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La última pieza para cerrar la herida del viaducto de Ronda de Nelle: "Le da otro ambiente al barrio"

Seis años después del derribo del paso elevado, la rehabilitación de un edificio que llevaba ocho años en ruinas completa la transformación de un cruce que empieza a recuperar negocios, tránsito y vecinos

La rehabilitación del edificio que llevaba ocho años en ruinas completa la transformación del cruce

Gus de la Paz

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A Coruña

Durante años, pasar por el cruce de Ronda de Nelle con la avenida de Finisterre significaba hacerlo entre cemento, tráfico, ruído y espacios poco amables. El viaducto ocupaba buena parte de la escena y debajo de él quedaba un lugar oscuro que los vecinos recuerdan por el ruido y la sensación de inseguridad. Hoy queda poco de aquella imagen. El puente desapareció en 2020 y, seis años después, otro de los elementos que todavía recordaban aquella etapa está a punto de desaparecer: el edificio de la esquina, cerrado y en estado de ruina durante ocho años, encara la recta final de su rehabilitación. Alrededor, los vecinos empiezan a ver locales volviendo a abrir, fachadas que se arreglan y una zona que, poco a poco, parece recuperar atractivo.

El paso elevado soportaba el tráfico de la Ronda de Nelle y llevaba el ruido y la contaminación hasta las viviendas. Con el paso de los años, la apertura de la Tercera Ronda redujo la circulación y abrió la puerta a una solución que durante mucho tiempo había parecido difícil: eliminar la infraestructura y transformar el cruce. En febrero de 2020 comenzó el derribo, después de años de reclamaciones vecinales, y los trabajos continuaron con la reforma del cruce, la ordenación del tráfico y la urbanización de las aceras.

Para quienes estuvieron allí antes y después, la diferencia no está solo en el paisaje. Está también en cómo se vive la calle. María del Pilar, conocida en el barrio como Coquita Linda, recuerda aquel paso elevado como un lugar que imponía. "Ahora está mucho más limpio, más despejado, más cómodo, más todo. Desde que se quitó el viaducto está mucho mejor. Hay más claridad", explica. También recuerda el ruido de los vehículos, especialmente por la noche, y la estrechez que generaba el paso bajo el puente.

Boni Cunha, dueño de la barbería que hace esquina en el cruce de avenida de Finisterre con ronda de Nelle

Boni Cunha, dueño de la barbería que hace esquina en el cruce de avenida de Finisterre con ronda de Nelle / Gus de la Paz

"Era peligroso", cuenta. Sobre todo para quienes tenían que cruzar la zona al volver de trabajar. El espacio bajo el viaducto, añade, llegó a utilizarse para dormir y como lugar donde se acumulaban colchones y desperdicios. "Te daba bastante respeto", resume al recordar cómo era atravesar aquel punto.

Los nuevos negocios

El cambio que más llama su atención ahora, sin embargo, no está únicamente en el tráfico o en la iluminación. Está en la actividad que ha comenzado a aparecer alrededor. "Donde estaba el puente sí que empezaron a abrir de nuevo los bajos, porque eso estaba todo cerrado", explica. Señala varios negocios de la zona y destaca que algunos bajos que durante años permanecieron sin actividad han vuelto a tener vida. "En toda esta parte no había nada. Y ahora sí están muchos bajos con locales. Pasamos de que cerraran todas las tiendas a que ahora vuelvan abrir muchos bajos", comenta.

Entre esos nuevos negocios está una peluquería situada frente al edificio que ahora se rehabilita. Boni Cunha, responsable de Boni Barbería, lleva alrededor de seis años trabajando en el lugar y llegó cuando el viaducto ya había desaparecido. No vivió el antes, pero sí ha podido comprobar cómo ha evolucionado el entorno. "Cada vez se está notando más vida por aquí", asegura. A su juicio, la transformación "favorece" al comercio y ha hecho que la zona esté "más cuidada".

También percibe diferencias en la seguridad. Recuerda que antiguamente el entorno era "muy oscuro" y que los vecinos hablaban de problemas con los vehículos estacionados. Ahora, señala, aquella situación ha mejorado. Su negocio se encuentra precisamente en una de las esquinas que han ido ganando actividad y, seis años después de la desaparición del viaducto, su valoración es clara: "La verdad que ha mejorado bastante. Poco a poco notamos más actividad".

Edificio rehabilitado en el cruce de ronda de Nelle y la avenida Finisterre

Edificio rehabilitado en el cruce de ronda de Nelle y la avenida Finisterre / Gus de la Paz

La misma impresión tiene Jesús Vázquez, otro vecino de la zona que sí conoció la época del viaducto. "Hombre, ahora estamos mucho mejor, donde va a parar", explica. Para él, el paso elevado "molestaba mucho" y su desaparición ha permitido que el entorno esté más cuidado. También señala que se están realizando reformas en otros edificios y viviendas próximas, una sucesión de pequeñas actuaciones que contribuyen a cambiar la imagen del cruce. "En mi edificio toda la fachada esta nueva. Están reformando varios; ese de la esquina llevaba años con la lona por protección. Aún menos mal que lo están arreglando ahora", indica.

El edificio en ruinas

La rehabilitación del inmueble de la esquina es, en ese sentido, algo más que una obra aislada para quienes llevan años viendo su deterioro. El edificio permaneció durante aproximadamente ocho años en ruinas y su estado también condicionó la actividad que podía desarrollarse en sus bajos. Allí funcionó durante años Tabacos Expendeduría Número 33, donde trabajaba Candela Bua. El estanco terminó marchándose antes de la pandemia, no por el derribo del viaducto, sino porque el edificio se encontraba en unas condiciones que impedían continuar con normalidad.

"La casa estaba en ruinas, estaba que se caía", recuerda Candela. Explica que, cuando llegaron los últimos inquilinos, a los propietarios del estanco les comunicaron que ya no podían continuar con el alquiler. Fue entonces cuando tuvieron que buscar otro emplazamiento.

Jesús Vázquez, vecino de la ronda de Nelle

Jesús Vázquez, vecino de la ronda de Nelle / Gus de la Paz

Ahora observa desde fuera cómo aquel inmueble vuelve a tomar forma. La estructura permanece, pero el edificio está siendo renovado y la fachada empieza a recuperar su aspecto. "Queda muy bonita la casa. Le da otro ambiente al barrio, más moderno", apunta. Para ella, que durante años estuvo detrás del mostrador del bajo, la rehabilitación supone recuperar una pieza que llevaba demasiado tiempo formando parte del "paisaje de abandono".

Y esa es precisamente la sensación que se extiende entre los vecinos. La transformación del cruce no terminó cuando cayó el viaducto. El derribo resolvió la gran infraestructura que durante décadas dominó la zona, pero quedaron alrededor edificios, locales y espacios que todavía arrastraban la imagen anterior. Ahora, la rehabilitación de este inmueble aparece como una de las últimas piezas de aquel cambio.

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