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La Real Academia Galega en A Coruña desvela su nueva cara tras los andamios: la fachada se despide de sus rejas y estrena un llamativo tejado de zinc

La RAG se acerca al fin de una reforma con valor de 3,12 millones de euros firmada por el arquitecto Gonzalo Moure, cuyos cambios ya se pueden ver a pie de calle

Vista de la fachada renovada de Real Academia Galega, en A Coruña.

Vista de la fachada renovada de Real Academia Galega, en A Coruña. / Carlos Pardellas.

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A Coruña

La rehabilitación de la Real Academia Galega en A Coruña encara su recta final con nuevo aspecto que ya es visible en la fachada, después de la retirada de los andamios. El inmueble, situado en el número 11 de la calle Tabernas, esperaba su reforma desde el anuncio en 2016 y una década después está a punto de concluir la ejecución del proyecto del arquitecto Gonzalo Moure. La sede de la RAG, que contiene en sus estancias también la Casa Museo Emilia Pardo Bazán, debía someterse a unas obras que actuarían sobre el sistema de calefacción, goteras y humedades, según explicaba entonces el expresidente del organismo, Víctor Freixanes, pero los técnicos encargados de la inspección informaron de "riesgo de derrumbamiento parcial".

En presente, la fachada de la RAG queda apenas cubierta por una valla frente al portal y la fachada principal puede verse liberada de los andamios de obra. En el lateral izquierdo frente a la entrada, puede apreciarse un nuevo aspecto del ventanal semicircular, que sustituye a la antigua portada con rejas que cubrían el vidrio, y una ventana limpia, sin hierros. El arquitecto justificó este cambio determinante en el exterior por la necesidad de buscar luz y limpieza en la reforma del edificio histórico, además de una "conexión entre las calles Tabernas y Parrote". Finalmente, desde una vista cenital, se distingue la cubierta de zinc en la RAG, una de las grandes novedades y que fue motivo de disputa con la comisión Plan Especial de Protección y Rehabilitación Integral de la Ciudad Vieja y Pescadería (Pepri).

Vista de la cubierta de la Real Academia Galega.

Vista de la cubierta de la Real Academia Galega. / LCO

"Buscaba esa relación para poder pasar de una calle a otro. Como cuando paseas por las juderías de Córdoba y ves un patio al fondo con flores y te atrae. Quería esa atracción. Tuve muy presente la Ciudad Vieja. Quiero que llame la atención, pero no por exageración sino algo educado, amable y con cierta timidez", razonó Moure sobre un proyecto que contó con una financiación de 3,12 millones de euros con impuestos.

Los retrasos de la obra

El proyecto de Moure, llamado Umbral, entreluces y el cielo, recibió en primera revisión un resultado desfavorable de la comisión encargada de la aplicación del Pepri. Alarmaron entonces de que la fachada de la biblioteca tendría que estar en armonía con el resto de la fachada del edificio. En una siguiente reunión, el veredicto cambió a favorable y la obra proyectada por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible recibió el visto bueno. Para ello, en la modificación del proyecto debía eliminarse una caja del ascensor que conectaría con la calle Parrote, que sobresalía, y optar por zinc para el material de la cubierta.

Fachada antigua de la Real Academia Galega, en A Coruña.

Fachada antigua de la Real Academia Galega, en A Coruña. / Víctor Echave

La obra sufrió una serie de retrasos desde su planteamiento, bien por cuestiones administrativas ligadas a permisos y licencias como a las modificaciones del proyecto y, con especial incidencia, el traslado el archivo de ambas instituciones. El fondo de la institución se compone de 1.100 cajas, además de muebles, y en las que hay, entre otros muchos documentos, más de 60.000 monografías. Este último aspecto lastró los tiempos de ejecución entre tiras y aflojas por parte del Ayuntamiento y el expresidente de la RAG, Víctor Freixanes, que llegó a declarar que si Inés Rey, como interlocutora preferente, no movía ficha, "llamaría a la puerta de la Xunta".

Las negociaciones institucionales no terminaron en acuerdo y la Real Academia Galega buscó por su cuenta un antiguo almacén de material de construcción en Pocomaco, que habría que acondicionar para albergar el fondo académico. El Ayuntamiento había ofrecido la tercera planta de la Casa Paredes para un “un traslado parcial”. La Xunta, como contraoferta, había ofrecido las dependencias de la Cidade da Cultura, en Santiago, pero la Real Academia se mantuvo en su voluntad de que A Coruña mantuviese la sede provisional. Ante esto, el Gobierno autonómico asumió el coste de la operación, valorado en 300.000 euros, liberando a la RAG de esa carga.

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