María Pita se convierte en el escenario de ensueño de 84 jóvenes músicos: "Te hace muchísima ilusión porque lo ves lejano"
La Joven Orquesta Sinfónica de Galicia afronta este viernes un concierto, dentro de la Semana Clásica de María Pita, que sus integrantes viven como una oportunidad para demostrar todo lo aprendido y acercar la clásica a nuevos públicos

Gus de la Paz
Hay una edad en la que los sueños profesionales todavía parecen estar muy lejos. En la Joven Orquesta Sinfónica de Galicia (JOSG) muchos tienen entre 16 y 22 años y hablan de conseguir una plaza en una orquesta como quien habla de algo alejado, difícil, pero perfectamente posible. Este viernes tendrán la oportunidad de acercarse un poco más a ese objetivo. Cerca de 84 jóvenes músicos ocuparán el escenario de María Pita a las 21.00 horas para interpretar un repertorio que viaja desde Estados Unidos hasta Latinoamérica.
La ilusión aparece desde el primer momento entre quienes se preparan para el concierto. Para algunos, además, María Pita será un estreno. Clara Bernard, que toca el arpa en la agrupación, nunca ha actuado en la plaza. Nuria Abril Frank, percusionista llegada desde Castellón, tampoco. "Es una plaza súper bonita y tocar viendo a toda la gente que hay ahí nos gusta mucho", cuenta. En el caso de Adán García, que lleva dos años en la JOSG, la experiencia será diferente, aunque mantiene intacta la emoción. El año pasado la actuación de la Semana Clásica se canceló y este viernes tendrá por fin la oportunidad de tocar allí.
La plaza supone además un cambio respecto a una sala de conciertos. El público estará más cerca y la música tendrá que convivir con un espacio abierto. Para Adán, esa cercanía tiene algo especial. "La emoción se siente, ves al público delante, la plaza llena impone un poco, pero después te lo pasas muy bien", explica. Diego Vázquez, trombón bajo, ya pisó esta semana el escenario de María Pita con otra formación (La Orquesta Gaos) y reconoce que prefiere un auditorio cuando se trata de un concierto orquestal más serio. Pero sabe que los dos formatos tienen algo que aportar.
La emoción se siente, ves al público delante, la plaza llena impone un poco, pero después te lo pasas muy bien
La elección del programa por parte del director Alejandro Posada también ayuda a que la música salga del circuito más habitual. La noche comenzará en Estados Unidos con Leonard Bernstein y sus obras relacionadas con Candide y West Side Story y continuará hacia Latinoamérica con compositores como José Pablo Moncayo, Arturo Márquez y Alberto Ginastera. No es música contemporánea, pero sí "un repertorio con una enorme variedad de ritmos y colores, con piezas que pueden resultar reconocibles para un público" que quizá nunca haya acudido a un concierto sinfónico, según explican los músicos.
"Es un repertorio que va por América y empezamos desde Estados Unidos con Bernstein y vamos a acabar en el sur, que es Argentina", explica Mario Hermido, que toca el fagot. Para él, el programa tiene precisamente el atractivo de no exigir al espectador un conocimiento previo de música clásica. "Es muy divertido, es un concierto súper recomendable de ver y oír, incluso gente que no esté acostumbrada a escuchar a una orquesta", asegura.
Un reto musical
El cambio de estilos también se nota especialmente en la percusión. Durante el concierto, los músicos tendrán que pasar de unos instrumentos a otros según las necesidades de cada pieza. "Pasamos, yo creo, por casi todos los instrumentos", cuenta Iria Pérez, una de las percusionistas de la formación. El repertorio les obliga a trabajar de una manera diferente a la habitual, pero precisamente ahí encuentra uno de sus atractivos: "Es un tipo de música que al fin y al cabo no estamos acostumbrados a tocar y que nos encanta".
Para el arpa también supone un reto. Clara explica que su instrumento tiene en este programa "mucha carga de trabajo" y exige estar más activo de lo habitual. La dificultad no le resta entusiasmo. Al contrario. Le gusta enfrentarse a una obra que todavía no domina nadie por completo dentro de la formación. "Estamos todos intentando hacerlo muy bien", señala. La experiencia les permite aprender juntos antes de que llegue el momento en el que, en una orquesta profesional, puedan encontrarse con músicos que ya hayan interpretado esas piezas muchas veces.
Ese aprendizaje compartido es precisamente una de las razones por las que la JOSG ocupa un lugar importante en sus trayectorias. Clara entró por primera vez en 2021 y ha visto cómo se renovaba la formación. Cuando llegó era de las más pequeñas; ahora es de las mayores. "Es bonito también ver cómo cambia la gente, reencontrarte con compañeros de antes y ver a gente nueva", explica.
La convivencia es una parte importante de esa experiencia. Los jóvenes pasan buena parte del día juntos entre ensayos, comidas y cenas. Proceden de lugares diferentes, pero durante los encuentros terminan formando un grupo muy unido. Para la percusionista Irene, se convierten durante unos días en "una pequeña familia". En ese tiempo no solo aprenden a tocar juntos, también construyen amistades que se mantienen cuando termina el encuentro.
La ilusión por triunfar
La música, además, llegó a cada uno por un camino diferente. Clara creció en una familia de músicos y comenzó desde pequeña. Nuria entró en la escuela porque su madre la apuntó junto a su hermana y terminó llegando hasta los estudios superiores. Mario comenzó con tres años y fue avanzando por la escuela de música, el conservatorio profesional y el superior. Adán empezó "de rebote", primero con la batería, hasta que un profesor le descubrió la percusión. Diego creció rodeado de músicos porque sus padres y sus hermanos también lo son.
Es muy divertido, es un concierto súper recomendable de ver y oír, incluso gente que no esté acostumbrada a escuchar a una orquesta
Todos esos caminos desembocan ahora en una misma aspiración: poder vivir de la música. Mario sueña con conseguir una plaza de fagot en una orquesta. Clara quiere trabajar como intérprete, preferiblemente en España y, si pudiera elegir, en Galicia. También contempla la docencia. Iria quiere presentarse a pruebas de orquesta, aunque sabe que conseguir una plaza profesional es complicado. Son objetivos ambiciosos para músicos que todavía están en formación, pero precisamente por eso valoran tanto las oportunidades que les ofrece la Joven Orquesta Sinfónica de Galicia.
Diego sabe bien lo que significa ver una oportunidad y pensar que quizá no llegue. Entró este año después de presentarse a las pruebas y quedar de reserva. Cuando recibió la llamada para participar en un encuentro, sintió que estaba cumpliendo un sueño. "Te hace muchísima ilusión porque lo ves como un sueño lejano y te presentas como algo que dices tú: ojalá", recuerda.
Ese deseo de llegar a ser profesionales convive con otra preocupación: conseguir que más jóvenes se acerquen a la música clásica. Adán considera que es necesario romper la imagen de un género lejano o difícil. "La gente no sabe lo que se pierde", afirma. Su propuesta es sencilla: "Que vengan y nos escuchen".
Nuria también cree que la elección de las obras facilita esa conexión. "Es un repertorio muy llamativo para todo tipo de públicos, tanto para jóvenes como para gente más mayor", señala. La esperanza de los músicos es que María Pita no reúna únicamente a quienes ya conocen la música sinfónica, sino también a personas que se acerquen por curiosidad y descubran algo nuevo.
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