Alba López, la tatuadora que abrió su propio estudio con 25 años: "Los tatuajes te hacen ser quien eres"
Willow Tattoo Gallery se concibe como un espacio artístico interdisciplinar con exposiciones itinerantes
Alba López, que acumula más de 10.000 seguidores en Instagram, trabaja con un sistema de agenda cerrada y una lista de espera de ocho meses

Alba López, tatuadora y fundadora del estudio Willow Tattoo Gallery, impartiendo un curso formativo. / Gus de la Paz
La tatuadora Alba López fue artista antes que niña. "Mi madre siempre dice que cuando estaba en la trona, ya hacía garabatos con las ceras", recuerda. 25 años después, esa niña que no sabía vivir sin el arte acaba de abrir su propio estudio de tatuajes en A Coruña, Willow Tattoo Gallery; un espacio de libre expresión donde no solo la tinta tiene cabida, un hogar para pequeños y grandes artistas, un local donde admirar las obras expuestas mientras plasman historias en la piel.
Las puertas de Willow se abrieron el pasado 4 de julio en el número cinco de la calle Mariana Pineda, con un equipo de tres tatuadores: la propia López, Inés Calvo y Joaquín Vila o 'Jota' —lpzink, inesdediatattoo y jotasoultattoo en Instagram, respectivamente—. Después de un mes de rodaje, López explica la realidad de emprender con 25 años.

Joaquín Vila, Alba López e Inés Calvo en la inauguración de Willow Tattoo Gallery. / Carlos Pardellas
Se inscribe dentro de la línea fina y el microrrealismo. ¿Siempre le llamaron estos dos estilos, o fue navegando por distintas corrientes?
Siempre me llamaron la atención; es más, cuando empecé a tatuar ya iba con la meta de 'yo lo que quiero hacer es esto'. Veía tatuadores que hacían tradicional, japonés, old school... Y a mí no me gustaba. Como anécdota, empecé a tatuar en 2020, y cuando estábamos en cuarentena subí una historia a mis mejores amigos de Instagram de un tatuador italiano de línea fina y microrrealismo y puse 'esto lo haré yo'. Y aquí estoy, seis años después, haciendo justamente eso.
¿Cuáles son sus referentes? ¿Tiene más inspiraciones de tatuadores o de artistas en general?
Te diría que tatuadores. El arte siempre ha sido algo que me gustó mucho, pero no tengo ningún artista que diga 'guau'. Hubo una época que me gustaba mucho Dalí, pero después entra todo lo de separar la obra del artista (ríe). Según fui creciendo, no me centré en un artista como tal, sino en una etapa, el Renacentismo, con un realismo muy marcado y buscando la perfección en la anatomía humana. Me fijo más en los tatuadores, y para mí hay dos que me chiflan: Zlata Kolomoyskaya [goldy_z en Instagram], que tiene su propio estudio en Nueva York y hace un realismo que es una locura. Y después hay otro alemán que se llama ben_tats en Instagram. Veo la trayectoria de los dos y es la perfección en tatuaje.
Trabaja con un sistema de agenda cerrada que está completa hasta el año que viene.
Ahora mismo tengo ocho meses de lista de espera, hasta finales de abril no tengo ninguna cita disponible. Trabajo con agenda cerrada porque cuando vi que tenía seis meses de lista de espera peté, porque me agobiaba el hecho de ¿y si mañana me pongo enferma, dónde meto esas citas? Entonces empecé a cerrarla y a hacerlo a través de formularios.
¿La Alba que empezó en el mundo de los tatuajes se lo imaginaba?
Para nada me imaginaba esto, yo iba con la idea de que no iba a poder vivir de esto. Cuando me hice mi primer tatuaje a los 18 años, mi tatuadora me dijo: 'vale que te quieras meter en esto, pero ojo, porque al principio no te da para comer'. Entonces yo estaba súper asustada, pensaba 'dónde me estoy metiendo' (ríe). Al final, a los 19 empecé y vi que desde el primer mes podía vivir de ello; no con las condiciones de ahora, pero estaba independizada. A lo mejor es que esta chica empezó antes y eran las cosas diferentes y efectivamente a día de hoy hay muchísima más demanda a nivel tatu, pero jamás pensé que en tan solo seis años iba a poder montarme mi propio estudio.
Agenda completa hasta abril, más de 10.000 seguidores en Instagram, por sus manos ha pasado gente conocida... ¿Es correcto medir la valía de un artista en cifras?
Tampoco pensé que fuera a tener ocho meses de lista de espera y esos seguidores (ríe). Pero los seguidores no son clientes. Un tatuador puede ser muy bueno y tener unos seguidores mínimos. El hecho de tener más seguidores no hace que seas mejor tatuador, para nada. Yo estoy súper en contra de eso, hay que fijarse en el trabajo de cada uno.
¿Es el tatuaje una forma de adueñarse de nuestro propio cuerpo?
Yo creo que para hacerte un tatuaje, lo primero de todo es que tienes que tener mucha personalidad, no puedes seguir modas y, en cierta parte, tienes que estar en paz contigo mismo, con lo que tú eres y con lo que tú haces. ¿Qué pasa?, que también hay otra parte en la que te tatúas tu cuerpo para que te guste un poquito más, o para darle un toque que quizás te falta a nivel estético y que tú ansías. Te hacen ser quien eres, porque los tatuajes son parte de nuestra personalidad, son parte de nosotros y ninguna persona va a tener los mismos ni hechos de la misma manera, porque cada uno los plasma de una manera diferente.
El del tatuaje es un mundo bastante masculinizado pero, al mismo tiempo, se atribuyen ciertos estilos a las mujeres, como la línea fina. ¿Percibe esta dicotomía, estos sesgos de género, en su día a día?
Yo en lo que más lo percibo es que el 90% de mis clientes son mujeres, cosa que yo adoro. Esto lo digo como mujer tatuada, no como tatuadora, y es que yo cuando me iba a tatuar, antes de tatuar yo, prefería que fuese una mujer, porque me sentía más cómoda, porque en esa parte más masculinizada hay hombres que, desde mi punto de vista, son un poco más ariscos o un poco más brutos. Mujeres somos muchas menos, aunque cada vez más. Y en el día a día, mis clientes de línea fina son la mayoría mujeres, porque se suele asociar a algo delicado y yo, si soy un hombre, quiero verme súper tatuado, con un realismo de un león y una rosa (ríe). Pero no tiene por qué ser así, también tengo clientes hombres que se tatúan línea fina y les quedan increíblemente espectaculares. Creo que lo tenemos muy instaurado a nivel de sociedad, pero no debería ser así.
Con la apertura de Willow ha cumplido uno de sus sueños. ¿Qué le hizo dar el paso?
Todos a día de hoy sabemos que la cosa está un poco fastidiada con tema de alquileres, bajos y demás. Yo llevo muchos años queriendo tener mi propio estudio, te diría que desde que empecé tuve esa ambición, lo que pasa es que es difícil dar el paso por los miedos que se generan. Yo tenía miedo a perder clientela, a moverme del centro de A Coruña... Lo que más me impulsó finalmente fue el ver que tengo muchísimos clientes fieles. Al ver que hay tanta gente que confía en mí sentí que no podía ir mal. Aún así lo hice con muchísimo miedo.
No es solo un estudio de tatuajes, sino un espacio de libre expresión para el arte, con exposiciones itinerantes, y justamente empezó con la de su compañera, Inés.
Sí, empezamos con ella. Lo de las exposiciones artísticas viene porque, antes de saber que quería dedicarme a esto, siempre soñé con poder exponer en una galería de arte, y es algo muy complicado, por desgracia. Entonces es una manera de poder impulsar a artistas gallegos que quizás son emergentes o quizá no, pero poder impulsarlos un poquito más y que toda la gente que viene a tatuarse diga: 'me voy a tatuar pero, a mayores, puedo ver esta exposición, puedo conocer a un artista, puedo comprar una lámina'. Al final, es ayudarnos entre todos, porque es en lo que creo que se debería basar el arte y no en tantas competencias.
Después de este primer mes de Willow, ¿cuál es la realidad de tener un negocio propio, especialmente para una persona joven?
Yo llevo siendo autónoma los seis años que llevo tatuando, entonces esa parte de gestionarme a nivel económico ya la tenía un poco más rodada. Pero sí que es verdad que abrir esto me ha hecho darme cuenta de que las cosas, por mucho que queramos que dependan de nosotros, no lo hacen. Por ejemplo, pedí un sofá de tres módulos y me llegaron dos, y el otro se lo entregaron a otra persona. Son cosas pequeñitas que no pensamos en nuestro día a día, pero realmente surgen un montón de problemas, y problemas que, por desgracia, no están en nuestra mano. En el estudio es todo precioso, pero llegas a casa y es estrés. Siento que desde que abrí Willow no he parado, incluso desde antes. El tiempo libre que yo tenía, ya no lo tengo. Y siendo tan joven hay gente que te admira mucho y gente que todo lo contrario, que te dice que eres demasiado joven para abrir un negocio. Es una sensación agridulce, pero no lo cambiaría por nada del mundo.
¿Se puede vivir del arte en la sociedad actual?
Te diría que es complicado, pero no imposible. Creo que hoy en día las redes sociales nos ayudan mucho a darnos visibilidad, pero son un arma de doble filo: porque igual que hay mucha gente que despega con ellas, hay mucha otra que se estanca y no llega a lo que le gustaría por culpa de falta de likes o reposts. Entonces, ¿se puede vivir del arte? Sí. Ahora, de vender tu arte como tal, como un cuadro o una escultura, es mucho más complicado.
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