Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El histórico bar de A Coruña con una empanada casera que probó el Papa: "Llegamos a vender 900 en un día"

Manolo Rieiro y María Meijide llevan más de medio siglo en la calle Alameda, donde preparan unas masas que han viajado por el mundo y que llegaron hasta el Vaticano

Los empleados de este emblemático bar de la calle Alameda, con Manolo Rieiro y María Meijide al fondo.

Los empleados de este emblemático bar de la calle Alameda, con Manolo Rieiro y María Meijide al fondo. / Casteleiro

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Desde que empezó tras la barra a los 13 años, Manolo Rieiro sabía que la hostelería era su sitio. Por eso montó hace más de 50 años su bar en la calle Alameda, donde él y su mujer, María Meijide, se han convertido en una parte esencial del barrio con un funcionamiento propio de otros tiempos.

Porque en el número 36 nadie se acerca con un menú plastificado y el coste fijo de cada comanda. Los códigos QR ni se contemplan. "La carta la cantamos en la mesa y tampoco tenemos el precio de las cosas, porque según el mercado, así vamos. Estamos como en el año 1900", reconoce entre risas el dueño de Forno Alameda, cuya verdadera fama reside en una empanada casera que se ha hecho célebre en A Coruña y que ha llegado incluso hasta el Vaticano.

La masa aterrizó en Roma de la mano de Rouco Varela, que "le dio a probar la empanada al Papa [Benedicto XVI]". También Paco Vázquez, en los tiempos en los que era embajador de España en Roma, se llevó "muchísimas". "Una mensualmente o cada dos meses y sigue siendo cliente, porque dice que las empanadas tienen que ser de Forno Alameda", cuenta el hostelero.

Manolo Rieiro y María Meijide, propietarios de Forno Alameda.

Manolo Rieiro y María Meijide, propietarios de Forno Alameda. / Casteleiro

La lista de figuras públicas que las han degustado, apunta, es tan larga que "estaríamos hablando todo el día". En ella se encuentran artistas como el célebre arquitecto Ricardo Bofill, que se llevó una con él a Barcelona, y el expresidente Aznar, que la probó en el Consejo de Ministros organizado por el Prestige e incluso fue a darles "la enhorabuena".

Detrás de las masas, se encuentra la pericia cocinera de Meijide, que aprendió a hacerlas de forma autodidacta y por pura casualidad. "Al principio hacíamos empanadillas, pero la empresa que nos vendía la masa cerró por vacaciones y ella empezó a mirar cómo prepararla. A los 15 días, ya estaba haciendo empanadas", recuerda Rieiro sobre la que es, dice, "el alma" de este negocio histórico de A Coruña.

Tanto que, aunque haya cinco personas en la cocina, la presencia de su mujer resulta básica. "Tiene que estar. Si no, la empanada no es la misma", asegura el dueño, que habla de aquellos éxitos con una normalidad rayana en la indiferencia. Ya son muchos años desde 1972 y muchas más empanadas vendidas.

Forno Alameda, el templo de la empanada que ha recorrido el mundo

Además de haber estado en el menú de políticos, figuras religiosas y celebridades, la empanada que María Meijide rellena a diario en la calle Alameda también ha llegado a comercios de distintas partes del globo. Se ha vendido en Inglaterra, Holanda y Estados Unidos, y el propio Rieiro estuvo despachando "un mes entero en el Mercado de San Miguel" de Madrid.

Parte de la comida casera de este bar emblemático de la calle Alameda.

Parte de la comida casera de este bar emblemático de la calle Alameda. / Casteleiro

Aunque no le da "mucha importancia", sí que se le cuela el orgullo en la voz cuando habla del secreto de la receta. "Yo creo que la masa que hace ella [Meijide] es especial. Hubo una época que llegamos a vender 900 en un día. El relleno se hace de forma tradicional, como toda la vida, con su espumadera y sus cosas", explica el hostelero, que señala la de atún y la de zamburiñas como las más vendidas de las 12 variedades que preparan.

Todas sin falta se hornean a diario en el obrador junto a otros platos de comida gallega, dispuestos para tomar en el local o llevar a casa. Los que más halagos reciben son la carne asada, los callos y el pescado fresco, aunque el menú fluctúa en función de la temporada y lo disponible en el mercado.

Quizá por eso los camareros se acerquen con la oferta del día en la memoria, desafiando la capacidad de retentiva de los comensales. "En ocasiones hay que ir a la mesa varias veces, pero yo creo que la gente lo encaja bien. Este bar siempre le ha dado vida a la calle", afirma Rieiro.

Pocos lo saben tanto como él, porque no se ha movido de la Alameda en más de medio siglo. Y así piensa seguir: "Amo la hostelería y soy feliz trabajando, siempre me gustó. Me retiraré de aquí con las botas puestas".

Tracking Pixel Contents