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Pep Brocal, ilustrador que firmó este sábado en el Viñetas de A Coruña: "No hay fronteras entre disciplinas y, si las hay, hay que derribarlas"

El autor de 'Caridad del Río' y 'Anatomía de un esqueleto', destaca que lo más importante de una historia es que sus personajes tengan vida propia

Pep Brocal en Viñetas desde O Atlántico

Pep Brocal en Viñetas desde O Atlántico / Casteleiro

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A Coruña

¿Cómo empezó en el mundo de la ilustración?

Yo era el típico niño artista de clase, siempre hay uno o una en todas las clases. Yo ya lo llevaba de casa, siempre he tenido ese impulso, de coger un lápiz o lápices de colores, esto ya lo tenía incluso antes de saber hablar. De algún modo, ya de adolescente llegué a la conclusión de que quería hacer esto y nada más. Después hice la carrera de Bellas Artes, pero no sabía muy bien lo que me encontraría, porque mi opción natural, que era el dibujo no estaba contemplada como especialidad. Ahí se aprende mucho, ver dónde estás tú y qué es lo que quieres, y ver también qué es lo que les interesa a los demás, eso me enseñó mucho.

Ha trabajado en varios estilos y en proyectos muy diversos como cuentos, ilustraciones para periódicos o carteles. ¿En qué se inspira a la hora de cambiar de registro?

Ahora mismo estoy muy atento a cualquier disciplina artística, no solo el cómic. Me interesa el cine, la literatura, la pintura, es decir la ilustración en general. Considero que no hay fronteras entre disciplinas, y si las hay, habría que derribarlas. Ese es el espíritu que creo que tiene que prevalecer. El arte es una experiencia de libertad absoluta, por lo que también tiene que tener una libertad total en los movimientos a la hora de transitar de una disciplina a otra. Si estás en el cómic, que no te importe acercarte a la poesía, a la pintura, porque al final lo que estás contando es una historia, que puede ser tuya o la de otra persona, de ficción o de no ficción. Lo que realmente cuenta es que la narración funcione, y para eso no hay una única fórmula, hay que tratar de descubrirlas.

Ha hecho tanto cuentos infantiles como cómic para adultos. ¿Qué diferencias encuentra a la hora de crear los personajes?

Yo procuro que cuando trabajo para adultos o para niños, para lectores de cualquier edad, que el nivel de exigencia sea siempre el mismo, es la historia la que tiene que primar. Es cierto que hay determinados recursos o determinadas cosas que no se pueden contar de la misma manera para niños, pero eso no quiere decir que sea más fácil. Es más, yo creo que es al contrario, porque tienes que hacer un esfuerzo extra de simplificación. Cuando hago un libro para niños tengo en cuenta que el niño puede tener tres años, pero al mismo tiempo que lo pueda disfrutar uno de noventa y tres, que lo pueda leer y disfrutar cualquiera.

¿Hay algún estilo en el que se sienta más cómodo?

Lo del estilo es muy complicado, en el sentido de que el último en saber qué estilo tienes eres tú. Como artista, no tienes que perder mucho tiempo en pensar en tu propio estilo, yo lo veo como un conjunto de accidentes que suceden cuando tienes una cosa en la cabeza y la quieres materializar. En ese trasvase de la cabeza al papel es cuando aparece el estilo, es algo casi accidental.

¿Cómo es su proceso creativo a la hora de darle vida a los personajes de las historias?

Realmente la vida es la clave, lo que hace que las historias sean distintas o lo que las convierte en interesantes para cualquier lector. Es complejo saber por qué un dibujo a veces no funciona o de pronto empieza a respirar. A veces, parece que los dibujos tiene la potestad de elegir cómo se desarrollan. Es difícil explicar qué es lo que hace que un dibujo cobre vida, pero eso es uno de los resortes indispensables para que la historia funcione y tenga recorrido.

¿Cómo le llega la proposición de participar en Viñetas?

Cuando estaba en el salón de Valencia Manel Cráneo me propuso participar en este certamen, que yo no conocía porque no había estado nunca, y me pareció muy interesante y que tenía una propuesta muy buena. A raíz de la temática de este año, que busca trabajar la memoria histórica desde varios puntos de vista, lo único que pueden hacer es sumar a la hora de trabajar un tema tan complejo y tan necesario. La gracia del cómic es que, al combinar narración con imágenes, tiene un poder de llegada muy grande.

¿Cómo de importante son estos certámenes para los ilustradores?

Estos festivales son esenciales, además también es fundamental que las instituciones se vuelquen en apoyar este tipo de iniciativas. Porque si se hace bien, como es el caso de A Coruña, toda la ciudad sale ganando. En definitiva, si un proyecto de este tipo puede mantenerse en el tiempo, se puede percibir que estas propuestas dan carácter a la ciudad y dinamizan la cultura, a la gente de la zona, visitantes y a los propios autores. Se crea una sinergia que solo puede ser positiva. Yo creo que es una apuesta muy interesante para el presente, pero sobre todo para el futuro, y para que las nuevas generaciones entiendan que esto es un medio natural.

Ahora mismo también está trabajando con xilografía. ¿Por qué decide apostar por esta técnica?

Hubo un momento en el que llevaba mucho tiempo trabajando de ilustrador, y solo dibujaba para pagar facturas, y eso acabó aburriéndome, al final yo entré en este mundo por vocación. Estaba en una crisis artística y profesional, y decidí apostar por la xilografía, coger un desvío. Para reaprender a hacer una oreja o una nariz, tenía que cambiar de utensilio. En gran medida opté por esta técnica porque mi pareja la había hecho y lo vi como algo muy interesante. La madera no te deja hacer tu trazo conocido, hay que tratarla y dialogar con ella. Para mí ese es el punto clave, porque de pronto tienes que cambiar tu manera de trabajar desde la base.

Sus últimas obras, Caridad del Río y Anatomía de un esqueleto, son muy diversas entre ellas. ¿Qué destacaría de cada una?

Caridad del Río es mi primer trabajo de no ficción, todo lo anterior había sido pura fantasía, te da máxima libertad de movimientos. En el caso de Caridad, tienes que hablar de ese personaje y ser muy riguroso a la hora de documentarte sobre la época, el vestuario o los coches. Es muy intenso, pero es muy gratificante porque aprendes un montón. Anatomía de un esqueleto vuelve a ser una historia de ficción, aunque tiene una base biográfica de mis propias vivencias y aprendizajes en el mundo de la edición del cómic.

¿Está trabajando en algún nuevo proyecto?

Sí, ahora estoy trabajando en una historia de ficción, pero con unas ideas reales de base. La idea central es algo que me bailaba por la cabeza desde hacía mucho tiempo, se basa en cómo somos las personas, de qué estamos hechos desde un punto de vista espiritual, si somos buena gente o no. Si nos ponen la posibilidad de no ser tan buena gente y poder sacarle rendimiento, hasta dónde estamos dispuestos a llegar, si seríamos coherentes con nuestras creencias o no. Uno no sabe cómo es en el fondo, hasta que no se encuentra frente a la realidad.

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