Fútbol - Primera División

El Barcelona profana al Atlético

El conjunto azulgrana, liderado por Lewandowski, deshace el embrujo del Wanda Metropolitano | El polaco anotó un gol y sirvió dos asistencias, una para Joao Félix

denis iglesias

Tiene el Barcelona un sentido de destierro por jugar en Montjüic. La montaña mágica está lejos para el aficionado moderno, cómodo, que necesita una cinta mecánica hasta el campo, como ocurre con el Metropolitano. Un estadio vanguardista que el Atlético ha conseguido dotar de alma, profanada por los azulgrana. Los de Xavi, que terminó expulsado, deshicieron el embrujo del feudo en el que no ganaba nadie desde que ellos triunfaron con un 0-1 el 8 de enero de 2023. El triunfo fue mucho más amplio, con Lewandowski en plan estelar (dos asistencias más un gol) y Joao Félix haciendo constitucional la ley del ex.

Era una prueba emocional y física para dos equipos que se sacudieron las dudas en Europa. Ninguno se puede permitir el lujo de dejarse llevar. Solo competir les podrá sacar de la indiferencia. Sin embargo, la gestión de los minutos será definitiva en la lucha por la Champions de la que el Atlético se queda fuera temporalmente con un triunfo que eleva al Barça a la segunda posición de LaLiga. Encima, exhibiendo potencia juvenil y buen juego.

Un Riquelme le hizo daño al Barça desde el principio y no fue Juan Román. Una muestra inconsistente de dinamita que acabaría perdiendo su efecto, como la mayoría de los jugadores del Atlético. Los rojiblancos tuvieron ante sí a una defensa azulgrana que va perdiendo años en cada partido. Héctor Fort (17 años) fue titular en el lateral izquierdo (y terminó sustituido por otro canterano, Casadó) de un equipo que tuvo la baja de última hora de Christensen, reemplazado por Sergi Roberto.

Joao Félix volvía al Metropolitano, un lugar que está lejos de ser su casa. Su titularidad era tan previsible como incendiaria. En el Atlético todo el mundo habla de él como un elemento ajeno, a pesar de que su contrato principal le siga vinculando al equipo de Madrid. Pero le ha causado más dolor que nadie, como demostraría con su gol. Es un futbolista tan brillante como inconsistente, para el que las noches grandes son venenosas.

Pablo Barrios dibujó uno de esos disparos que engañan a los que sufren de miopía. La misma que padecía el escuadrón de Xavi, a pesar de que Joao Félix se movía como un láser entre líneas. “Por dentro”, indicaba el portugués, como anticipo de un tanto majestuoso que él mismo firmó. Él sabía donde estaba el plano de la vía augusta que conducía al gol visitante. Despertó el Barça en el Metropolitano con una magnífica triangulación. La filtró Gündogan para la llegada de Lewandowski, quien puso el pase de la muerte para que Joao Félix remachase. La obra del perfecto villano. El resto del partido prácticamente no importaba para él. Se había cobrado la segunda parte de la venganza. Esta vez, celebración socarrona, bajo una falsa contención y con muecas que desvelaban su verdadera intención.

La historia azulgrana en los últimos tiempos es una hoja de sierra. Detrás del pico vino el fondo de un filo por el que se cortó Xavi, expulsado por doble amarilla tras protestar una decisión de Sánchez Martínez.

Pensó Simeone que en este combate de afectos, él también tenía derecho a apelar por la ley del ex. Entraron Griezmann y Memphis por Morata y Samu Lino. Dos que han vestido la camiseta azulgrana y que venían de ser fundamentales en Champions. No tuvieron tiempo para aclimatarse, porque un grosero error de Rodrigo de Paul en la entrega lo aprovechó Raphinha para filtrar un buen balón que no desperdició Lewandowski.

El punto de acierto le correspondía al Barça, merecedor de la victoria frente a un Atlético sin timonel. La necesidad de un pivote que guíe los designios es fundamental. Como hace con tanto estilo Gündogan. Pero era el día de Lewandowski, al que este equipo necesita como un complejo vitamínico. Un futbolista diferencial que se sacó un pase magistral desde el costado para que Fermín, llegando desde atrás, conectase un poderoso cabezazo para el 0-3. Dos asistencias y un gol para el polaco, comandante de un Barcelona que capturó la magia del Metropolitano para hacerla propia.