"Los extraterrestres son inmortales", afirma Paul Trynka en una de las casi seiscientas páginas dedicadas a la biografía de David Bowie, sin duda, uno de los más grandes que ha dado la historia del rock. Y puede que tenga razón, porque Bowie, el hombre que vendió el mundo y creó a Ziggy Stardust, no solo es inmortal, aunque lleve años de silencio, sino que cada reaparición ha sido la forma de reinventarse a sí mismo, tanto desde el punto de vista musical como estético.

Del glam, a la época más cool o incluso a la más generosa y elegante, el Camaleón, el Duque Blanco es diferente hasta en la mirada. Para algo tiene un ojo de cada color. Y siempre ha tenido claro su destino. Trynka lo viene a perfilar bien cuando afirma que Bowie quiso cambiar el sentido del rock. Y lo consiguió. Por ello sus discos son clásicos y trabajos como The man who sold the world, Hunky Dory, The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders of Mars, Aladdin Sane, Diamond Dogs, Young Americans, Station to station o Heroes -todos ellos grabados durante la gloriosa década de los setenta- no solo se mantienen vigentes de sonido y aún innovadores casi cuarenta años después, o sus reediciones son continuas, sino que son espejo de una legión de las nuevas bandas que ha dado el pop británico en estas últimas décadas.

Pero más que un genio, Bowie es también un verdadero visionario. Así lo define Trynka en Starman, la mejor obra publicada hasta ahora sobre la carrera profesional y trayectoria personal de David Bowie, el alter ego de David Robert Jones, y que acaba de editar Alba Editorial.

También, un hombre de negocios en el sentido estricto. Desde el primer momento, desde que tuvo claro que quería dedicarse a la música, Bowie marcó un sendero y de él no se ha movido.

"El único arte que voy a estudiar será aquel del que pueda robar. Creo que mi forma de plagiar es muy eficaz", dijo. El robo sin tapujos de sonidos, pero para unirlos hacia una nueva dimensión -la suya- o para llevarlos hasta la más lejana frontera, el límite de la máxima de Picasso: los buenos artistas copian, pero los genios roban para inventar. Y después, siempre serán ellos robados. Así ha sido también en Bowie.

"Inevitablemente, a medida que la carrera de Bowie siguió avanzando, generaciones y generaciones de fans se hicieron la misma pregunta: qué había detrás de aquella apariencia. A lo largo de los años se han formulado numerosas teorías, ya sea la del comerciante sin escrúpulos y con corazón de piedra o la del genio nato con pequeños defectos de carácter", resume Trynka .

Starman es un trabajo profundo. Repleto de detalles. Es más que una biografía al uso, una reconstrucción de la vida de Bowie pero desde la narración de quienes han estado a su lado; un recorrido desde su etapa de niño hasta esta misma década. Pero además, no se conforma con la superficie sino que entra en la arena psicológica, el continuo otro yo de Bowie, sus devaneos con las drogas, su cambiante y dudosa sexualidad, muchas veces alimentada por él mismo, sus mujeres y todos aquellos protagonistas de la historia del rock que se han cruzado en su vida.

Cientos de entrevistas perfilan al genio de Aladino. Pero sobre todo permiten descubrir una personalidad, en algunos casos inesperada; la verdadera explicación de la continua transformación del Camaleón.

Un largo silencio y muchos rumores

Casi una década de silencio lleva la carrera de Bowie. Casi diez años sin material nuevo desde aquel Reality. Mucho se ha especulado en los últimos años sobre la situación de Bowie. Se ha dicho que estaba enfermo, que se había retirado de forma silenciosa -de hecho desde entonces solo han aparecido reediciones o rarezas conmemorativas- e incluso se llegó también a anunciar una gira mundial que iba a pasar por Valencia pero que quedó en el camino por su elevado coste.

La gira de Reality, de hecho, acabó de forma inesperada. Bowie sintió unos dolores en el pecho. Desde entonces las especulaciones no han hecho sino amplificar su leyenda. Hace unos días, el propio Tony Visconti, productor de los mejores trabajos de David Bowie, negaba que el artista estuviera enfermo y aseguraba que cada mes veía al Duque y comía con él.

"Los rumores no son ciertos. Bowie está perfecto de salud. Tiene muy buen aspecto, está fuerte. Lo prometo", aseguraba el sexagenario productor discográfico. En los últimos años, sus apariciones públicas han sido contadas. Apenas se le ha visto en algún concierto u homenaje.

Tampoco hay información reciente alguna en su página web. Nada que haga presagiar una reaparición, pero en Bowie ya se sabe. Todo es posible. Hasta su oficina ha negado la autorización para la producción de un musical con algunos de sus mayores éxitos. Sin embargo, nadie lo olvida. Para algo se llama Bowie.