquilidad simplemente nos cambiamos a otra parte de la playa", explica.

La otra gran protagonista del Orzán es su marea. Las olas forman parte de la identidad de esta playa, pero también obligan a extremar la precaución. Sus usuarios coinciden en que, aunque muchas jornadas permiten disfrutar del baño con normalidad, las corrientes pueden sorprender incluso a quienes conocen bien la costa coruñesa. "Es una playa un poco peligrosa por las olas y las corrientes, que son bastante fuertes. Además, las rocas no siempre se ven bien, así que hay que tener cuidado", explica Mencía.

Ángel, surfista y conocedor del peligro de las mareas, insiste especialmente en los extremos del arenal. "Parece que son zonas más tranquilas, pero precisamente ahí hay corrientes envolventes. En el centro rompe mejor la ola y es donde normalmente intentamos bañarnos. Como buen gallego, cuando el mar está fuerte hay que tener mucho cuidado", avisa.

La playa de Orzán

La playa de Orzán / Gus de la Paz

Andrea reconoce que la presencia de la bandera roja cambia por completo la situación: "Hay días en los que ves bandera roja y yo no me metería. Sí creo que puede ponerse peligrosa, pero también es verdad que siempre hay socorristas vigilando y eso transmite mucha seguridad". Marcelo ofrece una visión distinta, condicionada por su experiencia en otras costas. "Para mí el oleaje aquí es bastante tranquilo porque vengo de playas donde entrar al agua cuesta muchísimo más. Comparado con ellas, aquí me parece muy cómodo bañarse", sujeta. Precisamente esas olas convierten al Orzán en uno de los puntos habituales para la práctica de deportes como el surf.

Si hay un aspecto que genera casi unanimidad entre los usuarios es la limpieza. Todos coinciden en que el mantenimiento del arenal suele ser bueno y que la playa presenta un estado cuidado durante prácticamente todo el verano. "La playa suele estar muy limpia", resume Mencía. Andrea refuerza esa idea: "Es una de las cosas que más me gusta. Nunca me ha tocado venir y verla sucia. Siempre me da la sensación de que está muy cuidada".

En cuanto a los servicios, la mayoría considera que el Orzán dispone de lo necesario para una playa urbana. Duchas, papeleras, vigilancia, socorristas y accesos adaptados forman parte de un equipamiento que recibe una valoración positiva. Sin embargo, varios usuarios echan en falta baños públicos.

"Las duchas están muy bien, pero baños no hay", señala Mencía. "Quizá sería lo único que incorporaría. Aunque al estar las cafeterías tan cerca tampoco supone un gran problema", añade Andrea.

El elemento que más divide a quienes pisan el Orzán está, literalmente, bajo los pies. Su arena gruesa despierta opiniones completamente opuestas. Para algunos resulta el principal inconveniente de la playa. "Lo que menos me gusta es la arena. Es demasiado incómoda", afirma Mencía.

Andrea Canal, usuaria de la playa de Orazán

Andrea Canal, usuaria de la playa de Orazán / Gus de la Paz

Ángel también la señala como el mayor defecto del arenal. Según explica, "la arena tiene un grano muy grueso y parece que nos estén haciendo acupuntura cuando caminamos descalzos". Además, comenta que, en su opinión, esa composición se debe a aportes realizados hace años sobre una zona donde antiguamente predominaban las rocas.

Otros usuarios, sin embargo, la defienden. "A mí me gusta. Es verdad que tiene piedritas, pero tampoco es una arena volcánica. Yo siempre digo que es como una exfoliación natural", bromea Andrea. "Además me gusta mucho el color que tiene y cómo queda con el agua".

Con cerca de 780 metros de longitud y situada en pleno corazón de A Coruña, el Orzán continúa siendo uno de los espacios más vivos de la ciudad. Sus usuarios coinciden en que no es una playa perfecta. Tiene un mar que exige respeto, una arena que divide opiniones y un ambiente que cambia por completo según la hora del día. Pero precisamente esa mezcla de calma, actividad, ciudad y océano es la que hace que muchos sigan eligiéndola verano tras verano.

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