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Mai Meneses Cantante

“Mi error fue no pedir ayuda y no dejar de fumar porros”

“Cuando mi médico me lo permita, volveré a dejar la medicación a ver qué pasa”

Mai Meneses. // FERRAN NADEU

La cantante de Nena Daconte, primera expulsada de Operación Triunfo 2, repasa en el libro Tenía tanto que darte la época en la que tocó fondo por las drogas, el alcohol y sufrió brotes psicóticos y depresión.

En Tenía tanto que darte (Plaza&Janés) se define como empanada, pánfila, despistada, melancólica, dramática. Dice que nunca ha creído que su lugar fuera el éxito... Es una autobiografía y parece escrita por su peor enemigo.

Al empezar a escribirlo estaba muy insegura. Quería plasmar esa evolución y luego el libro acaba algo más luminoso. Era una forma de enfrentarme al concepto que tenía de mí misma, y era bastante duro.

¿Por qué explicar ahora cómo tocó fondo? ¿Le ha servido de terapia? Hay quien podría pensar que es un ajuste de cuentas con su pasado y con Kim Fanlo, su expareja, con el que creó Nena Daconte, y que no sale muy bien parado.

Lo escribí a modo de terapia, para poner orden en mis ideas. Cuando ya acabé lo guardé en un cajón seis meses, hasta que leí el libro de Ángel Martín Por si las voces vuelven, sobre su experiencia con un brote psicótico, y sentí que no era la única persona a la que le había pasado eso.

La importancia de romper los tabús y visibilizar la salud mental.

Pensé que mi libro podría ayudar y ser un referente más en el tema de la salud mental. Para decir que cuando tienes un problema hay que pedir ayuda, y que es importante que se hable de ello para romper el tabú de ir al psiquiatra, a terapia...

¿El error que cometió en su peor época fue no pedir ayuda?

No pedir ayuda y no dejar de fumar porros, que ya me sentaban muy mal. Tenía que haberlo dejado.

Dice que con Kim conoció la marihuana (“Me pasaba el día fumando porros”, escribe) y que le dio todo el poder sobre su autoestima. Lo describe como frío, calculador y ausente. ¿Espera una respuesta de su expareja?

No lo sé, aunque no me preocupa. Yo he contado mi verdad, pero hay cosas que tenía que explicar porque siempre he estado callada. No lo he hecho para hacerle daño ni que se moleste. Hace trece años que no le veo. No sé cómo es ahora mismo.

Habla de cómo ha pasado por terapias y psiquiatras, que ha sufrido un trastorno bipolar, ansiedad, depresión, brotes psicóticos, paranoias... ¿Cómo está ahora?

Estoy bien, medicada para no tener psicosis, pero bien.

¿Se puede superar o uno no está realmente curado nunca?

A mí me han dicho que no, pero lo intentaré. Tengo esa esperanza. Cuando mi médico me lo permita, dejaré la medicación a ver qué pasa.

Confiesa que se enganchó a las paranoias, que la sacaban de la monotonía porque su vida era como en un videojuego.

Eso le pasa a mucha gente, me he dado cuenta después de escribir el libro. Es como si el mundo real a veces resultara un poco anodino y, en cambio, el otro es como vivir en un sueño constante y donde además tú eres el centro del universo.

Explica que trabajar en la música le sentaba fatal, que era su kryptonita. ¿Cómo lo vive ahora? Porque en marzo sacará disco.

Mi nivel de autoexigencia con la música era muy alto, competía tanto conmigo misma e intentaba ser tan perfecta que me hacía mucho daño. Ahora es todo lo contrario: ha bajado mi nivel de expectativas hacia lo que puedo alcanzar, conozco mis limitaciones y mis talentos. En aquella época me menospreciaba.

Hablando de autoestima... “Nunca he tenido demasiado carácter y en mi vida acaba opinando hasta el apuntador”, escribe.

Ahora ya no es así, pero si me descuido podría volver. Tengo ese defecto, me cuesta la confrontación, decir que no, poner los límites cuando tengo que ponerlos.

¿OT hizo que una persona con baja autoestima como usted viera cómo se agudizaba ese problema? Porque allí la comparaban con el resto de compañeros.

Creo que sí, que hizo un poco de mella. Al principio no lo vi, me reía un poco de la experiencia que vivíamos, decía que era la telonera de los chicos de OT. Pero desde la distancia, sí que dejó una herida importante, porque si no el éxito no me hubiera sentado tan mal. Pensaba que no tenía talento.

Su momento de mayor éxito, con Nena Daconte, lo vivió como un infierno. “Estar triunfando me sentaba fatal. La culpa me devoraba por dentro”, dice en el libro.

Tenía el síndrome de la impostora, pensaba que no me merecía todo lo que estaba consiguiendo.

Se enganchó a los porros y al alcohol. “La mejor época de mi vida está escondida en una neblina. No recuerdo casi nada”, asegura. ¿Se enganchó por la falta de autoestima o porque no sabía digerir el éxito?

Empecé por curiosidad. Cuando fumaba porros al principio, era como si se me encendieran luces en el cerebro, escuchaba la música en tres dimensiones. Todo se torció cuando empezó la presión, el estrés, el cansancio físico... Me empecé a rallar con las personas, a ser muy susceptible y me sentaba mal todo. En el libro, al capítulo de Nena Daconte casi no le dediqué páginas porque no recordaba casi nada.

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