El primer día de cinco negocios de éxito en A Coruña: "Teníamos la puerta abierta y no entraba nadie"
La sombrerería Austrohúngara, la pizzería Alla Romana, el restaurante Terreo Cocina Casual, la lencería Golory y la tienda de complementos Platabaluú cuentan cómo fueron sus inicios hasta convertirse en negocios de referencia en la ciudad

Jana López, dueña de la sombrerería Austrohúngara / Gus de la Paz
Abrir un negocio no es sencillo. Tras el trabajo de meses para poder levantar la verja, el primer día afloran los nervios al esperar a los primeros clientes. Cinco negocios de A Coruña que ahora son referentes, cuentan su experiencia en ese arranque en el que con trabajo y paciencia lograron su sueño.
Sombrería Austrohúngara
Jana López abrió la sombrerería Austrohúngara un viernes 31 de marzo de 2017 en un pequeño local de la estrecha calle de San Andrés. El estreno no fue fácil: "Teníamos la puerta abierta y no entraba nadie. Vino a saludar alguna persona conocida, pero poco más". Tampoco le sorprendió demasiado: "Había abierto una sombrerería, tampoco es que fuera un bar", bromea. El verdadero golpe llegó al día siguiente, cuando esperaba recibir más gente y la cerradura se bloqueó: "Todo el mundo había escrito por Instagram diciendo 'vamos a ir hoy' y no pudimos abrir. Fue un colapso nervioso absoluto".

Jana López de la sombrería Austrohúngara / Gus de la Paz
La primera venta llegó aquel primer viernes. Una amiga compró una boina vasca a última hora de aquella jornada inaugural. "Fue la única venta que hubo ese viernes", recuerda López, que todavía guarda cariño a ese momento. Aquello no fue solo el apoyo de una amiga, sino también el de una clienta habitual. "Era su voto de confianza y me dijo 'vengo a firmar la suscripción'".
Las dudas llegaron más adelante. "La semana siguiente ya piensas: 'Ah, espera, que además tengo que comer de esto'", explica. Aunque había personas que ponían en duda la venta de los sombreros, ella tenía muy claro que "la gente llevaba cosas en la cabeza". El primer año fue "muy duro", pero en el segundo empezó a notar que muchos clientes repetían y durante la pandemia el negocio acabó por consolidarse.
Nueve años después, recuerda aquel inicio como la antítesis de lo que ocurrió cuando se mudó a un establecimiento más grande. "No paraba de venir gente y no parábamos de vender", cuenta sobre ese segundo estreno en el local que ocupan hoy en Marqués de Pontejos, en el que hicieron una caja "propia de Navidad". Su consejo para quien quiera emprender es "empezar con una tienda humilde y crecer de manera orgánica".
Pizzería Alla Romana
Cuando Ana Karenina Apólito y Enzo Auditore abrieron Alla Romana el 9 de julio de 2022, cada cliente contaba. "Teníamos muchísima ilusión por que entrase la gente. Cada persona que cruzaba la puerta era una oportunidad", recuerda Apólito. Al principio podían recibir "cinco o seis personas cada hora", lo que les permitía explicar detenidamente un producto que muchos coruñeses no conocían: la pizza romana al corte con ingredientes distintos como la patata o el calabacín. "Entraban buscando pepperoni o salsa barbacoa y yo tenía que explicarles que no hacíamos esas pizzas".

Enzo Auditore y Ana Karenina Apólito, de la pizzería Alla Romana. / Casteleiro
El primer día estuvo marcado por los nervios y, sobre todo, por aprender sobre la marcha. "Además de pensar en si iba a entrar gente, teníamos que descubrir cómo organizar realmente el trabajo: cuanta pizza hacer, si hacerlas redondas o en bandeja, si preparar más porciones...", relata la hostelera.
Sus primeros clientes fueron, principalmente, los vecinos que habían seguido durante meses las obras del local. "La hicimos nosotros mismos y tenían curiosidad", explica. Muchos continúan comprando allí tres años después y han visto cómo aquella pizzería desconocida terminó generando largas colas. "Están muy contentos de ver cómo hemos mejorado, el éxito que ha tenido la pizza o las filas que se forman ahora". El crecimiento llegó fundamentalmente por el boca a boca. "Ellos fueron los que empezaron a hablar de la pizza y a traer amigos y familiares".
La demanda terminó siendo tan alta que tuvieron que dejar de abrir al mediodía para dedicar esas horas a producir las masas y preparaciones que Enzo elabora artesanalmente. "Todo a la vez es imposible", reconoce Ana Karenina. Si tuviera que resumir el aprendizaje de estos años para otro emprendedor, sobre todo para aquellos que vengan de fuera y busquen innovar, lo haría en una frase: "Hay que creer en lo que haces". Las colas actuales son la prueba de que aquella apuesta funcionó. "Después de todo el esfuerzo, ver a la gente esperando por nuestra pizza es la recompensa por haber seguido adelante y haber creído en ella hasta el final".
Terreo Cocina Casual
Quique Vázquez inició la historia culinaria de su local pisando fuerte. El 16 de julio de 2018 las puertas de Terreo Cocina Casual, restaurante de cocina contemporánea de autor, se abrieron para la inauguración oficial en un espacio que previamente había sido ocupado por Árbore da Veira. "Lo tomamos con mucha ilusión porque era un grandísimo local, pero también con nervios, porque ocupábamos el sitio de otro restaurante Estrella Michelin y sabíamos que las comparaciones iban a surgir", explica Vázquez.

Quique Vázquez y Ana Siñeriz, fundadores del restaurante Terreo Cocina Casual. / Casteleiro
La experiencia previa del chef, la gran inversión y la compañía de Ana Siñeriz —jefa de sala del local y compañera de Vázquez— fueron los ingredientes perfectos para que Terreo se estableciera como uno de los comedores más destacados de la ciudad, con un Sol Guía Repsol y un Bib Gourmand de la Guía Michelin 2026.
Los inicios, sin embargo, no fueron fáciles. "Empezamos como pudimos y la cosa comenzó más flojita de lo que pensábamos, pero tampoco teníamos grandes expectativas para arrancar, porque no éramos muy conocidos a nivel gastronómico", reconoce Vázquez.
Aquella carta primigenia sigue manteniendo su esencia ocho años después, pero el chef puntualiza que ha modificado "la manera de servir". "Al principio eran raciones más grandes, y con el tiempo nos fuimos a tapas un poquito más elaboradas, más pequeñitas y más emplatadas", aclara. La filosofía también se ha mantenido: "Podemos decir que llevamos ocho años con la misma historia", afirma.
La apuesta del dúo Vázquez-Siñeriz se tradujo en "muy buenas opiniones", que los catapultaron al top tres de Tripadvisor en noviembre de ese mismo año y al oro a los pocos meses, incluso fueron terceros a nivel gallego. "Ese diciembre ya empezamos a respirar tranquilos, porque hubo muchos días de preocupación", reconoce Vázquez. ¿El secreto? "Constancia. Lo que hagas, hacerlo siempre bien", aconseja.
Lencería Golory
La de la lencería Golory es una historia en femenino. Con un recorrido de 54 años, el negocio del Agra do Orzán creció con su propietaria, Gloria Rodríguez, desde los 37 años que tenía en 1972 hasta sus 91 actuales. Hoy la lencería la regenta la nieta de Rodríguez, Paola Aguiar, tercera generación al frente de Golory. La matriarca, sin embargo, sigue reinando: "Yo hago de todo, soy la que digo 'esto está bien, esto no'. Les dejo ayudarme, pero soy yo la que tengo la última palabra, todavía", afirma Rodríguez, orgullosa.

Gloria Rodríguez, fundadora de la lencería Golory, junto a su nieta, Paola Aguiar, ahora al frente del negocio. / Casteleiro
En sus 54 años de existencia, cambios y permanencia conviven entre piezas de ropa interior. "Evidentemente ha habido cambios, pero tenemos clientela de siempre, porque los comercios de barrio son un centro de encuentro de vecinos", comenta Aguiar, quien identifica su nicho de mercado con aquellas personas "que no se desplazan para comprar en grandes superficies y tampoco compran por Internet".
Los productos clásicos que triunfaban en los 70 tienen la misma salida que aquellos más actuales. "Seguimos vendiendo bragas que ya no se encuentran, enaguas, toquillas, canastillas interiores... Y ahora se venden mucho más que antes productos un poco más económicos, como pijamas de oferta o artículos de liquidación", explica Aguiar. La esencia de Golory se resume, así, en "no cambiar de producto y seguir ofreciendo los mismos servicios".
Sin embargo, el imperio de Gloria Rodríguez no se construyó solo. A los cinco años de abrir el negocio, en 1977, falleció su marido. "Me fue muy difícil, me quedé solita con dos niños. Tenía deudas, pero yo seguí para adelante. Y aquí estoy", recuerda la fundadora. Aunque en su vida personal no faltaron los baches, a Gloria siempre le fue "muy bien" en el negocio. "Me dio para todo, para malgastar y para hacer cositas".
Después de haber pasado por varios locales y expandir su legado a través de su hijo, Emilio Ramón Aguiar Rodríguez —dueño de Centro Media— y nieta, la lencería Golory se prepara para otros 54 años más.
Platabaluú
El hogar de los hippies de A Coruña nació en la calle Voluntariado en 2003, a manos de Rubén Botana. Platabaluú —antes establecido en la calle de la Barrera en 1999—, con su olor a incienso y complementos bohemios, se inauguró el 27 de mayo de hace 23 años. "Ese primer día vino mucha gente, porque veníamos de la tienda de la Barrera, que era muy conocida", recuerda Botana.
El panorama hippie local durante esos primeros años del negocio, previos a la crisis de 2008, estaba mucho más vivo que ahora. "Había más tiendas, y en el callejón Agar había seis o siete puestos cuando ahora solo hay uno", señala Botana, a quien esa tradición le venía de familia.
La mercancía que ofrece Botana ha variado en estas dos décadas, igual que las preferencias de la clientela. "Ahora se venden otras cosas. Antes se vendía mucho collar, mucha pulsera, y ahora vendo más piercings, más pendientes de plata y bisutería. Ropa hippie sigo teniendo, pero he bajado muchísimo; antes tenía calzado y desde 2010 ya nada", comenta el propietario.
Aunque Botana no esperaba seguir detrás de Platabaluú 23 años después, la clave para hacerlo es "atender bien a la gente, tener una buena relación calidad-precio y no engañar a nadie". Su consejo para los nuevos emprendedores es, no sin cierta 'retranca', "no abras un negocio". "Ser autónomo hoy en día es lo peor que puedes hacer y lo veo continuamente. Ves lo que sufre la gente y lo difícil que es mantenerlo, y que realmente no tienes vacaciones", sugiere.
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