Vecinos de Agra do Orzán defienden la vida en la zona más densa de A Coruña: "Cuanta más gente, más vida hay en el barrio"
A pesar de ser uno de los barrios con mayor concentración de habitantes en el mundo, sus residentes prefieren la vida urbana y la interacción social diaria a la tranquilidad de otros entornos

Gus de la Paz
La soledad es algo que cuesta encontrar en Agra do Orzán. Basta con salir a comprar el pan, sentarse en una terraza o atravesar la calle Barcelona para cruzarse con vecinos, conocidos, familias, mayores y gente que entra y sale de los comercios. Lo difícil es encontrar un hueco para el coche o una esquina sin gente. Y, para algunos, un lugar donde simplemente sentarse rodeado de verde. La paradoja de uno de los barrios con mayor concentración de habitantes del mundo es que sus vecinos no hablan de sentirse atrapados entre tanta gente. Hablan de un barrio vivo.
"Cuanto más gente, más vida hay", resume José María Fuentes, que lleva cuarenta años en la zona. Él no encuentra demasiados inconvenientes en vivir rodeado de vecinos. "Para mí no tiene nada negativo", asegura. Solo hace una excepción: el aparcamiento. "A lo mejor echas una hora y no encuentras un sitio donde aparcar", cuenta.
Es una de las primeras cosas que sorprende al hablar con quienes viven allí. La enorme concentración de población que sobre el papel parece extraordinaria no se traduce necesariamente en una sensación de agobio. Manuel Ángel Domínguez, vecino de las inmediaciones, reconoce que cuando conoció la cifra pensó que le estaban gastando una broma. "No me imaginaba que fuera el barrio con más densidad de población ni de A Coruña", admite. Sin embargo, después de saberlo tampoco siente que su vida cotidiana haya cambiado de repente. "Por la calle se puede caminar bien, ves a mucha gente de un lado a otro pero no hay problema para ir tranquilo", explica.

Manuel Ángel Domínguez, vecino de Agra do Orzán / Gus de la Paz
La explicación está, en parte, en que el Agra no se vive como una multitud permanente, sino como una suma de pequeñas rutinas. La gente sale, compra, pasea, se encuentra, toma un café y vuelve a casa. La calle Barcelona concentra buena parte de ese movimiento. "Sí que se ve muchísima gente, cada año más", reconoce Manuel Ángel, aunque hasta ahora atribuía esa imagen al tráfico de peatones y vehículos de unas calles que conectan distintas zonas de A Coruña. Nunca había pensado que detrás de aquella actividad hubiera una concentración residencial tan extraordinaria.
Por la calle se puede caminar bien, ves a mucha gente de un lado a otro pero no hay problema para ir tranquilo
Pilar Maneiro, en cambio, ni siquiera necesita que le expliquen las cifras. Para ella, la respuesta está en salir a la calle. "Aquí siempre hay paseo. De un lado a otro, y somos todos vecinos", dice. Lleva más de setenta años vinculada al barrio y recuerda un Agra completamente distinto al actual. Cuando llegó con 18 años, "era huerta, todo. Muy verde". La calle Barcelona ni siquiera existía como la conoce hoy. Ahora, dice, "esto está desconocido". "Hay más edificios que otra cosa. Aquí no falta gente, lo que falta es sitio", indica.
Pero el cambio de paisaje no le ha hecho perder el cariño por la zona. De hecho, Pilar prefiere la actividad de la ciudad a la tranquilidad del campo. Tiene una nieta que vive a las afueras, pero ella lo tiene claro: "Yo quiero mejor la ciudad que estar en el campo. Aquí hay mucha vida". Para una persona mayor, además, la presencia constante de gente tiene un valor añadido. "Sales de casa, tienes con quién hablar. Te encuentras con amigos cada dos pasos, tienes compañía siempre y eso se agradece", explica.

Pilar Maneiro, vecina de Agra do Orzán / Gus de la Paz
Esa sensación de barrio vivo aparece también en José María. Para él, el Agra conserva una personalidad propia que no depende de que sus calles estén más o menos llenas. "Es un barrio obrero, pero es un barrio obrero de los obreros buenos de A Coruña", defiende. La actividad comercial, los establecimientos de hostelería y el movimiento diario forman parte de lo que considera atractivo. "Cuanta más gente, más vida hay en el barrio", insiste.
Y ahí aparece una de las grandes paradojas: los vecinos no parecen pedir menos gente. Piden más espacio. La reclamación de zonas verdes lleva años sobre la mesa. Los vecinos mayores son, además, uno de los colectivos que más puede notar esa falta. Para llegar a algunas de las grandes zonas verdes de la ciudad hay que atravesar vías amplias como las rondas de Nelle y Outeiro. Por eso reclaman que el barrio incorpore espacios de descanso y encuentro sin obligar a sus residentes a desplazarse.
José María, por otro lado, no considera que la densidad haya provocado una falta generalizada de servicios. Pone como ejemplo el centro de salud, que considera suficientemente dotado, y tampoco identifica problemas especialmente graves en los colegios. Manuel Ángel tiene otra preocupación más cercana: la guardería que necesitará para su hijo. Todavía no ha empezado a buscarla, aunque conoce a familias de la zona que han tenido que estar pendientes de las listas de espera por la alta demanda.

Una de las zonas más densamente poblada del mundo, Agra do Orzán / Gus de la Paz
La vivienda puede ser una de las claves para entender por qué el Agra continúa atrayendo población. Manuel Ángel cree que el precio puede tener mucho que ver. "Entiendo que es porque la vivienda será más asequible económicamente que en otros barrios", plantea. Frente a las zonas más turísticas o céntricas, percibe el Agra como "un barrio más humilde y residencial", pero precisamente por eso más accesible para quienes buscan vivir en A Coruña.
Quienes llevan toda la vida allí han visto pasar varias generaciones y transformaciones. Jorge Álvarez recuerda cuando el barrio estaba formado por casas bajas, terrenos y caminos de tierra. "Esto todo era campo y venimos los hijos de los pescadores", cuenta. Su memoria del Agra es la de un lugar que creció hasta convertirse en una de las zonas más urbanizadas de A Coruña. Lo curioso es que, después de haber vivido toda esa transformación, tampoco considera que ahora sea un lugar especialmente difícil para vivir.

José María Fuentes, vecino de Agra do Orzán / Gus de la Paz
"Cada uno en su casa", responde Jorge cuando se le pregunta cómo se convive con tanta gente. Parece una frase sencilla, pero resume bastante bien la percepción de los residentes: "Saber que hay miles de personas alrededor no significa sentirlas permanentemente encima. Cada una hace su vida y no es un inconveniente".
Sí, también hay momentos en los que la concentración se hace más evidente. Las calles más comerciales se llenan, las terrazas tienen movimiento y aparcar puede convertirse en una búsqueda interminable. También hay "conflictos puntuales" relacionados con bicicletas y peatones, según Jorge. Pero ninguno de los vecinos describe una vida marcada por la sensación de estar en un lugar saturado.
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