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El ultramarinos de Cuatro Caminos que conquista A Coruña con sus palmeras de chocolate 'XXL': "La gente no se las da terminado en un día"

Ana María Pena vende por encargo estos dulces artesanos, que llevan la receta a una nueva escala

Ana María Pena, con su palmera de chocolate 'XXL'.

Ana María Pena, con su palmera de chocolate 'XXL'. / Gus de la Paz

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Apenas se ve si uno pasa por la calle con prisa, pero está ahí para los ojos más atentos. Solo hay que desviar la vista hacia el escaparate del número 50 de Fernández Latorre para encontrar el pequeño cartel en el que Ana María Pena anuncia uno de los mayores reclamos para los golosos que recorren el barrio de Cuatro Caminos.

Se trata de las famosas palmeras de chocolate que despacha desde hace unos años en su ultramarinos, donde uno de los postres más clásicos de la pastelería se eleva a una nueva escala. Y es que, para comer este dulce 'XXL', no solo hace falta tener hambre, sino también cierta logística: sujetarlo ya es un reto, porque casi se desborda de la bandeja.

"La gente no se las da terminado en un día. Lo bueno es que a la mañana siguiente están perfectas", dice la propietaria de La Tienda de Ana, que se las vende a los vecinos para eventos o caprichos puntuales. Como hay que pedirlas por encargo, las palmeras llegan a diario directamente de la Panadería Carral, donde se preparan artesanalmente con su hojaldre y una cubierta de chocolate que ya se ha convertido en la perdición de más de un coruñés.

El anuncio de la palmera de chocolate XXL en el escaparate de La Tienda de Ana.

El anuncio de la palmera de chocolate 'XXL' en el escaparate de La Tienda de Ana. / LOC

Cuenta Pena que muchos las piden religiosamente por su cumpleaños y esos días no se conforman solo con una. "Tengo un cliente que todos los años se pide dos y una madre que, si tiene un día libre, se toma una para desconectar. Ese es mi trabajo: ver cosas que pueden encajar y después es la gente la que va decidiendo", indica la tendera, que tuvo una corazonada "hace dos o tres años" y tomó la decisión de incluirlas en su menú.

Desde entonces, ahí se han quedado, para alegría de muchos y desgracia de algún que otro régimen. En algunas casas, ya son una tradición y un encargo seguro. "Es que están muy buenas", justifica la comerciante.

La Tienda de Ana, el ultramarinos escondido que ha salido a la luz tras casi diez años

Los amantes de los pasteles 'XXL' no siempre lo tuvieron tan fácil para descubrir los dulces de esta tienda de alimentación. Y es que hace poco más de un año que La Tienda de Ana ha 'salido a la luz', después de una larga temporada oculta en las Galerías de Tráfico.

Allí y aunque "no se me veía", Pena consiguió ganarse a esa parte del vecindario que "busca un trato más cercano" que el que se obtiene en las grandes superficies. "Es lo que la gente está demandando: cariño. A mí me dicen que soy la psicóloga del barrio", cuenta entre risas la tendera, a la que la ciudad "acogió muy bien desde el minuto uno".

Sus estantes son uno de los pocos lugares donde se pueden encontrar delicatessen con aromas y sabores inusuales. Su aceite de oliva de limón, chocolate, trufa o albahaca causa furor entre los perfiles más foodies, que se dejan cautivar por sus mermeladas artesanales de La Rioja, su surtido de chocolates ecológicos y "una miel de un apicultor amigo mío" -porque a Ana, apunta, le gusta saber "lo que vendo"-.

Los verdaderos bestsellers, sin embargo, son esos productos de toda la vida, como el queso de Arzúa, el chorizo de Lalín y las patatas de Cartagena. Aunque el almacén de esta tienda de comestibles de Cuatro Caminos nunca deja, en realidad, de ampliarse, porque a Pena la cabeza no le da un respiro.

"Nunca para, hasta cuando estoy dormida. Le dedico mucho tiempo a esto. Creo que acerté en montarlo y hacer lo que me gusta", asegura la vendedora.

Durante muchos años fue cocinera, pero un día se cansó de tener jefes y decidió darle un giro a su vida. La hostelería ya no le llenaba y ahora, asomada a la década en su ultramarinos, está convencida de que hizo bien en abandonar los fogones. "Pienso 'diez años' y alucino, pero yo pretendo jubilarme aquí. Ahora solo cocino los domingos, y eso si mi hijo me deja", concluye con una carcajada.

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