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Emiliano Suárez, director de escena de Jenůfa : "Es muy importante que el mundo de la ópera sepa que hemos conseguido traer a los mejores a A Coruña"

La Asociación de Amigos de la Ópera comenzará la temporada lírica con el estreno en Galicia de Jenůfa los días 17 y 19 de septiembre en el Palacio de la Ópera

El director escénico de Jenůfa, Emiliano Suárez, en la playa de Riazor.

El director escénico de Jenůfa, Emiliano Suárez, en la playa de Riazor. / CARLOS PARDELLAS

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A Coruña

¿En qué consiste el trabajo de un director de escena?

Depende de cada director de escena, pero puede equivaler al director de una obra de teatro, de un musical o de una película incluso. Hay una parte importante de coordinación, de gestión de un equipo artístico, que es fundamental para que el trabajo final salga exactamente, en este caso, como yo lo he pensado. También hay otra parte que creo que es más personal, más íntima, un proceso creativo que trata de llevar la obra al lugar con el que tú has soñado, o en un lugar donde crees que puedes hacer algo memorable. No siempre lo alcanzamos, pero hay que pensar que podemos lograrlo.

¿Cómo fue todo el trabajo de estudio y proceso creativo previo?

Hay un proceso de estudio, de lectura y de análisis. Los directores de escena normalmente no somos músicos, pero sí somos amantes de la música y conocedores de la ópera. El proceso creativo viene del interés, del preocuparte por la obra y afrontarla desde un lugar correcto, es decir, escucharla varias veces y leerte el texto. Es importante entender el contexto del compositor, conocer a fondo su entorno, su época, su estilo y su biografía. La figura de Janáček (el compositor de la obra) es muy interesante, tenemos un libreto en prosa que es de una intensidad y de un naturalismo maravilloso, estás trabajando con teatro puro. Después llega el momento de decidir como afrontarlo, siendo respetuosos con todo ese proceso creativo y de estudio, y así poder llevarlo a donde nos gustaría. Yo creo que ahí está la clave de una buena propuesta por parte del director de escena.

La historia original transcurre en la Europa del Este del siglo XIX. ¿Por qué decide traspasarla a los años 50 del siglo XX en la América Profunda?

Leyendo la historia, enseguida me empezó a venir un tipo de cine a la cabeza, y ahí rápidamente conecté con el universo cinematográfico de Bogdanovich. No podemos decir que mi producción esté inspirada en The Last Picture Show, pero sí es un punto de partida. No es una cinta de terror desgarradora, simplemente es un dolor sordo, ahí encontré un punto de conexión. Todo parte de un colectivo aislado, donde no hay posibilidad de aspirar a casi nada, todos los días son iguales y la gente se refugia en la soledad, el alcohol y las drogas. Esa situación enferma la mente, el alma y el espíritu. En casi todos los personajes hay un nexo en común, la podredumbre emocional, la ausencia de sentimientos y la falta de sensibilidad. Me parecía un lugar interesante, no tanto porque fuera América, sino porque la escenografía no puede ser extraordinariamente naturalista, primero porque tal vez no sea nuestro estilo, y segundo, porque sería impagable el reproducir exactamente esos espacios con hiperrealismo. Pero sí que he ido un poco a ese lugar que creo que consigue respetar los códigos musicales y dramáticos de la ópera.

¿Cómo consigue plasmar ese dolor sordo del que habla en la escena?

Otra tarea muy importante del director de escena es el desarrollo de los personajes y la descripción psicológica. Los intérpretes han estudiado la música, pero como mucho han visto el proyecto y han estudiado sus notas, no traen desarrollado el personaje, para eso tenemos los ensayos. Yo creo que es importante que todos los personajes estén entrelazados de alguna manera, que sean muy desiguales y que el público reconozca a cada uno. En el caso de Jenufa el peso recae, en gran parte, en los cuatro protagonistas principales. En este caso, yo creo que pondría por delante los personajes femeninos, tanto Jenůfa como Kostelnicke llevan el peso del drama.

Los personajes femeninos protagonistas, Jenufa y Kostelnicke representan dos polos opuestos en la sociedad en la que viven.

Con Kostelnicke me he ido a un lugar que no suele ser habitual, para mí es un personaje malvado, es una maléfica al estilo Stephen King. Para mí su personaje también esta enfermo, es una mujer absolutamente traumada, porque le ha pasado lo mismo que a Jenůfa, en su momento abusaron de ella sexualmente, se quedó embarazada fuera del matrimonio, fue señalada y maltratada. Jenůfa representa lo opuesto, es una figura del feminismo incipiente de finales de los 50 y principios de los 60, que ha tenido la mala fortuna de estar en el momento equivocado y rodeada de la persona equivocada. Ser una mujer con personalidad, carácter, trabajadora y ejemplar no significa que todo le vaya bonito, ella aun teniendo todas estas cualidades es imposible que brille. Lo que intento con ella es que, a pesar de todas las desgracias que se van desencadenando, camine hacia la luz. Es el único personaje estructurado a nivel emocional en toda la obra.

El gran protagonismo se lo llevan Jenůfa y Kostelnicke. ¿Pero qué sucede con los personajes masculinos?

Las figuras femeninas son importantísimas para la obra, pero pienso que en ocasiones se trabaja poco en los dos protagonistas masculinos. Parece que si funcionan Jenůfa y Kostelnicke es como si ya estuviera todo hecho, y yo estoy empeñado en que también funcionen los personajes masculinos, Laca Klemen y Steva. El primero tiene una psicopatía, una enfermedad mental concreta, tanto en la partitura como en el libreto el personaje tiene unos cambios de registro tremendos, pasa de ser dócil y entrañable a ser agresivo e incluso peligroso. Imagínate a un enfermo mental a finales de los años 50 en un pueblo olvidado de la América profunda. Por otro lado, Steva está perfectamente definido como un alcohólico y me metí un poco en el mundo de las adicciones, cuando el adicto tiene contacto con el alcohol su cerebro hace clac, es un cerebro enfermo.

En esta función trabajan alrededor de 200 personas. ¿Cómo organiza a tanta gente en escena?

Es fundamental venir a los ensayos con el trabajo hecho, las ideas claras y tratando de trabajar mucho antes de subir al escenario. Una cosa son los personajes principales, y en otro escalón pondríamos a los personajes secundarios, con los que también hay que trabajar, pero que te llevan menor tiempo porque tienen menos presencia. En mi último escalón, por llamarlo de alguna forma, está trabajar con el coro. Con ellos hemos pensado una idea que creo que ayuda al espectador a entender mejor lo que se pretende contar. El coro es ese pueblo enfermo y fantasmagórico, hay algo de ficción ahí. También utilizamos algo muy propio de Janáček, que es que la base musical está inspirada en el folclore popular checo, el utiliza de manera muy explícita ese folclore popular, muy melódico, muy tonal. Esto me ayudo mucho a la hora de escoger por donde ir, utilizar esa melodía amable para hacer terror y suspense.

¿Cómo surge la colaboración entre Opera Garage y Amigos de la Ópera?

A mí me hacía una ilusión tremenda dirigir en A Coruña, he venido muchísimas veces a la temporada lírica y tengo buenos amigos en esta ciudad, además tengo una amistad muy especial con Aquiles. Él me habló muy claro y me dijo que quería hacer Jenůfa y me pregunto si le ayudaba. No era un reto fácil, porque no hay muchas producciones, y las que estuve mirando no entraban en el Palacio de la Ópera o no había el presupuesto necesario. Yo tengo una productora, hago ópera en otro formato, pero al final la dinámica de gestión es la misma. Todo esto también supone traer una nueva producción, por lo que el equipo tiene que estar preparado y hay que reforzar la estructura. Esta obra cuenta con Alfons Flores, Ana Garay y Luis Perdiguero, en A Coruña se deben de sentir muy orgullosos de tenerlos en el estreno de la temporada, porque estamos hablando de un nivel de Champions Legue. Es muy importante que el mundo de la ópera sepa que hemos conseguido traer a los mejores a A Coruña.

Uno de los grandes retos de la ópera es acercarla a un público más joven. ¿Cómo lo afrontan?

No es tarea fácil, yo me dedico a esto desde hace 10 años, y tengo un formato que es Opera Garage, que consiste en llevar la ópera a espacios alternativos de una manera industrial y esquemática. Hemos podido conectar con un público más joven, pero tiene que ver con el concepto y con el precio. La ópera no puede ser inalcanzable, pero tampoco se puede regalar porque hacerla es muy caro. Lo ideal sería que todo el mundo pudiera acceder a ella. Jenůfa no es una ópera de repertorio que la gente reconozca a la primera, pero es un grandísimo espectáculo musical y a nadie le va a defraudar.

¿Qué cree que va a ser lo que más le sorprenda al público cuando vea el espectáculo?

La intensidad del drama, de la música, del texto y de la propuesta, porque es verdaderamente desgarradora. Tiene momentos de un lirismo bellísimo y después hay dinámicas musicales que te encogen el alma y no te dan tregua. En esta obra estás dentro desde que empieza hasta que acaba. La ópera esta para vivirla.

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