Habitar en los huecos de A Coruña, las calles y viviendas que quedaron atrapadas entre edificios: "Nuestras casas morirán con nosotros"
La especulación y la estructura de propiedad rural explican la aparición de 'anomalías' urbanísticas como calles en patios de manzana en A Coruña, según el profesor de Arquitectura de la Universidade da Coruña, Fernando Agrasar, quien adscribe estos fenómenos a la época del Desarrollismo

La calle Iberia, paralela a la calle Europa, que se encuentra dentro de una manzana. / Carlos Pardellas
El crecimiento urbano de A Coruña a finales del siglo pasado dio lugar a la edificación de manzanas y humanización de barrios con urgencia para atender las necesidades de los nuevos vecindarios al completo, como sucedió en Agra do Orzán y Os Mallos. Esa tendencia continuó incluso hasta el cambio de milenio y avanzó a otros distritos de la ciudad, como Os Castros.
Los efectos que pueden medirse actualmente pasan por problemas de tráfico, la elevada concentración poblacional, las rehabilitaciones por defectos arquitectónicos o el desajuste urbanístico. Sin embargo, otra consecuencia sucedió en paralelo. En A Coruña, existen calles y bloques de edificios que quedaron atrapados dentro de nuevas manzanas, donde la vida continúa detrás de fachadas. LA OPINIÓN recorre varias de estas calles y charla con residentes de estas particulares calles de la ciudad. "Nuestras casas morirán con nosotros", afirma uno de ellos.
El profesor de Arquitectura de la Universidade da Coruña, Fernando Agrasar, explica que estos casos pueden ser vistos como anomalías en el urbanismo, "pero responden a una realidad concreta de toda España durante el Desarrollismo, en los años 60". "Hoy en día es impensable que esto suceda con todos los mecanismos y normativas urbanísticas que tenemos. Sin embargo, hubo un momento de leyes laxas y poca atención a cuestiones primordiales, que tienen consecuencias hoy en día en algo tan básico como que las calles estén rectas o no", puntualiza.
"No se derruía nada"
Para Agrasar, la existencia de calles en patios de manzanas o vecindarios dentro de vecindarios proviene de una suma de factores. "La especulación durante el Desarrollismo es el principal factor que intervino en este fenómeno. Solo así se explica que se levantasen edificios delante de otros previos, que eran en realidad casas de corte rural, sin respeto por muchas medidas o consideraciones necesarias. En los años 40 se realizó un trazado de alineaciones, que consistía en desplegar el urbanismo apoyado en vías rurales, pero con más ancho de acera, por ejemplo, o con cierta altura para los edificios", expone.

Manzana de la calle Iberia atrapada entre edificios. / Carlos Pardellas
"La estructura de propiedad rural del suelo en España, especialmente en Galicia, también explica parte del fenómeno. Cada parcela tenía un dueño y este reclamaba o contribuía a tener su acceso y sus servicios. El territorio en A Coruña estaba muy humanizado, con muros y viales muy arreglados para el momento, especialmente, en áreas como el Agra do Orzán, que funcionaban como periferias rurales. Además, se respetaron las viviendas preexistentes, porque no se derruía nada. De hecho, este problema tiene una solución difícil y a largo plazo, que es el abandono y la ruina de las viviendas", señala Agrasar.
El profesor adelanta que la expropiación no es una posibilidad "ni rentable ni adecuada" para estas casas, "además del coste social que tiene sacar a una familia de su hogar para exactamente, ¿qué?". Por eso, Agrasar entiende que el proceso lógico es la parálisis de licencias y la reconversión de esas viviendas "en equipamientos, como guarderías de manzana, o en parques después de demoler las ruinas". En su opinión, muchas de estas viviendas "estarán fuera de ordenación" y no podrán ser intervenidas ni rehabilitadas por sus propietarios. "Estas viviendas suelen dar malas condiciones de vida, casi siempre a la sombra y con problemas de humedad, con difícil acceso", resuelve.
Callejón de Cristales
Junto a la avenida Finisterre, un corredor conecta las calles Pérez Cepeda y Rey Abdullah, pero no abundan los transeúntes en sus escasos doscientos metros. El callejón de Cristales, como se llama a este vial, es un reducto que quedó atrapado en medio de la expansión inmobiliaria de A Coruña. No recibe su nombre, como pueda parecer, de los frecuentes vidrios que ensucian el suelo, pero varios vecinos señalan que el "fuerte hedor" es su mayor signo de reconocimiento. Apuntan que, en las noches de viernes a lunes, es "muy frecuente que las personas orinen volviendo de fiesta".
Si se accede desde Pérez Cepeda, primero debe superarse lo que en apariencia es un garaje verde que, en realidad, desemboca en un camino de tierra sin asfaltar. Ahí se ven las primeras cocheras y partes traseras de la manzana. En los bloques más antiguos se aprecian puertas de lo que en otro momento fueron las entradas principales, o al menos accesos de servicio. Contrastan por los picaportes o los suelos pisados en terrazo, además de por un escalón de diferente alturan que salva la entrada en cada una. Alguna vivienda actual mantiene esa salida, especialmente en los inmuebles más cercanos a Rey Abdullah, en donde una antigua placa de señalización urbana versa: calle Historiador Reiriz.

Callejón de Cristales, un corredor atrapado entre dos calles y un nuevo edificio. / Carlos Pardellas
En ese tramo del callejón, los coches y las furgonetas se acumulan en un aparcamiento improvisado. El trabajador de una obra cercana explica que es frecuente ver a gente haciendo ventas o consumos de drogas, "incluso en el suelo se encuentran restos, o preservativos; pero lo peor es el olor a orina, sin duda". Actualmente, ningún portal mantiene su entrada principal desde ese vial ni el número de bloque y un par de inmuebles se encuentran en estado de abandono. Entre todo ello destaca un nuevo edificio que limita un lateral al completo del callejón, que se encuentra ahí con los patios traseros vallados.
Calle Iberia
Un caso más extremo es lo que le sucedió a la calle Iberia y a la manzana de vecinos que sobrevive todavía: apenas cuatro viviendas unifamiliares escondidas en un patio interno entre varios edificios. Este vial existe como un apéndice de la calle Europa, cercana a la estación de tren de San Cristóbal, y se accede a través de una puerta metálica enrejada con llave, similar al acceso de una urbanización. Después, un túnel recubierto de graffiti sirve de corredor hasta llegar al solar, asfaltado y pisado hace "no demasiados años, que esto antes era todo tierra y matorrales que debíamos segar nosotros", según explica la vecina de uno de los inmuebles habitados, Virtudes.
"Nosotros vivimos aquí, detrás de una fachada, y de nuestras casas no nos vamos. Algunas se fueron vaciando porque fallecieron los propietarios y los herederos no les interesa para nada. Pero también tenemos otros casos, una de las viviendas la tiene ahora el sobrino de un antiguo dueño y la ha renovado toda. Otra, que también acaba de caer en manos de una pareja joven, está en trámites de unas obras y de arreglarse", detalla la vecina de la calle Iberia.
Virtudes reconoce la anomalía de su situación y "el engorro" que hubo de suponer cuando se levantaron todos los edificios que cercan hoy su dirección. Se refiere a un cartel del túnel de acceso puesto por el Ayuntamiento para explicar que si han recibido ayuda pública, en concreto, una "pavimentación e impermeabilización de la plaza sita entre avenida de los Mallos y calle Filipinas", que partió de un presupuesto de 409.827 euros.

Entrada desde la calle Europa hasta la calle Iberia. / Carlos Pardellas
"Tenemos todos los servicios en la calle Europa, claro, hasta casa no nos viene nadie a nada. Es una de las cosas malas que tiene. Cuando llueve, esta plaza se inunda y todo se pone muy mal con los desagües. Debajo de este pavimento están los garajes de la manzana y tienen muchos problemas de infiltraciones, incluso el Concello tuvo que intervenir", señala Virtudes, que también ve "imposible" que se levanten más edificios en el solar junto a su grupo de casas.
Calle de la Cerca
En el punto de encuentro entre la travesía de la Cerca y la calle Antonio Ríos, en Os Castros, un grupo de viviendas quedó atrapado hace 20 años por la proyección de dos edificios que hoy soj los que se ven a simple vista en la acera. En concreto, tres portales hacen vida actualmente en un patio interior de manzana, aunque eran más los vecinos que antes residían en la antigua plaza del Manzano. "Aunque pertenecemos a la travesía de la Cerca", expone uno de los residentes, J. Valiña.
"Nos levantaron este edificio hace más de 20 años justo delante de nuestras casas, lo cual nos parecía y nos sigue pareciendo una aberración. Estuvimos protestando durante la construcción, acudimos a los medios, pero nada surtió efecto. Con los papeles de Urbanismo y todo correcto, el edificio se levantó delante de nosotros como si nada. Fue un momento duro porque quedamos para siempre aquí, en medio", comenta J. Valiña, que al ser preguntado sobre si interpuso alguna denuncia judicial, se refiere solamente a "quejas en el Ayuntamiento".
Para este vecino, uno de los principales perjuicios es la incomodidad y lo escondidos que viven desde hace dos décadas. "Nuestras casas morirán con nosotros, nadie va a querer vivir aquí, es una tristeza", expone. El acceso a las viviendas se realiza desde una bocacalle semejante a un garaje, pero que tuerce a mano izquierda para revelar un tramo sin salida, pero sí con garajes de coches. En el muro de entrada, J. Valiña y otros vecinos han pintado con espray tanto los números de sus portales, para recibir el correo, como un recordatorio para el servicio de limpieza. "Barrer esta calle", versa.

Interior de manzana entre edificios atrapados en la calle Barcelona 76. / Carlos Pardellas
El caso de calle Barcelona 76
En la calle Barcelona, una de las principales vías del Agra do Orzán, se esconde otro caso semejante, aunque con un proceso distinto. Los vecinos de los dos portales número 76 llegan a sus inmuebles a través de un corredor que desemboca en una plaza interior, aunque de titularidad privada. Según explica Maricarmen, una vecina que se mudó hace 56 años para estrenar su vivienda, el proyecto de edificación dividió en dos los bloques y el suyo quedó relegado a un espacio en medio de la manzana, al que incluso llegó haber tráfico rodado. Hoy en día un bolardo impide el acceso de vehículos.
"Somos dos comunidades independientes, unos que tienen su portal en el propio túnel y nosotros, que estamos aquí atrás. No supone un gran trastorno, pero hay que reconocer que hace muchos años tuvimos serios problemas de convivencia y de salubridad. Además, muchos orines y preservativos usados, tuvimos conflictos con personas drogodependientes que venían a inyectarse a este tramo, incluso entre los coches. Después, las jeringas usadas y restos de drogas quedaban por aquí. Era un riesgo", señala Maricarmen.
Sobre el hecho de que su edificio se oculte tras otro, alega que "siempre fue así", porque ya se incluía en el proyecto. Reciben los mismos servicios que el resto de sus convecinos de calle y señala la iluminación del túnel como un elemento disuasorio útil, aunque de reciente instalación. "Cuando se encienden parece que entra hasta en casa de la intensidad que tiene. Cualquier cosa para estar bien, a salvo. En una ocasión, atracaron a mi madre durante una visita dentro del portal. Como nosotros tenemos que acceder por el corredor, uno vigilaba ahí para la espantada", recuerda.
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