Cine
La epopeya lorquiana de los Javis apabulla en Cannes
La película de Javier Ambrossi y Javier Calvo se estrena en Cannes con un melodrama épico que narra un siglo de homosexualidad en España a través de tres líneas temporales

Javier Calvo, Penélope Cruz, Milo Quifes y Carlos Gonzalez en Cannes. / VALERY HACHE / AFP
Nando Salvà
¿Cuál fue la génesis de ‘La bola negra’, título con el que se conocen las cuatro páginas que Federico García Lorca dejó escritas antes de ser asesinado a modo de inicio de la que iba a ser su primera obra protagonizada por un personaje abiertamente homosexual? ¿Y si el resto del manuscrito existiera realmente y hubiera permanecido oculto a lo largo de nueve décadas, esperando el momento de ser publicado? ¿Por qué fue relevante aquel texto, y por qué sigue siéndolo?
Son algunas de las preguntas que se hace el segundio largometraje de Javier Ambrossi y Javier Calvo -los Javis-, que también se titula ‘La bola negra’ y que hoy ha hecho su entrada en la competición del festival de Cannes avasallando, y generando entusiasmo a su paso. “Lorca no se nos ha contado bien”, sentencia Ambrossi para explicar su interés de en el genio granadino. “No se ha contado bien quién era la figura más importante de la literatura de nuestro país junto con Cervantes, ni de qué dolor surgió su obra”.

Javier Calvo y Javier Ambrossi en el rodaje de 'La bola negra' junto a Guitarricadelafuente, que debuta como actor. / Atresmedia Cine
La nueva película es un melodrama épico de dos horas y media que avanza alternando tres historias cada una de ellas situada en su propia línea temporal: la primera, ambientada en 1932 justo antes de la Sanjurjada, recrea aquellas cuatro páginas a través de un personaje rodeado de homofobia y machismo que el escritor sin duda concibió como un ‘alter ego’; la segunda, situada en plena Guerra Civil, es una historia de amor imposible entre un soldado del bando nacional y un prisionero del bando republicano; y la tercera se sitúa en el presente para contemplar a un joven que, al rastrear su genealogía, descubre su conexión tanto con el poeta como con los amantes condenados.

Lola Duenas, Miguel Bernardeau, Guitarricadelafuente, Javier Ambrossi, Javier Calvo, Penélope Cruz, Milo Quifes y Carlos Gonzalez en Cannes. / VALERY HACHE / AFP
A través de esos relatos, ‘La bola negra’ habla de un siglo de homosexualidad en España, de la identidad ‘queer’ como algo en constante proceso de construcción y reconstrucción, y de la memoria histórica como necesidad cara al futuro. La película, sostiene Calvo, se cuestiona “qué hemos hecho [los miembros del colectivo LGTBIQ+] con las libertades logradas gracias a las luchas de quienes murieron y fueron asesinados para permitir que nosotros estemos hoy aquí ¿Nos estamos responsabilizando realmente de lo que hemos conseguido? ¿Hacia dónde vamos?”.
En el proceso, ‘La bola negra’ avanza permanentemente atenta a su agenda temática y su dispositivo narrativa, y por momentos deja entrever las costuras tanto de lo uno como de lo otro. Sin embargo, al mismo tiempo es una obra incauta y temeraria. Se sabe grande pero insiste en serlo aún más, y no acepta un no por respuesta. No esconde sus pretensiones, sino que las exhibe, y se recrea en su búsqueda de la emotividad y la sensualidad.

Javier Ambrossi y Javier Calvo en la presentación de 'La Bola Negra' (The Black Ball) en Cannes. / SEBASTIEN NOGIER / EFE
Entretanto, Ambrossi y Calvo se empeñan en que la película funcione a tres niveles: como una sucesión de escenas memorables, como tres historias con entidad propia y distintiva y como un todo cohesionado y significativo compuesto de todo lo anterior. Durante la primera parte de su metraje, eso sí, ‘La bola negra’ parece contentarse con presentar una colección de vistosos momentos individuales -un pueblo masacrado por error por aviones italianos, una comida tensísima durante la que Lola Dueñas rehúsa comer fabada pero se come la pantalla, una secuencia en la que Penélope Cruz canta cuplé y amenaza con quedarse la película para ella sola-, y corre el peligro con convertirse en el equivalente cinematográfico a un mueble rutilante al que le faltan piezas y por tanto podría derrumbarse en cualquier momento.
Pero, llegado el momento, los Javis demuestran saber muy bien lo que están haciendo, y se sirven de la paciencia y un manejo experto del ritmo para ir respondiendo las preguntas del espectador, e ir conectando entre sí todos los elementos del relato para finalmente ofrecer la imagen completa de un fresco imponente, apabullante y arrebatador que, según Ambrossi, funciona a modo de mensaje a los intolerantes. “No nos van a callar”, asegura. “Algunos esperan que los homosexuales demos un paso atrás, pero el caso es que estamos en la competición oficial de Cannes con una película dirigida por dos cineastas homosexuales y con tres protagonistas abiertamente homosexuales, que es de las más grandes que se pueden hacer en España y que apela al gran público. ¿Un paso atrás? No lo creo, cariño”.
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Fuente: El Periódico
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