La pequeña 'aldea' que sobrevive en medio de Visma, en A Coruña, ante las futuras 4.000 viviendas nuevas: "Nací, crecí, moriré y me enterrarán aquí"
Los residentes en las calles Eira Vella y Río, junto a sus travesías, viven día a día en un remanso de tranquilidad que antiguamente se emplazaba como entorno rural, hoy en día ya convertido en periferia. Los vecinos quieren conservar su espíritu y reivindican su particular 'pueblo'

El residente en la pequeña 'aldea' de Visma, Sigifredo Beyona. / Carlos Pardellas
En el barrio de San Pedro de Visma, en A Coruña, sobreviven unos cruces de caminos que mantienen su espíritu y su identidad histórica, es decir, la de una aldea. En concreto, se trata de las calles Eira Vella y Río, con sus travesías adjuntas. Esta denominación se la dan sus propios habitantes, su pasado y arquitectos urbanistas que conocen la ciudad, tanto por su tipo de vida como por su actual forma. La futura expansión en el ámbito, con el proyecto de alrededor de 4.000 nuevas viviendas en sus proximidades, se cierne sobre este vecindario al mismo tiempo que afronta sus propios problemas, como el tráfico o el peligro a su tranquilidad, pero no la despoblación. "Nací, crecí, moriré y me enterrarán aquí", resume Maricarmen, una vecina "de siempre".
Este pequeño grupo de casas no está alejado ni se esconde, su acceso es sencillo. El entorno de Eira Vella se enmarca en el terreno entre la ronda de Outeiro y la tercera ronda usando la rotonda del pavo real como punto de referencia. Para llegar es necesario salir por el primer ramal y rodear la iglesia de San Pedro de Visma. A su espalda quedan los campos de fútbol y el nuevo emplazamiento del nuevo proyecto residencial en el barrio. En otro tiempo, este ámbito funcionaba y se identificaba como una aldea, incluso algunos de sus residentes lo recuerdan.
El arquitecto y miembro de Ergosfera, Iago Carro, conoce el caso de Eira Vella y formó parte del equipo de investigación de Co urbanismo nos talóns, un estudio sobre las viviendas en ese tipo de núcleos diferenciados dentro de A Coruña. En aquel trabajo, una de las conclusiones recogía que aproximadamente 1.200 casas deberían ser derruidas acorde a lo estipulado en Plan General de Ordenación Municipal de 2013, bien por el tipo de terreno sobre el que se habían levantado o por la edificación en sí misma". "Deben conservarse por muchos motivos, por ejemplo, crean barrios versátiles y con calado", indica Carro.

El entorno de Eira Vella, en el barrio de San Pedro de Visma. / Carlos Pardellas
"El Ayuntamiento, en materia de Urbanismo, cuida de los edificios con algún tipo de interés patrimonial, como un elemento decorativo, y le otorga un grado de protección que evita su destrucción. Aunque estas viviendas, como las del núcleo ruralizado de Eira Vella, no representan un valor patrimonial en sí mismo, sí tienen un valor histórico. Tanto la arquitectura como los materiales o la división de la parcela dan cuenta de un pasado, hablan del pueblo y de la memoria de un lugar. Eso tiene una riqueza que sería una lástima que se pierda por levantar nuevos barrios desde cero y sin valorar sus preexistencias", expone Carro.
Entre el barrio y la aldea
Subiendo por la calle Río, en la intersección con Eira Vella y en donde se dispersan los caminos, las vecinas "de siempre" Maricarmen y Pilar regresan de hacer la compra. Al ser preguntadas por cómo es ese lugar en el que viven, no llegan a consenso. Pilar es rotunda: "Es un barrio". Maricarmen replica: "Es una aldea". Para acordar una tregua, esta última puntualiza: "Es una aldea dentro de una ciudad. Estoy a cinco minutos caminando del centro de A Coruña". Ambas mujeres habitan en este núcleo desde su nacimiento y no planean mudarse, como sí hicieron otros residentes cuando llegaron a una avanzada edad y necesitaron de otros servicios.
"Este barrio es muy tranquilo y las casas son un lujo. La mayoría tienen su pequeña huerta, o al menos un terreno, y tienen una salida directa a la calle. Aunque algunas viviendas quedaron abandonadas, muchas están recién renovadas o en obras. No somos tantos como antes, pero hay reemplazo, se ve juventud. Además, nos acaban de poner unos huertos urbanos cerca y hay más tránsito de personas. A mí no me sacan de mi casa, da igual que vengan 4.000 vecinos más. Nací, crecí, me moriré y me enterrarán aquí, detrás de mi casa", enfatiza Maricarmen.

La vecina María josé López, de Eira Vella. / Carlos Pardellas
María José López llegó a la zona de Eira Vella hace 25 años porque conocía las calles y buscaba algo que ofrecían. "Era un barrio súperapartado, estaba lejos y muy tranquilo. Aquí nos conocemos todos. Con el tiempo se ha ido vaciando y se va llenando de nuevo, no le falta vida. Es un gusto porque había casas viejas muy bonitas y que se caían. Esto, en realidad, es una pequeña aldea, pero con servicios muy cerca", expone la vecina.
Para esta residente, una de las preocupaciones principales sobre el proyecto de 4.000 viviendas en la proximidad es el tráfico rodado que puede traer a sus calles. "Hubo reuniones en la que se nos informó del plan, en principio, no tenemos problema por aquí", comenta. Lo que sí echa en falta López es una zona de ocio, "un bar", porque el tradicional de la zona lleva años cerrados y a espera de ser rehabilitado. "A veces tengo que ir a tomarme una caña al Peruleiro", bromea.
Los servicios, una tarea pendiente
Ángel Díaz y Ana Lourido están satisfechos con su vida en la zona de Eira Vella, destacan lo mismo que sus convecinos. Tampoco el proyecto de edificación en Visma les supone un problema y remiten a "tener paciencia" con el ruido y las obras. Sin embargo, sí advierten que "ha empeorado" con los años: el tráfico de coches. El reciente cambio de dirección en una de las vías principales del ámbito ha supuesto un aumento de vehículos en la zona. "Es una torpeza y lo hicieron de la noche a la mañana. Habrá que ver lo que han tenido en cuenta, pero con la llegada del tráfico de colegios y más trabajadores, la rotonda del Pavo Real no va a ser capaz de absorber todo. Ya sentimos el aumento de la presión", expone Lourido.

El residente en la pequeña 'aldea' de Visma, Sigifredo Beyona. / Carlos Pardellas
Aunque lleva solo cinco años en su actual residencia, Sigifredo Bedoya conoce bien el sector porque este colombiano es "coruñés por historia". Este residente remite a la paciencia para acostumbrarse a las obras y ve "un bien común" en las nuevas edificaciones. "Nuestros terrenos se revalorizarán y todos ganaremos también. A mí me recortaron unos metros la parte de atrás de mi casa, ¿qué le vamos a hacer? Es parte del futuro, debemos anteponer el bienestar colectivo al individual", indica.
Más radical en su crítica es Ángel Martínez, un vecino histórico en Eira Vella. Para él, la inversión municipal en las calles "no es poca, es cero" y encuentra un trato discriminatorio hacia los residentes por debajo del puente de la tercera ronda. "Vivimos un abandono. Si somos San Pedro de Visma, tan del barrio como cualquier otro, ¿por qué no tenemos el mismo derecho? Donde yo vivo no hay alcantarillado y la toma de agua la pagué yo", detalla junto a su vivienda.

Una de las zonas en estado de abandono en la zona de Eira Vella. / Carlos Pardellas
"No tengo nada en contra de la construcción de viviendas, a ver si el Ayuntamiento en una visita se acuerda de nosotros y se decide a invertir algo en este pequeño pueblo. Seremos solo tres votos, pero contamos. Lo que cuesta urbanizar esta zona es lo mismo que un adoquín en los Cantones. En mi casa vinieron a instalar un tubo para subir la electricidad, pero todos los cables de la zona están en aire y colgando. De esto hace diez años y seguimos así", destaca este residente.
Núcleos con valor histórico
Para el arquitecto Iago Carro, ese tejido "con historia y valor urbano" cuenta la vida en un territorio que si bien hoy es de A Coruña, en otro momento era ajeno. Pone como caso lo sucedido en Eirís, donde no se derruyeron viviendas y se pudo proyectar igualmente el ámbito, y también apunta al futuro de Monte Mero, en donde las diferentes agrupaciones vecinales están peleando para que sus hogares resistan. "El espacio es amplio y mirado sobre el plano, algunas casas pueden salvarse. No deberían tirarse todas", apunta Carro.

Una de las viviendas renovadas en esta zona de Visma. / Carlos Pardellas
"Este tejido tendrá más valor y sentido cuando se levanten a su alrededor esos nuevos bloques con los que contrastarán. Es necesario solicitar más sensibilidad urbanística y tener en cuenta la opinión de los vecinos. También apoyar la rehabilitación frente a la construcción, que tiene menor impacto ambiental. Existen casos precedentes como A Gramela, un barrio que desapareció y el topónimo también se fue con él, y con su nombre se esfumó la historia. Este tipo de núcleos hoy en día pueden encontrarse en O Ventorillo, con áreas como A Silva o A Moura", señaló el arquitecto.
Sin embargo, en el texto del Plan General de Ordenamiento Municipal caben estas viviendas, a través de la Norma Zonal 4.5. En este apartado se regula el suelo urbano consolidado destinado a viviendas unifamiliares de baja densidad, como podrían ser las edificaciones aisladas, los pareados, los chalets o los adosados. Su aplicación es frecuente en la periferia y marca, por ejemplo, que la ocupación máxima de la parcela debe ser del 60% o que la altura máxima sea de una planta baja y una superior.
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