24 de octubre de 2011
24.10.2011

Adorado en las dos orillas

El galés Billy Meredith, una de las grandes estrellas del fútbol inglés, fue el primer futbolista que vistió las camisetas de los dos equipos de Manchester, el City y el United

24.10.2011 | 02:50
Adorado en las dos orillas

Billy Meredith era largo y delgado como un espárrago. Criado en el norte de Gales la afición del fútbol le llegó sobre todo gracias a uno de sus hermanos mayores que trabajaba como maquinista de tren. Los domingos solía conducir los convoyes que llevaban y traían a los centenares de aficionados galeses que atraídos por la fiebre que el fútbol generaba en el Reino Unido a comienzos del siglo XX acudían a los estadios de Manchester, Liverpool o Sheffield a pasar la tarde. Billy y su hermano, en vez de quedarse en la estación esperando la hora de devolver a los hinchas a sus casas, aprovechaban aquellos viajes para acercarse al campo a disfrutar del espectáculo. Allí, contagiado por el ambiente, entendió de inmediato que quería ser futbolista. A esa tarea dedicó la adolescencia, época en la que también dejó en él una importante huella la lucha sindical que se vivía en las minas de Gales. La pelea por un salario digno -algo que vivía de primera mano en la figura de su padre-, tendría con los años una incidencia enorme para los futbolistas de todo el mundo.

Enrolado en las filas de equipos de su comarca -el Chirk y el Northwich, con los que llegó a ganar un par de Copas de Gales- no tardó en llamar la atención a los conjuntos británicos. El primero de ellos fue el Bolton, que le descartó porque le consideraba poco "robusto" para un deporte como el fútbol. Meredith destacaba como interior derecho. Pese a ser un tipo alto se desenvolvía con una enorme rapidez, lo que le concedía una gran ventaja sobre la mayoría de sus marcadores. Los enviados del Manchester City no tardaron en dejarse caer por Gales con la idea de incorporarle al equipo. Les costó lo suyo. El pueblo desconfiaba de aquellos personajes que llegaban en busca de sus mejores talentos e incluso la madre del futbolista llegó a acusarles de querer "robar a nuestros mejores jóvenes, que aquí crecen sanos y felices". La mujer solo accedió con la condición de que Billy Meredith continuase trabajando en la mina y que el fútbol solo fuese una "diversión". Firmó como aficionado y durante un tiempo compatibilizó el fútbol con el trabajo.

Pero su carrera era imparable. Debutó a finales de 1894 con el City y a los pocos meses ya le habían hecho ficha profesional después de que dos goles suyos le diesen la victoria contra el Newton Heath, el equipo que poco después cambiaría su nombre para llamarse Manchester United. En su primera temporada completa se convirtió en máximo goleador de la Liga pese a jugar en el extremo. Repitió ese logro un año después y ya nadie discutía que aquel galés se había convertido en una de las primeras grandes estrellas del fútbol británico. Jugaba siempre con un palillo en la boca que apretaba con los dientes (algo demencial) y que según él le permitía mantener la concentración en su juego. Así disputó doce temporadas consecutivas en el Manchester City (hasta 1906) y suyo fue el gol que le dio a los citizens el primer título de su historia, la FA Cup de 1904. Estaba en la gloria. Sin embargo todo se complicó en la temporada siguiente. Las autoridades le acusaron de haber sobornado a Alex Leake, defensa del Aston Villa, para que se dejase perder a cambio de diez libras esterlinas. Se abrió una polémica investigación en la que Meredith insistió en su inocencia y Leake perjuraba que todo se debía a una broma entre ambos durante un partido. Pero el testimonio de varios futbolistas del Villa fue decisivo y el jugador del City recibió una sanción de año y medio sin jugar. El galés acató la decisión a regañadientes y mostró cierto descontento con el club al entender que no le habían defendido con la energía que merecía una estrella como él. Entonces, el Manchester United, que estaba dispuesto a tirar la casa por la ventana para formar un gran equipo, se movió con enorme rapidez -ya entonces se distinguían por su capacidad para aprovechar buenas oportunidades- y se hizo con sus servicios. Les dio igual su edad (33 años en aquel momento) y tenerle un año sin jugar a la espera de que cumpliese el castigo. Meredith se cuidaba bien, mantenía su peso y la velocidad con lo que los directivos de su nuevo club confiaban en que les diese aún muchas tardes de gloria.

En enero de 1907 volvió a disputar un partido oficial y un mes después revolucionó el fútbol al liderar el nacimiento del sindicato de jugadores. El descanso forzoso le había dado tiempo para ocupar su mente en otras cuestiones y ahí es donde Meredith explotó todo lo vivido en las minas de Gales. Junto a varios compañeros del United trató de tumbar la norma que impedía a los futbolistas ganar más de ocho libras semanales. La FA les amenazó seriamente e incluso estuvieron apartados durante un tiempo, lo que ellos aprovecharon en tono de broma para autodenominarse el Proscritos FC. Dos años después se tumbó la norma del salario máximo, algo que todas las generaciones posteriores deben en gran medida a la tenacidad de Billy Meredith.

El extremo galés fue decisivo para que el United ganase los primeros títulos de su historia. Sucedió en la Liga de 1908 y 1911 y la Copa de 1909. Su velocidad seguía siendo un problema para los contrarios y los hinchas lo adoraban. Si ya era una celebridad para la gente del City no tardó en serlo para los aficionados del otro lado de la ciudad. El problema fue que en 1914 llegó la Primera Guerra Mundial y el fútbol vivió una interrupción de cinco años. Meredith aún siguió dos temporadas más en el United (hasta los 47 años) y luego regresó al City donde jugó hasta que le faltaban pocos días para cumplir los cincuenta años.

Pese a defender durante mucho tiempo los derechos de los futbolistas y jugar como profesional durante casi treinta años Meredith murió dos meses después de la Tragedia de Munich en 1958. Lo hizo pobre y su lápida no tenía ni inscripción. Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que se le rindiese el homenaje que merecía. El United y el City se unieron para que todo el mundo sepa el lugar donde descansa el primer futbolista que se ganó el amor de una ciudad tradicionalmente dividida por el fútbol. En el salón de la fama de ambos clubes figura el nombre del Mago de Gales.

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