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El eclipse marítimo de los 106 mayores de Telefónica de A Coruña: "Quisimos hacerlo en barco porque nos pareció más original"

La Asociación Grupo de Mayores de Telefónica alquiló el barco 'Rías Altas Dos' para presenciar el eclipse solar desde la bahía de Mera, en A Coruña, en una velada compartida con sus socios

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A Coruña

Lo más especial del eclipse fue, para muchos, con quién lo vieron. La compañía en ese momento único perdurará en la memoria colectiva de A Coruña, más incluso que las perlas de Baily, el anillo de diamante o la corona solar. Con ese objetivo en mente —crear un recuerdo en comunidad—, la Asociación Grupo de Mayores de Telefónica (AGMT) decidió alquilar el Rías Altas Dos y disfrutar del fenómeno solar en la bahía de Mera. "La experiencia fue maravillosa, porque además lo pudimos ver perfectamente, no tuvimos problemas con las nubes", relata el responsable de la organización, José Antonio López.

Con una mentalidad previsora, el grupo reservó la embarcación el pasado mes de febrero, momento en el que comunicó el plan por su grupo de WhatsApp, ocupándose todas las plazas disponibles. "Más o menos teníamos previstas cien personas. No es que no pudieran ir más, pero no queríamos ir muy amontonados, porque el barco tiene capacidad para unas 150 personas, por eso lo limitamos a 100, para poder movernos bien", explica López.

Se decantaron por la opción de presenciar el fenómeno desde el mar "por verlo de una manera distinta". "Se nos podría haber ocurrido juntarnos y hacer una excursión para ir a verlo a alguna playa, pero quisimos hacerlo en barco porque nos pareció más original", declara López.

Una cita de 106 personas

De los 800 socios que son en la provincia —y unos 600 en el área metropolitana de A Coruña—, finalmente fueron 106 los que disfrutaron en compañía del evento histórico —después de algún cambio de última hora a consecuencia del Teresa Herrera—. "No queríamos dejar a nadie fuera, salvo una imposibilidad manifiesta, y pudimos ir todos los que quisimos. Hasta vinieron compañeros de Ourense", dice. A la cita no solo acudieron los miembros del grupo, también sus allegados, "y no hubo problema ninguno".

El colectivo alquiló el Rías Altas Dos de 19.00 a 22.00 horas con destino a la ensenada de Mera, donde había más embarcaciones fondeadas, y entre todos sufragaron el coste de la experiencia —unos 4.000 euros por arrendar la barca tres horas—. "El patrón aprovechó para hacer el tour turístico y contarnos lo que íbamos viendo", comenta López, quien se aseguró de que la seguridad primase sobre la excitación del momento. "Llevamos gafas para todo el mundo, aunque la mayor parte de la gente ya traía las suyas propias. Pero nosotros, para evitar problemas, llevamos para todos", refiere.

Aunque la idea inicial incluía llevar pinchos y aperitivos, finalmente se descartó por su complejidad. Sin embargo, los asistentes se montaron su propia fiesta, "incluso de vez en cuando había gente cantando".

Visibilidad total

En popa y en proa, los 106 miraron en sintonía al cielo. "Desde allí se vio perfectamente, vimos las perlas de Baily, el diamante fue una cosa alucinante... Lo pudimos ver todo. Ese minuto y pico que te quitas las gafas y estás viendo la corona solar fue impresionante", relata López, quien opina que la mayor ventaja de haberlo visto en barco fue el poder moverse en caso de tener poca visibilidad.

El instante "sobrecogedor" de la velada fue, para López, "ese momento de oscuridad, ver la ciudad desde la bahía de Mera, ese color, ese silencio donde solo oías el runrún del mar". Tras el minuto álgido del eclipse, la pandilla emprendió el regreso a las 21.00 horas, dando un "pequeño recorrido" hasta llegar a puerto.

¿La experiencia? "Fenomenal, toda la gente salió feliz, nos agradecieron mucho que lo hubiéramos hecho. Fue un momento precioso, muy íntimo, acabamos explotando en un aplauso en conjunto, abrazándonos unos a otros", sostiene López.

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