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Abre en A Coruña un 'museo' del dulce con un pastel que solo se puede comer en A Gaiteira: "A las cinco de la mañana empezamos a hornear"

Viviana Múnera y su familia están al frente del primer negocio de Xardíns da Gaiteira, un espacio donde personajes históricos y obras de arte conviven con postres únicos

Viviana Múnera (derecha) junto a sus padres en su nueva pastelería en A Gaiteira.

Viviana Múnera (derecha) junto a sus padres en su nueva pastelería en A Gaiteira. / Gus de la Paz

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La Joven de la Perla que cuelga de la pared del número 26 de A Gaiteira es similar a la que se exhibe en la Galería Real de Pinturas Mauritshuis. Con una pequeña diferencia: un pastel que reluce en sus manos y que rompe la ilusión de estar en un auténtico museo.

Porque, a pesar de los cuadros de Einstein, Dalí o Vermeer que decoran el espacio, La Ramona no es una exposición para apasionados del arte o de la historia. Es una nueva pastelería, el primer negocio en ocupar uno de los dos bajos vacíos de la promoción de lujo Xardíns da Gaiteira, y el primer proyecto propio que Viviana Múnera y su familia inician en la ciudad que los acogió a su llegada desde Colombia.

Hace apenas una semana que el local está en funcionamiento, pero sus dulces, apunta la dueña, ya desaparecen con rapidez de los estantes. Especialmente uno que, como las obras de una pinacoteca, solo puede disfrutarse en el propio establecimiento.

El interior de la pastelería, con los cuadros de personajes icónicos.

El interior de la pastelería, con los cuadros de personajes icónicos. / Gus de la Paz

Las ramonas, como las han bautizado sus creadores, atraen a los vecinos igual que un canto de sirena con su interior blando y su corona de chocolate almendrado. "Es un producto muy bonito, como una berlina rellena. Viene mucha gente preguntando por él y muchas veces ya se ha acabado", indica la propietaria, que asegura que la receta está "hecha y elaborada" punto por punto "por nosotros".

No es, sin embargo, el único dulce exclusivo que sale del nuevo horno de A Coruña. Los monchitos, con su pasta choux y su corazón dulce, también compiten por el protagonismo en la vitrina del obrador, en el que Múnera y sus padres se afanan de la mañana a la noche.

Las luces se encienden antes de que amanezca y la verja no se baja hasta que se pone el sol. "A las cinco de la mañana empezamos a hornear. Pasamos 18 horas aquí todos los días", cuenta la pastelera, a la que la pasión le viene, reconoce, de una herencia casi inevitable.

Toda la familia está vinculada al sector y cuenta con varias pastelerías en su país natal. "Mi hermana es repostera allí y mi padre ha trabajado toda la vida en esto. Recuerdo que, cuando llegaba a casa, siempre me acercaba a él, porque las manos le olían a vainilla y fresa", dice.

Viviana Múnera, propietaria de La Ramona, con su tarta de zanahoria.

Viviana Múnera, propietaria de La Ramona, con su tarta de zanahoria. / Gus de la Paz

En consecuencia, la idea de montar La Ramona siempre estuvo ahí, esperando hasta que Múnera tomara la iniciativa. Hoy, su pequeño 'museo' de azúcar ya es una realidad y, el barrio de A Gaiteira, un rincón con un toque un poco más dulce en A Coruña.

Una veintena de dulces y una 'pared de la fama'

Además de los dulces de autor, en este obrador recién llegado a A Coruña se elaboran recetas clásicas como los cruasanes o las cheesecakes, cuyas confituras prepara a diario la madre de Viviana. En total, del horno salen cerca de una veintena de recetas distintas, entre las que destacan unos postres fríos que, apunta la propietaria, vuelan de la nevera al poco de prepararlos.

Algunos de los dulces de la pastelería La Ramona.

Algunos de los dulces de la pastelería La Ramona. / Gus de la Paz

Uno de los últimos ha sido la tarta de queso con açai, un proyecto que los Múnera tenían en mente, pero no el único. También planean construir su propia 'pared de la fama' añadiendo más cuadros a su ya peculiar galería. "La idea es ir metiendo personajes poco a poco con productos que realmente hacemos y que la gente se pueda hacer una foto", cuenta Viviana, que volcó sus estudios de Interiorismo tanto en la reforma como en los propios pasteles.

El nombre del lugar, en cambio, es honorífico y sigue esa estela de azúcar que desprende el árbol genealógico de los propietarios. "Buscaba un nombre con mucha personalidad, alguien dijo Moncha y coincidió que una tía abuela se llamaba Ramona y hacía pasteles. Por eso nos quedamos con ese", concluye.

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