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La Opinión de A Coruña

Entrevista

Rigoberta Bandini, tras el 8-M: "'Ay mama' no es mía, ya es de todas"

La canción de la artista catalana, convertida en himno oficioso de la jornada, se coreó en las manifestaciones de toda España

Rigoberta Bandini en el Palau de la Música de Barcelona.

Entre atónita y emocionada seguía Rigoberta Bandini 24 horas después del 8-M. Este pasado martes su teléfono (el de Paula Ribó, así se llama la artista catalana) no paró de recibir vídeos provenientes de todos los lugares de España -y de mucho más allá-. En ellos se veía a miles de mujeres coreando sus canciones durante las manifestaciones del Día de la Mujer. Sobre todo, 'Ay mama', la supercelebrada pero fallida candidata a Eurovisión, que se adoptó como un himno oficioso del 8-M.

¿Qué pensó cuándo vio que cantaban su canción?

Cada cosa que pasa me sigue sorprendiendo. No sé si se me pasará y habrá un momento que no tendré emociones y nada me afectará o qué. El impacto que ha tenido esta canción ha sido el más bestia de todos los 'singles' que he sacado, pero no me imaginaba nada. Pensaba que podría sonar en algún momento [del 8-M], pero la cantidad de vídeos de toda España en los que me han etiquetado, de México también... ¡Ha sido una locura! La sensación es que esta canción no es mía, literalmente. ¡Y qué guay, ya es de todas! Realmente lo siento así, que no es mía. Y es muy fuerte porque no han pasado ni tres meses.

¿La emoción es muy diferente a la de cuando el Palau de la Música corea ese mismo tema?

Es muy diferente. La emoción de los conciertos es muchísima, pero subes al escenario y, de alguna manera, hay un diálogo superintenso con el público. Recibo mucho amor y también lo doy, pero está dentro de un marco artístico que todos hemos comprado. Sabes que, de alguna manera, es una ficción. Lo que más me impresiona de los vídeos de mujeres cantando mis canciones en la calle es que esto es la vida, está en la calle, en las vidas de estas personas. Es una canción que ha impactado en sus cuerpos y que la están cantando sin que nadie se lo haya pedido. Me impacta mucho más, me emociona mucho más y me da mucha fuerza. Con cosas como estas todo tiene sentido. Al final, haces canciones para ayudarte a ti misma, pero si puedes ayudar a los demás es muy guay. Cuando ves que cogen tus canciones y que a ellas también las empodera es como, ¡joder, he hecho el check!

-Le han pasado muchísimas cosas con 'Ay mama'. ¿Dónde sitúa lo de ayer?

Es como que en tres meses esta canción ha hecho todo lo que tenía que hacer. Ahora lo que puede hacer es que se quede en nuestras vidas. Con 'Perra', por ejemplo, sí que pasó que la gente la sintió muy rápido como si fuera un himno, que empoderaba. Pero con 'Ay mama' ha sido todo mucho más rápido y mucho más intenso. Siento que yo he sido un canal y que ahora ya he hecho todo lo que tenía que hacer. Ahora ya es de la gente.

¿Cómo lleva ser un referente más allá de lo musical?

Es una cosa con la que me estoy enfrentando ahora, es muy nuevo para mí. De golpe siento esta responsabilidad de que digo una cosa y se hacen titulares, o se convierten en supertótems. Estoy acostumbrada a opinar desde la cotidianidad. Por un lado está muy bien y, por otro lado, caga. Me da un poco de rabia pero lo tengo que reconocer: me siento menos libre que nunca. Muy libre en el escenario, en mis conciertos me siento como un gorrión [ríe], pero, por ejemplo, durante las entrevistas sé que puedo decir una frase que se puede malinterpretar. Eso me está dando mucho palo, pero supongo que es el precio que tengo que pagar y que, a medida que pase el tiempo, sabré hasta qué punto quiero llegar con las cosas. Es como a ver hasta dónde quieres llegar, qué quieres dar, porque quieres ser muy honesta, muy todo, pero también quieres estar bien, tranquila. Supongo que es encontrar el equilibrio.

Entonces, ¿siente el peso de la responsabilidad?

No estoy acostumbrada a que mis palabras trasciendan más allá de lo normal. Tengo opiniones sólidas en unas cosas y nada sólidas en otras. No tengo verdades absolutas. Y eso me hace más miedo que en otros momentos de mi vida, pero ya aprenderé a gestionarlo. Yo, obviamente, soy una mujer feminista y orgullosísima de serlo.

Se la tachó de tránsfoba por la alusión en su letra a la menstruación.

Yo abrazo a todas las mujeres, soy inclusiva. Nunca querré hacer nada para excluir a nadie del colectivo. Si hay alguien que cree que lo hago, lo siento, porque lo habré hecho sin querer. También estoy aprendiendo que haga lo que haga a alguien le molestará. Hago lo que siento que tengo que hacer. Vi a una persona que decía que mi canción excluía a las personas que no parían por la vagina [una versión no definitiva de la canción tenía este verso: 'Tú que sacaste de tu coño mi cabeza]... ¡Si yo he parido por cesárea!

De hecho, tu propia madre es la inspiración del tema.

Claro, para mí es como un 'zoom out' esta canción. Parte de mi madre para ir a la energía femenina en general. Pero parte de mi madre. Me lo tomo un poco con humor, porque cante o diga lo que sea, ahora mismo habrá una minoría, porque en general me siento muy querida, que no le gustará. Tengo que aprender a convivir con ello sin cambiar yo nada. Cambiar las cosas por la gente es un rollo.

¿Por qué se presentó al Benidorm Fest? ¿Pensó en que podría posicionarla políticamente? Uno va a Eurovisión representando una bandera.

Nos movió una ilusión infantil: conocer la experiencia eurovisiva como festival de música. Sabiendo que todo está politizado, pero desde una perspectiva muy naíf, pensando que la experiencia sería la ostia. Y dijimos: presentémonos, a ver qué pasa. Después, obviamente, no nos imaginábamos la repercusión mediática de este concurso previo a Eurovisión. Éramos conscientes de que entrábamos a las casas de la gente a través de TVE. Yo, sin discográfica ni nada, era como entrar en el 'mainstream'. Era como un pequeño riesgo, y dijimos: vamos a cruzarlo. Estábamos haciendo muchas cosas y esta la trabajamos como una más. Lo que pasa es que tuvo una repercusión muy fuerte.

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