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Riazor y el Orzán pasan de la incertidumbre a la oscuridad durante el eclipse: "La luz cayó y A Coruña parecía otra"

Las nubes mantuvieron en vilo a quienes esperaban la totalidad, pero la bajada de luz y temperatura convirtió el paseo en un escenario inesperado

A Coruña se hizo de noche durante el eclipse

RAC

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A Coruña

El paseo marítimo de A Coruña pasó los minutos previos al eclipse entre conversaciones sobre el mejor sitio para verlo, huecos donde sentarse y árboles bajo los que esperar a la sombra. La incertidumbre por las nubes fue creciendo a medida que se acercaba la totalidad. A unos quince minutos del momento esperado, el Sol comenzó a perder brillo y las nubes cruzaron delante de él. Con las gafas puestas, el disco solar aparecía cada vez más apagado y la pregunta empezó a ser si finalmente se podría ver. Mientras tanto, en las ventanas de los edificios cercanos también se asomaban vecinos con sus gafas preparadas.

Cuando la Luna avanzó sobre el Sol, el paseo comenzó a cambiar de ritmo. Muchos daban la espalda al mar y continuaban con sus conversaciones, pero se giraban cada poco para colocarse las gafas y comprobar cómo avanzaba el eclipse. Entre la brisa marina y la progresiva pérdida de luz, la temperatura también empezó a bajar.

El eclipse total del Sol desde el paseo marítimo de A Coruña

Inés Vicente Garrido

"La oscuridad se notó mucho y bajó un poco la temperatura, refrescó bastante pero se estaba bien", explica Francesca, llegada desde El Salvador y residente en Madrid, que acudió al paseo marítimo de A Coruña para vivir el fenómeno junto a su pareja. Las nubes le impidieron verlo con toda la claridad que esperaba, pero no le quitaron la emoción: "Fue una experiencia increíble. Estoy un poco triste porque no se logró ver bien por las nubes, pero sí, fue muy interesante".

La espera tuvo algo de suspense hasta el último momento. Kenneth Harrison, llegado desde Cambridge (Inglaterra) con un telescopio computarizado, llevaba experiencia de sobra detrás: ha perseguido eclipses en distintos lugares del mundo, entre ellos Australia, China, Estados Unidos y las islas Feroe. A Coruña le había parecido una apuesta especialmente atractiva por su ubicación junto al mar.

"Es la tecnología lo que me gusta, pero también el viaje, la gente y todo lo que rodea al eclipse. Es fantástico porque demuestra cómo funciona el universo, como ese universo de relojería del que hablaban Newton o Einstein", explica tras observar el fenómeno. Las nubes, sin embargo, frustraron parte de sus expectativas. "Teníamos quizá un 50% de posibilidades de verlo, pero no salió como esperábamos. Es cuestión de suerte. Así es como funciona esto", reconoce un poco decepcionado.

Y aunque el Sol apenas se dejaba ver por momentos, la oscuridad terminó llegando. El paseo se quedó durante unos instantes bajo una luz completamente diferente y algunos aplausos rompieron el silencio de quienes habían esperado durante horas. Reinhold, llegado desde Austria, también había escogido A Coruña como destino dentro de un viaje con la familia por Galicia que incluía Santiago. Era su segundo eclipse, después del que vio en su país, pero la experiencia volvió a sorprenderle. "No esperaba que se hiciera tan oscuro y que fuera tan intenso", reconoce. Su conclusión fue clara: "Fue muy bonito. Absolutamente. No nos arrepentimos de venir hasta aquí".

La experiencia también convenció a un grupo llegado desde Utrera, Palencia y Valladolid, que acabó en A Coruña casi por recomendación. Una de las integrantes, Rosa, cuenta que una compañera coruñesa les animó a venir y decidieron aprovechar la ocasión. El eclipse, dicen, tuvo "algo de novela de suspense" por las nubes y la incertidumbre sobre si conseguirían verlo. "Fue como una novela de intriga", resumieron entre risas. La meteorología no fue la esperada, pero el balance terminó siendo positivo: "Nos ha encantado. A Coruña es maravillosa, la gente y la ciudad. Las nubes molestaron un poco pero hemos disfrutado igual". Tanto que, si tuvieran que volver a elegir un lugar para un eclipse, no dudarían: "Sí, volveríamos a venir".

La totalidad dejó así una escena distinta a la que muchos habían imaginado. No hubo un cielo completamente limpio ni una visión perfecta del Sol, pero sí una transformación que pudo sentirse en todo el paseo: "Fue único, la luz cayó, el ambiente se enfrió y la ciudad parecía otra", explica Francesca.

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