Escritor
Andrés Neuman: "El 11-S fue el último atentado del siglo XX, un atentado predigital"
"Tendemos a medir cuantitativamente y a asociar internet con corto, pero en la Red no todo es Twitter, sino que caben libros enteros"

El escritor Andrés Neuman. / xoán álvarez
Carmen Villar | Santiago
-¿Cree que el relato vivirá un auge ahora que internet, dicen, nos acostumbra a no concentrarnos durante largo tiempo?
-Esa idea se repite mucho pero se ha pensado poco. Cuando uno ve los best-sellers, suelen ser novelas largas, desde Harry Potter a los libros de Ken Follett. El tema no está en la extensión, sino en la complejidad. Tendemos a medir cuantitativamente y a asociar internet con corto, pero en la Red no todo es Twitter, sino que caben libros enteros. Creo es que vivimos en un mundo intermitente: cambiamos mucho de atención, pero la prestamos cada vez. El cuento busca que esa breve atención esté llena de intensidad.
-Internet protagoniza uno de sus cuentos, cuando un ataque terrorista deja a la humanidad sin contenidos...
-Por una parte es una sátira sobre la obsesión por los soportes mientras olvidamos el contenido. Y por otra es una reflexión sobre cómo será el terrorismo del futuro. Se suele decir que el 11-S fue el primer atentado del siglo XXI, pero es falso; en realidad fue el último atentado del siglo XX. Un atentado con aviones y edificios que se caen, que cuesta vida, dinero, riesgo, un atentado predigital. Para joder a un país no necesitas derribar un edificio. Mi idea era transmitir que, como estamos en la sociedad del conocimiento, el terrorismo del futuro va a atentar contra el conocimiento. -La muerte tiene un peso importante en el libro. Pero la sociedad de hoy parece querer apartarla a un lado... Usted no deja a sus personajes al margen.
-Sigo pensando que los personajes merecen nuestro respeto, pero eso no quiere decir que les evitemos lo más doloroso porque eso sería tratarlos como menores de edad. Y respecto a morir, es inevitable y que la sociedad lo aparte me parece una razón más para hablar de ello. A pesar de que tenemos muchas muertes virtuales en telediarios o videojuegos, la muerte en clave íntima la soportamos cada vez peor. Es como si la hubiéramos expulsado de nuestra casa para ponerla en manos de los especialistas y así entra en un territorio más neutral y aséptico, que te obstaculiza la comprensión del fenómeno. Por eso me parece más importante que nunca la reflexión sobre la muerte propia. Uno aprende a morirse en la ficción. Porque la ficción, como yo lo veo, no es un pasatiempo, sino un ensayo de lo más importante: amar, reír, morir... -Vuelve a notarse la importancia que le da a observar. Como en ese de la Teoría de las cuerdas... -Es que un narrador, y sobre todo un narrador breve, es muchas veces un detective de los detalles. Ese hombre ha llegado a la conclusión de que conoce mejor a sus vecinos a través de una toalla, unas bragas o unos pantalones que teniéndolos enteros, porque cuando los ve enteros, hay algo que se le escapa. Hay demasiados datos para comprenderlos. En cambio, un solo detalle pude ser observado con la atención que merece. Y eso hace un cuento muchas veces: elegir un punto de vista preciso.
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