Los 24 miembros de la familia coruñesa Sáenz de Buruaga Ozores entraron en la mañana de ayer en la plaza del Obradoiro. No todos recorrieron los 110 kilómetros, pero tanto los que caminaron como los que no llegaron juntos a la Catedral.
Esta fue la sexta ocasión en la que Íñigo Sáenz de Buruaga Ozores llegaba al Obradoiro. Este fanático del Camino ya había hecho el Francés desde Sarria con algunos miembros de su familia; otros habían completado el Inglés, por eso decidieron embarcarse en esta aventura por el Camino Portugués.
De los 24 que se reunieron en el Obradoiro, la mitad viven en A Coruña. El resto están repartidos en otras ciudades españolas como Tenerife, Gran Canaria, Burgos y Madrid. En Navidad comenzaron a hablar de la posibilidad de llevar a cabo este viaje familiar, y desde febrero, los Sáenz de Buruaga Ozores organizaron su Camino. La anticipación ha sido clave para conseguir cuadrar las 24 agendas, pero Loreto, hermana de Íñigo, destaca, sobre todo, el interés de cada uno: «Todo el mundo ha buscado la manera».
La idea inicial era comenzar en el municipio portugués de Caminha y que el viaje durara ocho días, pero la agenda no lo permitió. Como para los organizadores del viaje esta primera etapa era de las más bonitas y diferentes, quisieron mantenerla con la idea de que, sobre todo los que viven lejos de Galicia, disfrutaran de los paisajes. De esta manera y en palabras de Íñigo, «neutralizaron» otras etapas para así poder comenzar desde Caminha. «Es muy bonito y queríamos que hicieran esa etapa», asegura el coruñés.
Dieciocho miembros de la familia Sáenz de Buruaga comenzaron a caminar hace cinco días, en Pontevedra pasaron a ser 19 y a partir de Caldas ya estaban los 20 caminantes. Los cuatro restantes les esperaban en la Alameda de Santiago para llegar juntos a la Catedral. Entre ellos, María Dolores Ozores, la abuela de la familia. Sus 89 años, casi 90, no le permitieron realizar el Camino con sus hijos y nietos, pero no se quería perder este momento. Íñigo resalta la importancia de la figura de su madre para la familia: «Nuestro núcleo es mi madre».
El Camino como una prueba de convivencia
Su viaje comenzó con los 18 juntos en la misma habitación. Padres, hermanos y familia política convivieron las 24 horas durante cinco días. Loreto cuenta que los momentos que se lleva de este viaje son esas conversaciones con su familia: «Lo bonito de hacerlo en grupo es que tienes momentos para hablar y conversaciones que en otro momento no tendrías». Para ella, este viaje no solamente ha marcado su credencial de peregrino, sino que le ha servido para conocer a algunos miembros de la familia con los que no había coincidido tanto: «Al final entre hermanos nos conocemos y entre primos también, pero nos ha permitido conocer mejor a las parejas de los sobrinos».
La entrada en el Obradoiro es emocionante para todos los peregrinos que completan el Camino. Aunque gran parte de los Sáenz de Buruaga ya habían completado alguna de las rutas, era la primera vez que llegaban a la Catedral los 24 juntos. «Es un momento muy íntimo y personal», relata Íñigo, antes de que su hermana le secundara contando cómo fue para ella la sensación de llegar a la Catedral: «El primer día ves una meta muy lejana y de repente estás en el Obradoiro. Tienes ganas de celebrar, de abrazar, de agradecer…».
La misma mañana que terminaron el Camino, los Sáenz de Buruaga Ozores ya pensaban en su próxima aventura. Íñigo confiesa que le gustaría hacer el Camino de Santiago en Canarias y así acercarse a sus familiares de las islas: «Ellos han venido hasta aquí, ahora yo creo que se lo debemos».
Después de esta experiencia y pese a las picaduras de mosquito, a la falta de sueño, a algún que otro virus gastrointestinal o a los dolores de rodilla, Loreto confiesa que volvería a emprender en esta aventura con su familia. «Ahora estamos cansados, pero yo creo que en el fondo todos queremos repetir», confiesa la coruñesa y, entre risas, su hermano añade: «Yo ya le estoy dando vueltas».