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La nueva fachada de la estación intermodal de A Coruña no convence a los vecinos: "Es un bloque que no pinta nada"

La reforma de la intermodal avanza mientras algunos residentes lamentan que el nuevo revestimiento oculte parte de la imagen tradicional del edificio

Abraham Rodríguez, nuevo vecino de la estación intermodal

Abraham Rodríguez, nuevo vecino de la estación intermodal / Gus de la Paz

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A Coruña

La estación de tren de A Coruña está cambiando de aspecto y no todos los vecinos lo ven de la misma manera. La nueva fachada que se está terminando en uno de los laterales del edificio ya es visible desde la avenida Sardiñeira y ha abierto un debate entre quienes llevan décadas viendo la estación de San Cristóbal y quienes acaban de instalarse frente a ella.

La actuación forma parte de la transformación de la estación dentro del proyecto de la nueva intermodal, que busca adaptar el complejo ferroviario a sus nuevos usos y conectarlo con el entorno. El cambio más evidente en este punto de la avenida es el revestimiento que cubre parte de la marquesina histórica. Para algunos residentes, supone modernizar el conjunto; para otros, significa perder una parte de la identidad del edificio.

Lorenzo López, vecino del barrio desde hace 38 años, lo tiene claro. "La fachada antigua quedaba mucho mejor", explica. A su juicio, con la actuación "ha perdido un poco la esencia de la antigua estación" y considera que el nuevo cerramiento "es un bloque que no pinta nada". Su opinión parte también de la perspectiva de quien ha visto durante décadas cómo ha cambiado esta zona de la ciudad.

David Bermúdez, vecino de la avenida da Sardiñeira

David Bermúdez, vecino de la avenida da Sardiñeira / Gus de la Paz

Abraham Rodríguez acaba de mudarse precisamente frente a la nueva fachada y reconoce que todavía necesita tiempo para valorar cómo afectará la obra a su día a día. Aun así, también percibe el cambio estético. "Para mí, tapa todo lo bonito que tenía la estación y gran parte de la imagen anterior", señala. Recuerda además el caso de Santiago, donde, a su juicio, la intervención de la intermodal hizo que la antigua estación quedase más "opacada". "A mí la antigua fachada me gustaba mucho. Daba así como un aspecto señorial, parecía que estabas entrando en Hogwarts o algo así", comenta. Para él, ese carácter más antiguo se perderá con la nueva imagen.

No todos comparten esa percepción. David Bermúdez, cuya vivienda da a la estación, considera que el resultado "quedó bonito". Prefiere, eso sí, que el acabado fuese de piedra natural, pero cree que el estilo moderno encaja con la nueva estación. "Si es todo muy moderno y esto no, quedaría fatal. Para mí se complementa todo bien y queda más moderno", explica. También cuestiona las críticas al revestimiento: "Si está bien hecho, está bien aislado y la piedra sigue dentro, no sé qué es lo que critican".

Nueva fachada de la estación intermodal por la avenida da Sardiñeira

Nueva fachada de la estación intermodal que se ve desde la avenida da Sardiñeira / Gus de la Paz

Las obras, sin embargo, han generado más molestias que las relacionadas únicamente con la imagen del edificio. Antonio Santos acaba de abrir un bar en una de las esquinas de la avenida da Sardiñeira y asegura que escucha quejas de los vecinos "todos los días". Habla de los cambios en la circulación, de las actuaciones sobre el pavimento y de problemas de agua durante los trabajos. "Obra nueva y todo inundado", relata sobre una de las alcantarillas, que, según explica, tuvo que reclamar para que fuese revisada.

"Cada vecino que viene por aquí se queja de que están tapando toda la fachada. Es verdad que quedaba mucho mejor con la piedra original y no tal liso como ahora", opina el hostelero. Antonio confía que con la abertura de la estación su local logre tener una mayor afluencia de gente, es por ello que no le importa tanto "si es bonita o fea" como que sea funcional. "La gente se queja mucho, pero a mí tanto me tiene, yo quiero que se abra cuanto antes y listo", indica.

Antonio Santos, responsable de un bar en la avenida da Sardiñeira

Antonio Santos, responsable de un bar en la avenida da Sardiñeira / Gus de la Paz

También David recuerda especialmente las vibraciones provocadas durante las fases más intensas de la obra. Cuenta que en su edificio llegaron a notar los trabajos de excavación y que otros inmuebles antiguos de la zona sufrieron daños. "Muchos edificios antiguos se desconcharon", afirma. Incluso recuerda el desprendimiento de parte de una cornisa en un inmueble próximo. En su caso, optó por instalar ventanas con doble cámara para mejorar el aislamiento.

Entre las nuevas viviendas y los negocios que comienzan a instalarse en la avenida, la estación se convierte así en un elemento que los vecinos están viendo cambiar prácticamente desde sus ventanas. La nueva fachada todavía no está completamente terminada, pero ya ha provocado una primera división: quienes echan de menos lo de antes y quienes entienden que la nueva imagen encaja con la transformación de la intermodal y con el futuro de la zona.

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