Las polémicas de la intermodal de A Coruña, explicadas por el arquitecto que la diseñó: "Va a ser uno de los espacios cubiertos más importantes de Galicia y de España"
César Portela, uno de los redactores del proyecto para remodelar la estación de trenes, defiende que era necesario introducir marquesinas para proteger a los usuarios de la lluvia, y que optó por modelos ligeros, de bajo impacto visual
La fachada que da a A Sardiñeira presenta un color y aspecto diferente a la estructura original y ha recibido críticas de los vecinos, pero Portela explica que replicar las paredes de piedra habría excedido el presupuesto

Fachada hacia la avenida de A Sardiñeira de la nueva estación de tren de A Coruña. / Gus de la Paz
En 1927, una visita del rey Alfonso XIII dio un arranque simbólico a la estación de trenes de San Cristóbal, que Antonio Gascué Echevarría diseñó ese año. Casi un siglo después, el edificio, protegido por su gran riqueza patrimonial, está acabando la mayor transformación de su historia, que lo integrará en la nueva intermodal. Pero la remodelación, largamente esperada, está acumulando críticas. Los trabajos, contratados por Adif, han dejado al descubierto una nueva fachada de color hacia la avenida de A Sardiñeira, que contrasta con la piedra de la obra original y ha sido criticada tanto por vecinos como por el propio concejal de Urbanismo de A Coruña. En el otro flanco, en la parte más próxima a la avenida del Ferrocarril, unas nuevas marquesinas de color azul vivo llaman la atención y contrastan con la configuración tradicional. Pero estas decisiones no fueron caprichosas, según explica uno de los diseñadores del proyecto, el arquitecto César Portela. Premio Nacional de Arquitectura por la estación de buses de Córdoba y autor de inmuebles como la Domus, explica que aún es pronto para evaluar el aspecto final de la obra, y defiende que las decisiones polémicas no se tomaron de manera arbitraria, sino que buscaron mejorar el bienestar de los usuarios y conseguir resultados con un presupuesto limitado, además de reivindicar el diseño del interior.
"No puedo hacer una crítica a una obra que no está terminada", puntualiza Portela, que, junto con el estudio de ingeniería IDOM, con el que este diario también intentó ponerse en contacto pero sin éxito, ganó el concurso para diseñar el proyecto, en el que, defiende, estaban presentes la Xunta, el Ayuntamiento y Adif: en el jurado estaba el entonces alcalde de A Coruña, Javier Losada, así como representantes de otras administraciones y colectivos profesionales. Pero los autores del documento no son los directores de obra, y Portela aclara que aunque cree que "lo fundamental se está respetando", no conoce en detalle los trabajos o los cambios que se han podido introducir, más allá de haber pasado en algún momento por los alrededores "como un coruñés más".
"Planteamos una fachada que no tenía que ver con la otra"
La fachada de A Sardiñeira que ha recibido críticas por el contraste con la piedra original, puntualiza el arquitecto, "está sin acabar". La construcción "recién hecha está mucho más clara", y oscurecerá con el tiempo y la lluvia. Además, hay encofrados o huecos en los que va a haber carpintería, y el aspecto final se percibirá cuando acaben los trabajos, que Adif calcula que estarán a finales de año.
Pero aunque el arquitecto señala que se pueden haber introducido cambios desde que firmó el proyecto y puntualiza que no sabe en detalle qué se está haciendo, reconoce que el contraste con el edificio tradicional ya estaba en la concepción de la estación. "Nosotros planteamos una fachada de granito que nada tiene que ver con las otras fachadas", indica, y puntualiza que, si se hubiese intentado recrear la piedra de la entrada del edificio original, a la que compara con una catedral, "se hubiese ido seguro" de los fondos asignados. "No teníamos presupuesto para una fachada como la otra", resume, y señala que esa zona "da a un parking" y no es la salida y entrada natural de los viajeros y vecinos, por lo que resulta mucho menos visible que la principal.
"Intentamos que las marquesinas fueran menos pesadas"
En el otro lateral de la estación, los trabajos dejan ver marquesinas con estructura metálica y color azul, ligado a otras obras de Portela, que también han suscitado críticas de los vecinos. Cuando la Xunta dio el visto bueno patrimonial a la obra, pidió que se aligerasen las marquesinas incluidas en el proyecto, y el arquitecto insiste en que esta era la filosofía de diseño. "No sé lo que se está haciendo ahora, pero en el proyecto incluimos una estructura metálica lo más sencilla posible y cubierta de vidrio, para tapar lo menos posible las fachadas: intentamos hacerlas menos pesadas y que obstruyeran menos", indica, aunque también añade que "es inevitable" que haya algún tipo de impacto.
La única posibilidad de que no se impida la vista, insiste Portela, es que no haya "nada", y desde su punto de vista esto no es una opción si se quiere beneficiar a los usuarios que transiten por esta zona. "Lo que no se puede es salir de la estación en invierno, y que los viajeros tengan que andar cincuenta o cien metros sin una protección: los que llegan en taxi o autobús tienen que ir a cogerlo allí", resume el arquitecto, nacido en 1937. Antes de retirarse de la docencia, fue profesor en A Coruña, y señala que en la ciudad "llueve tanto o más que en Pontevedra", donde nació.
"Nos preocupaba mucho el espacio interior"
Y el gran atractivo de la nueva estación, considera Portela, no son los exteriores de los que se entrevé ahora la forma final, sino sus entrañas. La remodelación ha optado por retirar decenas de metros las vías y reconvertir el inmueble original en un gran vestíbulo. Para Portela, va a ser "uno de los espacios cubiertos más importantes de Galicia y casi me atrevería a decir de España", y señala que a los redactores les preocupaba mucho "el espacio interior" de la estación.
Aquí, Adif planea alquilar espacios a negocios y un edificio interior, dentro del propio vestíbulo, que albergará locales. El informe de Patrimonio lo cuestionó, pero Adif lo ha mantenido, aunque afirma que con un diseño "ligero y cristalino". De acuerdo con la documentación a la que tuvo acceso este diario en 2022, Adif calculaba que la retirada de las vías le permitirían crear un espacio de unos 3.250 metros cuadrados, con el "módulo comercial" que albergará media docena de locales. Sumarán unos 370 metros cuadrados de superficie útil, aproximadamente un tercio de los más de 1.200 dedicados a usos hosteleros y comerciales.
Tras este vestíbulo, siempre según el proyecto, se sitúa un espacio para espera de pasajeros, controles de seguridad y billetes, y luego los propios puntos de embarque, un total de siete. Los tres andenes se especializarán. El de mayor tamaño, unos 560 metros, es el más cercano a la avenida del Ferrocarril, y su uso principal son los servicios a larga distancia. El central, con 227 metros de largo, se ha pensado para servicios regionales y el tercero, de 278, para media distancia.
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