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La ostra rizada japonesa invade las rocas del castillo de San Antón, en A Coruña: "Esta especie está estendéndose por todo o mundo"

El biólogo Antón Prego advierte que esta especie invasora, que llegó a Galicia en la década de los 80, puede alcanzar tamaños "monstruosos" y amenaza la biodiversidad local

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A Coruña

Las rocas del entorno marítimo del castillo de San Antón, en A Coruña, siguen el ejemplo de sus hermanas en la costa oleirense y el resto del litoral gallego. La ostra rizada japonesa sirve de atuendo para las formaciones rocosas de la fortificación que, poco a poco, van quedando totalmente cubiertas por esta especie invasora. "É unha especie exótica invasora que non ten nada que ver coa ostra autóctona, que sería a plana", explica el biólogo de la Cofradía de Pescadores de Pontedeume, Antón Prego.

El bivalvo asiático, a diferencia del local, puede alcanzar tamaños "monstruosos". "Hai mariscadores que lles chaman 'os zapatóns', porque moitas veces acadan o tamaño dun zapato", comenta Prego, que explica que esta especie de ostra necesita adherirse "sobre algún tipo de rocha". A veces, incluso, se anexa sobre las propias conchas de compañeras de especie.

Del Pacífico al mundo

Su origen se encuentra en la zona noroeste del Pacífico, llegando a Europa hace "uns 70 anos" y a Galicia en la década de los 80. "Entrou mesturada con semente de ostra autóctona para cría e foise estendendo e colonizando pouco a pouco", relata el biólogo. Sin embargo, esta colonización no es un caso aislado en territorios europeos. "Esta especie está estendéndose por todo o mundo, basicamente", expone Prego.

En la costa coruñesa se empezó a detectar de manera significativa hace un lustro, aproximadamente, aunque sus inicios fueron "moi pouco a pouco". "Ao principio non se notaba nada, ademais eran pequenas, non se lle daba moita importancia. Pero, de repente, tiñan un crecemento moi rápido, crearon uns arrecifes monstruosos", declara Prego.

Como especie invasora, "é un bicho moi resistente" que se vio beneficiado por una "tormenta perfecta" de globalización y cambio climático. "Atopou aquí un ecosistema no que as rías e desembocaduras estaban moi alteradas, con cambios de temperatura e de salinidade moi potentes que as propias especies autóctonas estaban sufrindo", dice Prego. "Chegou e non tiña competencia", añade.

Van ganando territorio a través de las larvas que liberan los ejemplares adultos. Esas larvas, después, "van buscando un substrato que lles vaia ben para adherirse, quedan pegadas e van medrando".

Explotación económica

Para el biólogo, el único aspecto positivo que se podría obtener de la ostra rizada japonesa es "o rendemento económico da súa explotación como recurso marisqueiro". Más allá del rédito monetario, no obstante, priman los daños provocados al ecosistema local. "Vai facer desaparecer algunhas especies autóctonas", sentencia.

En la explotación de la ostra "utilízase todo dela". Actualmente, lo que más salida tiene es el ejemplar de pequeño tamaño, "sobre dez centímetros", que se utiliza para el consumo fresco. Los especímenes más grandes pueden emplearse para conservas o paté, mientras que con sus conchas se puede elaborar abono.

La propia explotación de la especie puede servir como mecanismo de control de la misma, aunque es "complicado", porque es una "invasión moi agresiva". "Vale máis a pena utilizar a cabeza e xestionar ben os recursos, como intentar evitar a expansión a zonas onde non entrou todavía", señala Prego.

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